24.09.2012
La represión policial contra los trabajadores de la mina de platino
de Longmin, en Marikana, que dejó más de 40 muertos, replanteó el tema
de las relaciones laborales en un país en el que tras la caída del
apartheid las grandes mayorías siguen viviendo en la miseria.
Brian Ashley, jefe de redacción de la revista de
izquierda Amandla!, explica en esta entrevista* la evolución registrada
en Sudáfrica en los últimos veinte años, donde, dice, "ha habido un
cambio de color en la composición de los sectores dominantes: ahora hay
negros entre ellos".
-El Congreso Nacional Africano (CNA) ha
sido el partido político dominante desde la caída del apartheid. ¿Su
evolución ha sido paralela a la de los partidos socialdemócratas
europeos que se han transformado en "social-neoliberales"? ¿O es más
complicado? ¿Cuáles son las fuerzas contendientes en su seno y cuál es
la naturaleza de la "alianza tripartita" con la federación sindical
Cosatu y el Partido Comunista de Sudáfrica (SACP)?
-El CNA es un movimiento nacionalista amplio,
en el que existen y han existido diferentes corrientes políticas e
ideológicas. El SACP y la alianza con los movimientos sindicales le han
permitido una fuerte influencia en la clase trabajadora, que llegó a
ser mayor durante los levantamientos populares de los años ochenta.
Sin embargo, después de ganar las libertades
políticas en 1994, y como resultado de la indigenización de la función
pública y la política de "empoderamiento económico negro", las fuerzas
nacionalistas han sido dominantes a la hora de determinar la orientación
del CNA.
Muchos líderes del CNA son ahora los
principales inversores en agricultura, finanzas, minería,
telecomunicaciones, armamento, pesca, y toda una serie de otras
industrias. Utilizan su posición política en el Congreso Nacional
Africano y en el Estado para hacer de manera corrupta lucrativos
negocios, gracias a los que se convierten, de la noche a la mañana, en
millonarios.
La razón clave del porqué de la transición
neoliberal en Sudáfrica hay que buscarla en el poder del capital
sudafricano y en la renuencia inicial del CNA a enfrentarse con el
capital y redistribuir su riqueza a través de un nuevo sistema fiscal,
programas de inversión regulados y dirigidos e incluso llevar a cabo
nacionalizaciones que ayudaran a superar el legado del apartheid y el
subdesarrollo.
Por el contrario, lo que ha ocurrido ha sido
una gradual cooptación por parte de las grandes empresas, a través del
programa de empoderamiento económico negro, de los sectores políticos
que representaban los intereses de la protoburguesía negra,
convirtiéndolos en socios menores de las grandes empresas mediante la
desagregación y la reestructuración neoliberal de la economía.
-El presidente Jacob Zuma supuestamente
representa la "izquierda" del CNA, al menos retóricamente. ¿Su gobierno
ha intentado hacer algo en relación con las condiciones económicas y
sociales de la mayoría negra?
-Fue una gran tragedia para la izquierda cuando
el Cosatu, el SACP y otras fuerzas de izquierda en el cna, desesperadas
por encontrar una alternativa a las políticas neoliberales aplicadas
por Thabo Mbeki -que negaba, por ejemplo, la existencia del sida-, se
agruparon en torno a Jacob Zuma y lo ayudaron a ser elegido presidente
del cna y posteriormente del país. Zuma es un político consumado, que ha
consolidado su base y apoyos presentándose al mismo tiempo como un
hombre de la izquierda mientras se hacía con el manto del nacionalismo
zulú que hasta entonces había ostentado el Partido de la Libertad
Inkatha.
De hombre de izquierda, nada. A nivel personal
es un homófobo, misógino y polígamo. Su gobierno continúa con las
políticas económicas neoliberales, monetaristas, deflacionistas y
favorables a la flexibilidad laboral. La indicación más reciente de la
ruptura entre el gobierno de Zuma y el Cosatu fue la masiva huelga
general del 12 de marzo, contra el peaje de las autopistas de
Johannesburgo y el fracaso del gobierno para prohibir a los contratistas
piratas de mano de obra.
Las ciudades y los suburbios son dos mundos
aparte, y una brecha aun mayor separa la vida de los antiguos
bantustanes de las áreas metropolitanas. La pandemia del sida sigue
siendo devastadora en su propagación e impacto, incluso si ya nadie se
atreve a dudar de su existencia, como en la época de Mbeki. Tampoco
podemos ignorar las crisis de los sistemas de educación, salud, agua y
vivienda. El desempleo masivo y unos salarios de miseria se encuentran
en el centro de la crisis social sudafricana. Más del 25 por ciento de
la fuerza de trabajo se encuentra en paro. La tasa de desempleo real es
un enorme 40 por ciento de la población activa. Según la Comisión
Nacional de Planificación, que preside el ministro Trevor Manuel, más de
un tercio de los trabajadores ganan menos de 120 dólares al mes,
mientras que la mitad gana menos de 300.
Detrás de esta crisis social está el declive de
la economía sudafricana. El país se unió recientemente a los BRICS, las
principales economías emergentes: Brasil, Rusia, India, China, y ahora
Sudáfrica. La ironía es que mientras la economía sudafricana domina la
región y el continente africano de manera más amplia, hay que
considerarla una economía en declive y no en auge. Y es así básicamente
como consecuencia del agotamiento del modelo de crecimiento minero y
energético del apartheid, después del fin de éste, y el fracaso del cna a
la hora de impulsar la diversificación productiva hacia nuevos sectores
de crecimiento. La apertura de la economía no logró atraer la inversión
extranjera que se esperaba para estimular un crecimiento sostenible de
sectores productivos creadores de empleo.
En el corazón del declive de Sudáfrica hay tres
factores interrelacionados, a saber: la reducción de los recursos
básicos, la debilidad del mercado interno en su demanda de bienes de
consumo, y un marco político que ha favorecido una economía abierta y
orientada al exterior, que ha facilitado la financiarización y la fuga
de capitales.
Si bien la literatura pos apartheid se ha
centrado tanto en las debilidades estructurales de la economía
sudafricana como en el marco político neoliberal como barreras para el
desarrollo sostenido, se ha prestado menos atención al agotamiento
paulatino de los recursos básicos en Sudáfrica.
Aquí existe un patrón común de agotamiento de
los recursos en una amplia gama de sectores clave, como la energía, los
minerales, el agua y la fertilidad del suelo.
Incluso la diversidad biológica y la
infraestructura ambiental están sufriendo una tensión extrema a causa de
los procesos industriales y el cambio climático. El agotamiento de
estos recursos clave tendrá un efecto negativo en las exportaciones y
aumentará los costos de los insumos de los bienes de producción local,
debilitando aun más la economía. A menos que el crecimiento económico se
desvincule del aumento en la utilización de los recursos y disminuyan
los impactos ambientales negativos, el desarrollo económico se verá
afectado, con consecuencias negativas para la sociedad y el ambiente.
En el contexto de la crisis global, la
vulnerabilidad de Sudáfrica a los choques externos de la economía
mundial ha sido sucesivamente demostrada a través de problemas graves en
el mercado de divisas, fuga de capitales, disminución de las
exportaciones y pérdidas masivas de empleo. Durante la gran recesión de
2008-2009 se perdieron más de un millón de empleos.
Todo esto ha contribuido a que Sudáfrica sea
uno de los países más desiguales -si no el más- del mundo. El
coeficiente Gini de Sudáfrica es 0,73, representando 1 la desigualdad
absoluta de ingresos. (En comparación, en Estados Unidos, la más
desigual de las principales economías industriales, el coeficiente Gini
oscila entre 0,46 y 0,47, y en España es de 0,46.)
La casi duplicación de la tasa de desempleo
desde el fin del apartheid es una de las principales razones del aumento
de la desigualdad. El 70 por ciento de los desempleados son menores de
35 años, y más del 60 son mujeres.
Las mujeres en las zonas rurales -especialmente
en los antiguos bantustanes- son las más afectadas por el desempleo y
la pobreza, especialmente debido a la incapacidad del gobierno para
redistribuir la tierra. Menos del 7 por ciento de las tierras que se
tenía como objetivo distribuir para 2014 ha sido adjudicado a gente
negra. Y gran parte de esta tierra no se cultiva de manera productiva
debido a la incapacidad del gobierno para apoyar a las comunidades con
los insumos y servicios de extensión agrícola imprescindibles.
La desigualdad también se manifiesta en el acceso a
los servicios de agua, electricidad, saneamiento, vivienda, educación y
salud. Ello ha provocado una ola continua de conflictos reclamando
estos servicios, lo que hace que Sudáfrica tenga uno de los índices más
altos de protestas per cápita en el mundo.
-Ciudad del Cabo es la única gran ciudad
gobernada por la Alianza Democrática (el partido de la oposición
liberal) y la única zona del país donde no hay una mayoría "negra",
según la clasificación racial del apartheid, sino que está compuesta por
"mestizos", "indios" y "blancos". ¿Cuál es la composición social de la
Alianza Democrática (AD)? ¿Los votantes negros de la ad pertenecen
principalmente a las clases profesionales y acomodadas? ¿Es una amenaza
seria al CNA a largo plazo?
-La mayoría de la gente en Ciudad del Cabo y la
Provincia Occidental del Cabo la componen los que se denominaron
"mestizos" en el régimen del apartheid. Hay que tener en cuenta que bajo
aquel régimen Ciudad del Cabo fue una "región preferente de mano de
obra mestiza". Lo que significó que la inmigración de los llamados
"africanos" de los bantustanes fuera muy restringida. Ello explica sus
características demográficas particulares.
Además, desde un punto de vista histórico hay
que entender que Ciudad del Cabo es la ciudad más antigua de Sudáfrica y
fue el destino de varias oleadas de colonialismo (holandés, inglés),
así como de los primeros esclavos africanos y malayos.
Ciudad del Cabo tiene una rica historia de
resistencia, sindicalismo y luchas radicales. Los llamados "coloured"
(mestizos) jugaron un papel muy destacado en el movimiento anti
apartheid y anticapitalista en el Cabo Occidental. Sin embargo, este
sector no fue integrado plenamente en la afirmación pos apartheid del
nacionalismo africano. El nacionalismo africano fue definido en términos
demasiado estrechos como para que la gente clasificada como "coloured"
pudiera sentirse plenamente parte de la nación en construcción.
Dado que este sector de la población disfrutaba
de una situación social un poco mejor en términos de salarios, normas
de vida y de vivienda, la acción afirmativa y la indigenización del
Estado después de la caída del apartheid hicieron temer a la población
mestiza que pudiera perder parte de ello a favor de los "africanos".
Esto aceleró el proceso de polarización, debilitó la concepción de una
identidad común negra (que fue uno de los objetivos de la lucha de
liberación) y reforzó la sensación de pertenecer a una identidad
separada.
Poco se ha hecho para superar el legado del
apartheid territorial, el desarrollo separado y otras barreras (idioma,
educación, deportes) a la integración en una ciudadanía común. La gente
de la comunidad "mestiza" sigue viviendo en los mismos municipios y sus
hijos asisten a las mismas escuelas que lo hicieron bajo el apartheid.
Esta situación alimenta la inseguridad y los
miedos en las comunidades de clase obrera, ya que sufrieron las peores
consecuencias de las políticas neoliberales: los recortes masivos de
empleo en el sector público, en los servicios municipales, la educación,
la salud y el sector de servicios en general. El desempleo masivo y las
privaciones en muchos municipios mestizos han dado lugar a una profunda
alienación de la sociedad, en particular entre los jóvenes.
Todo ello ha provocado altos niveles de
gangsterismo, delincuencia y drogadicción que se asemejan a algunas
zonas de los guetos afroamericanos. Esta situación de inseguridad y paro
masivo es lo que ha enajenado del CNA el voto de las comunidades
mestizas. Sin embargo, la ad sólo ganó peso en este sector del
electorado gracias a una serie de fusiones con partidos más pequeños,
como los Demócratas Independientes y el ex Partido Nacional (el viejo
partido pro apartheid).
La base social principal de la Alianza
Democrática sigue siendo la población blanca de clase media. Sin
embargo, a medida que la gente se desespera por el aumento del desempleo
y la incapacidad del gobierno para proveer servicios básicos, además de
la creciente corrupción, la ad, como principal partido de oposición,
comienza a tener un cierto eco y apoyo en los suburbios y barrios
negros.
Es probable que en las próximas elecciones una
alianza de pequeños partidos, entre ellos la escisión disidente del CNA
en el momento de la caída de Mbeki, y el Congreso del Pueblo formen una
coalición con la Alianza Democrática y se fusionen posteriormente. De
esta manera la ad podría ampliar su apoyo en algunos municipios y
suburbios africanos. Con todo, las clases medias negras apoyan
principalmente al CNA y son movilizadas mediante un nacionalismo
chovinista africano.