Análisis comparativo del comportamiento nazi durante su auge y
asentamiento profundizando la pretensión de pureza mediante la
discriminación y la represión y el del sionismo siguiendo pasos
absolutamente equivalentes…
A esta altura ya empieza a resultar evidente hasta para los menos
atentos a la cuestión: el Estado de Israel ejerce una política genocida
contra los oriundos de Palestina, los que llamamos hoy “palestinos”.
Que sea gradual, medida “científicamente”, controlada y que no
disponga de hornos crematorios, no significa que Israel esté exonerado
de las atroces violaciones que ha ejercido y ejerce sobre la población
palestina.
Ya era evidente en 2006, cuando arrasa con la Franja de Gaza y con El
Líbano, luego de haber evacuado de la primera a colonos judíos (lo
expresa claramente Lasse Wilhelmsson; “El sionismo es el nazismo judío”;
hay traducción directa del sueco al castellano).
Había ya resultado clarísimo en 2002 con la masacre de Jenin,
disparada por los afanes de autonomía y autogobierno de los palestinos. Y
mucho antes, cuando el gobierno israelí induce la matanza –a manos de
cristianos fundamentalistas− de los habitantes de los campamentos de
Sabra y Shatila en el sur libanés en 1982, casi totalmente habitados por
mujeres, ancianos y niños (y más aun cuando trabajosamente se presenta
una denuncia contra jerarcas israelíes como Ariel Sharon, anulada
“providencialmente” porque el testigo clave vuela por los aires, dentro
de su auto, antes de la presentación judicial).
Ya había sido evidente para los propios palestinos en 1948 cuando lo
testimoniaron los propios palestinos, pero en Occidente se escuchaba
entonces a intelectuales franceses, a periodistas ingleses o
estadounidenses y no a historiadores “árabes”.
Y en realidad, podría haberse previsto cuando en 1924 la Haganá, el
actual ejército israelí, rebautizado en 1948 como Ejército “de Defensa”,
liquidó, al mejor estilo estalinista y casi que avant la lettre, a
Jacob Israel de Haan, un judío no sionista que se permitió dialogar con
los árabes palestinos, y defender tal política, lo cual a los sionistas
les resultó imperdonable…
Aquellos polvos nos han traído estos lodos. Tòxicos, y peligrosos, no ya para los palestinos solamente, sino para los humanos.
En el libro sobre el exterminio llevado adelante por los nazis tanto
de europeos en general como de judíos en particular titulado …om detta
må ni berätta […Sobre esto tienen que hablar], con el subtítulo “Sobre
el exterminio en Eu-ropa de 1933 a 1945”, ilustrada la tapa con una foto
de entonces con madres y niños con la estrella de David, edición del
año 1998
[1] podemos ver en p. 6 a un jovencito de la juventud hitleriana enseñando a una pequeñuela rubia de trenzas. El epígrafe reza:
“Lo hace en una colonia alemana en Polonia. Este tipo de colonias se
fundaban para acrecentar «el espacio vital alemán» hacia el este. La
población oriunda era deportada, despojada de sus terrenos y quintas que
se le entregaban entonces a familias alemanas.”
Si sustituimos “alemana”, “alemán” por israelí es exactamente lo que
están haciendo los colonos en los destrozados y archipielaguizados
territorios palestinos.
En el capítulo “El antisemitismo y la biología racial” nos dice:
“El objetivo era una sociedad racialmente pura y homogénea, en la
cual las diferencias «naturales» entre los seres humanos iban a ser
honradas. Una expresión de esto fueron las llamadas leyes de Nurenberg,
de 1935. Tales se dirigieron inicialmente contra los judíos pero muy
pronto abarcaron a los gitanos. Únicamente «ciudadanos de sangre alemana
o emparentada con ella» gozaban de derechos ciudadanos plenos. Los
abogados que elaboraron tales proyectos de ley comentaron: «Contra la
enseñanza establecida acerca de la igualdad de los seres humanos […] el
socialismo nacional establece la conciencia dura pero necesaria de la
desigualdad básica entre los seres humanos». (p. 7)
Otra vez, si sustituimos las leyes de Nurenberg por las israelíes,
vemos que en Israel sólo “los ciudadanos de sangre judía o emparentada
con ella” gozan de derechos plenos. Todo el aparato israelí está montado
para evitar la igualdad entre seres humanos. Incluso con perversiones
semánticas como “explicar” que el militarizado estado sionista no
convoque al servicio militar a palestinos aduciendo que se los “libera”
de tal carga, cuando en realidad se trata de no permitirle tal
capacitación.
[2]
En pág. 16 tenemos el siguiente pasaje, claramente condenatorio de la política discriminatoria nazi:
“Las leyes de Nurenberg también establecieron la prohibición de que
judíos pudieran casarse con personas de ‘sangre alemana’. En la década
de los ’30 se dictaron más de 400 leyes que recortaron los derechos de
los judíos.”
¡Epa! ¡Otra vez un calco! Palestinos no pueden casarse con judíos ni
siquiera a la usanza clásica de hombres con mujeres. En el estado actual
de hostigamiento ni siquiera pueden casarse palestinos de la Franja de
Gaza con palestinos cisjordanos. Del campamento de refugiados de
Shuafat, en las afueras de Jerusalén, que ha sido totalmente cercado por
el muro de cemento de 8 metros de altura, se puede salir o entrar
únicamente por los portalones que los militares israelíes tienen a bien
abrir o más bien a mal, cerrar… inimaginable gestar una pareja con
alguien del “universo exterior”… Shuafat había sido creado en 1965, en
territorio no israelí, para darle espacio a refugiados desperdigados de
1948, pero en 1967 fue anexado por Israel y desde 2004 se procedió a su
cuarentena. Llama la atención las cifras poblacionales: para el gobierno
de Israel son unos 8 000. Para AMIM (una oenegé judía), unos 20 000;
pero los propios habitantes, estiman que andan por los 60 000…
En …om deta mår ni... se nos informa que “En 1938 se publica en la
Alemania nazi un libro para niños, El hongo venenoso, en donde se
enseña a los niños que
“es difícil distinguir hongos venenosos de comestibles, y
análogamente es difícil darse cuenta que los judíos son pícaros y
delincuentes.” (p.8)
Om detta… nos muestra una ilustración de época, cuando la expulsión
de maestros y alumnos judíos de las escuelas [15 de noviembre de 1938].
En ella, el maestro alemán es grácil y rubio; el judío es viejo, gordo y
enfurruñado; los niños alemanes son casi todos rubios, rollizos aunque
hay alguno de pelo o tez oscura, y todos sonrientes; los niños judíos,
expulsados, son todos de pelo negro y nariz prominente, llorosos,
resentidos.
Y bien: el investigador israelí Adir Cohen escribió Una cara fea en
el espejo y Maureen Mohan en una nota, “Educación israelí por el odio”,
lo cita:
“El libro de Cohen es un estudio sobre la naturaleza de la educación
de los niños en Israel que se centra en cómo la clase dirigente
histórica ve y describe a los árabes palestinos, y en cómo perciben a
los palestinos los niños judíos israelíes. Una sección del libro se basa
en los resultados de un estudio realizado entre un grupo de estudiantes
de 4º a 6º grado en una escuela de Haifa. Se les hizo a los alumnos
cinco preguntas acerca de su actitud respecto a los árabes, cómo los
reconocían y cómo se relacionaban con ellos. Los resultados son tan
sorprendentes como alarmantes: el 70% de los niños describieron al
«árabe» como un asesino, alguien que secuestra niños, un criminal y un
terrorista. El 80% dijo que veía a los árabes como sucios y con cara
aterradora. El 90% de los alumnos afirmó que los palestinos no tenían
derecho alguno sobre la tierra en Israel o Palestina.”
El paralelismo con El hongo venenoso es pertinaz, casi puntualmente idéntico.
…om detta må ni… nos recuerda que el mismo día de la declaración de
lo que será conocida como la Segunda Guerra Mundial, 1º. de setiembre de
1939, a los judíos se les prohíbe andar por las calles pasadas las 21
hs.
Y que el 20 de setiembre de ese año, se les prohíbe que tengan radiorreceptores.
Comparemos estas medidas de setiembre de 1939 de nazis hacia judíos
con las limitaciones y cercenamientos del estado sionista a los
palestinos oriundos y veremos que la política israelí es màs odiosa aún y
restrictiva: a los palestinos aislados, impedidos de usar los
transportes públicos rápidos, no se les permite visitas médicas sino en
cuentagotas (hay constancias de decenas muertes en los puestos de
control [checkpoints], en general debido a la mala voluntad de las
tropas de ocupación; los palestinos tienen enormes dificultades de
desplazamiento; un recorrido que en las carreteras exclusivas para
israelíes lleva 20 minutos, a un palestino que debe trasegar vehículos,
mezclar esperas y caminatas hasta que se le convierte dicho viaje en
varias horas, siempre cargadas de tensión, por la presentación de
permisos, salvoconductos y otras disposiciones del poder ocupante, que
pueden ser rechazadas sin apelación.
En resumen: que los palestinos están mucho peor que los judíos bajo
la bota nazi hasta bien avanzado 1939. Y que lo están desde hace mucho.
Pero avancemos un paso más. Desde 2006 se suceden invasiones a la
Franja de Gaza, preventivamente vaciada de judíos unos meses antes. Las
invasiones han ido indiscutiblemente in crescendo. Se puede medir hasta
por la cantidad muertos (500 en 2006, màs de 2 000 en 2014), pero sobre
todo por la calidad del terror desplegado.
Pensemos que los seres humanos soportan cada vez con más sufrimiento
“los mismos” abusos de un régimen policial y asesino. Quien haya vivido
bajo dictadura y haya sido sometido a persecución, reclusión o tortura,
lo sabe bien. Quienes habitan la Franja de Gaza llevan ya varios
arrasamientos, cada uno peor que el anterior.
Desde 2006, cuando “votan mal” según el gusto de Israel, el
hostigamiento se ha intensificado. El gobierno israelí suele invocar al
“gobierno palestino”, emplazado en Cisjordania como el auténtico y al de
Gaza, a manos de Hamas como una usurpación por “golpe de estado”.
Si no fuera porque es una mentira universalizada tendría que darnos
risa o vergüenza… Abbas perdió las elecciones en enero de 2006; es el
único presidente del planeta con semejante cargo ocho años después de
haber perdido las elecciones. Como a Dempsey, arrojado a la lona por el
Toro Firpo, a Abbas lo repuso, luego de la paliza electoral, como
monigote precisamente, el gobierno israelí. Como los israelíes entonces
encarcelaron a buena parte de la dirigencia de Hamas elegida, y
procuraban con ello desconocer el resultado electoral (de una limpieza
ejemplar testimoniada entre otros por Jimmy Carter), los de Hamas,
abrumadora mayoría en la Franja, no toleraron la instauración de un
gobierno títere allì, aunque no pudieron revertir el proceso en
Cisjordania, mucho más cerca de la policía palestina armada por Israel y
del mismísimo cuerpo represivo israelí…
El control de la FdG ha sido llevado a la repugnante política de la
cocción a fuego lento, controlando hasta el ingreso de calorías por
habitante, para evitar que la hambruna generalizada despierte alguna
sensibilidad; la humanidad suele rechazar lo agudo, pero es
singularmente embotada ante lo crónico.
Lo vemos claramente con la contaminación ambiental: la gente
reacciona ante una epidemia pero acepta pasivamente las intoxicaciones
crónicas, muchas veces más devastadoras. Y eso no es siquiera humano.
Parece más básico aun. Asociado a nuestra corporalidad. Si a una rana se
la arroja en agua hirviendo, depende de la caída, pero puede pegar un
salto salvador; si a una rana se la sitúa en agua fría y se la calienta
lentamente, llega un momento en que la rana muere… cocinada.
Ésa es la política que una judía israelí lúcida, Shulamit Aloni,
califica como la del ‘gato asesino que estrangula a sus víctimas pero no
derrama sangre’. De más está decir que los dueños del poder en Israel
emplean ambos métodos. Basta verlos. El que quiera verlos, claro.
Las invasiones precedentes, cada una más grave que la anterior,
dejaban el tendal de muertos y de casas y servicios destruidos. La
aviación y la artillería tenían enorme predilección por arruinar usinas,
destruir fuentes energéticas, instalaciones portuarias y
aeroportuarias, como pasó en 2008-2009, y estrenar sofisticada armería
usando a los palestinos como cobayos: aplicando balas de tungsteno,
material radiactivo que se pulveriza dentro de la víctima alcanzada,
creando innumerables focos de metástasis.
Pero el arrasamiento actual ha barrido con hospitales, bajo la
deleznable excusa de que allí se refugian terroristas –que les permite
matar decenas de ancianos, niños o enfermos− y con barrios enteros:
ahora tenemos de Gaza las imágenes que hemos recibido tantas veces del
gueto de Varsovia. Allí, en los ’40, los asesinos eran los nazis… ahora,
¿qué son?
Remitimos al lector inquieto a notas escritas anteriormente:
“Peculiaridades del sionismo”, 19/7/2014; “Conversión o racismo
depurador: una disyuntiva no tan nítida”, 5/10/2009; y en general a una
compilación de notas de mi autoría titulada El racismo de la
‘democracia’ israelí, Editorial Canaán, Buenos Aires, 2012. En
librerías.
www.noblogs.org/”revista futuros”
[1]
Editado por la Cancillería sueca: un libro de amplísima difusión en su
momento, a comienzos del s. XXI, con distribución gratuita en todos los
centros de enseñanza del país. Se trata de un ejemplar costoso, a cuatro
tintas, de 28 cm x 19 cm.
[2]
Hay una excepción que no hace sino confirmar la regla: los drusos, una
secta musulmana, muy enfrentada al Islam, y pro-occidental, sí son
llamados a formar parte del ejército israelí.