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viernes, 12 de septiembre de 2014

LAS NUEVAS SANCIONES CONTRA RUSIA, FRUTO DE LA PARANOINA Y EL MESIANISMO

viernes, 12 de septiembre de 2014

 
EE.UU. piensa que está en la década de los 80 del siglo pasado y frente a una URSS agotada economica, social y políticamente, problemas que estuvieron ligados, fundamentalmente, a la necesidad de defenderse de una agresion yanqui.

Hoy estamos en 2014, existen los BRICS, la China de hoy no es la China de entonces, Rusia comercia con miles de millones de personas, muchas más que las que representan EE.UU. y la UE, diversifica su comercio, se ha creado un banco paralelo al Banco Mundial e intercambia con Chia en rublos y yuanes, además hoy existe un factor fundamental: la crisis capitalista neoliberal llegó para instalarse definitivamente y es a la UE y a EE.UU. a quien más afecta, de hecho los tiene tiene heridos de muerte. Es un suicidio no considerar eso.

Mientras tanto los pueblos de los países imperialistass pagan el pato de una politica timorata. Una Europa estancada de nuevo, al borde  de la recesión que concede una ayuda de 1500 millones de euros para todos los Estados miembros, afectados por el contraveto ruso a las exportaciones agricolas cuando solo España tiene pérdidas susperiores a los 300 millones euros y sus agricultores se quejan de que aún "no han recibido un céntimo". Probablemente ahora llegará el contraveto ruso al sector textil: que Dios los coja confesados. Implementar sanciones que se vuelven contra sí mismo no es la mejor manera de salir del marasmo económico, pero bueno los politicastros de la UE quedan muy bien y el pueblo se encamina al hambre literal.

¿Qué será de todos ellos con esta nueva ronda de sanciones impuestas por el paranoico mesiánico que mora en la Casa Blanca, un país donde más de 50 millones de personas padecen hambre y pobreza? ¿Con quién comerciarán? Estas sanciones, como las anteriores no tienen ni pies ni cabeza si exceptuamos la necesidad imperiosa de conquistar Rusia que es el objetivo final de todo pero, amigo, esas son palabras mayores. A ver quién tiene cojones.

jueves, 4 de abril de 2013

LA ECONOMIA CAPITALISTA: SU AUGE Y SU OCASO




Monopoly-4
GAV RO CHE
La propiedad privada, por oposición a la propiedad social, colectiva, sólo existe allí donde los instrumentos de trabajo y las condiciones externas de éste pertenecen en propiedad a los particulares. Pero el carácter de la propiedad privada es muy distinto, según que estos particulares sean obreros o personas que no trabajen.
La propiedad privada del trabajador sobre sus medios de producción (el campesino dueño de la tierra que trabaja, el artesano dueño del instrumento que maneja como un virtuoso) es una base necesaria para que llegue a desarrollarse la producción social y la libre individualidad del propio trabajador. Este régimen supone la diseminación de la tierra y de los demás medios de producción. Excluye la concentración de éstos, y excluye también la cooperación, la división del trabajo dentro de los mismos procesos de producción, la conquista y regulación social de la naturaleza, el libre desarrollo de las fuerzas sociales productivas. Sólo es compatible con los estrechos límites elementales, primitivos, de la producción de la sociedad.

El capitalismo, como impulsor del progreso social

Al llegar a un cierto grado de progreso, este mismo régimen alumbra los medios materiales para su destrucción. A partir de este momento, en el seno de la sociedad se agitan fuerzas y pasiones que se sienten cohibidas por él y que acaban por destruirlo: la transformación de los medios de producción individuales y desperdigados en  medios sociales y concentrados de producción, o lo que es lo mismo, la expropiación que priva a la gran masa del pueblo de la tierra y de los medios de vida e instrumentos de trabajo, esta espantosa y difícil expropiación de la masa del pueblo, forma la prehistoria del capital. Abarca toda una serie de métodos violentos. La expropiación del productor directo se lleva a cabo con el más despiadado vandalismo y bajo el acicate de las pasiones más infames, más sucias, más mezquinas y más odiosas. La propiedad privada fruto del propio trabajo es devorada por la propiedad privada capitalista, basada en la explotación de trabajo ajeno, aunque formalmente libre. Esta acumulación originaria del capital convierte en obreros asalariados al esclavo y al siervo de la gleba, así como al productor directo al que ha expropiado.
Una vez que los trabajadores se convierten en proletarios y sus condiciones de trabajo en capital y que, por tanto, el régimen capitalista de producción se mueve ya por sus propios medios, el progreso de la socialización del trabajo continúa a través de la expropiación del propio capitalista explotador de numerosos trabajadores. Las leyes de la producción capitalista llevan a la centralización de los capitales, por la que cada capitalista desplaza a otros muchos. Paralelamente con esta expropiación de muchos capitalistas por unos pocos, se desarrolla en una escala cada vez mayor la forma cooperativa del proceso de trabajo, la aplicación técnica consciente de la ciencia, la explotación sistemática y organizada de la tierra, la transformación de los medios de trabajo en medios de trabajo utilizables sólo colectivamente, la economía de todos los medios de producción al ser empleados como medios de producción de un trabajo combinado, social, la absorción de todos los países por la red del mercado mundial y, como consecuencia de esto, el carácter internacional del régimen capitalista.

El imperialismo, fase superior del capitalismo

La acumulación y centralización de capitales tenía que llegar a un punto en que el capitalismo, sin dejar de ser tal y en base a sus propias leyes, sufriese una importante modificación en cuanto a la forma en que dichas leyes se abren paso. Esto ocurrió en la confluencia de los siglos XIX y XX: el capitalismo entró en su fase descendente, reaccionaria, en su última etapa que es el imperialismo. Tres son las particularidades de esta fase histórica especial del capitalismo:
1) Es capitalismo monopolista. “La sustitución de la libre competencia por el monopolio es el rasgo económico fundamental, la esencia del imperialismo” (1). El monopolismo se manifiesta en cinco formas principales: a) la concentración de la producción ha alcanzado el grado que da origen a las asociaciones monopolistas de capitalistas (cárteles, consorcios y trusts); b) situación monopolista de los grandes bancos, por la que unos pocos bancos gigantescos manejan toda la vida económica; c) el capital industrial se fusiona con el bancario, dando lugar al capital financiero, el cual destaca a la oligarquía financiera que lo posee como la fracción dominante de la clase burguesa; d) los cárteles internacionales dominan y se reparten las fuentes de materias primas y los mercados, y se los reparten “amigablemente”, mientras que la guerra no los reparta de nuevo. La exportación de mercancías cede en importancia ante la exportación de capitales “sobrantes” en tal o cual país; e) Ha terminado el reparto territorial del mundo entre las potencias imperialistas y sus colonias emprenden la lucha por la independencia económica y política.
2) Es capitalismo parasitario o en descomposición. En el régimen de la propiedad privada mercantil sobre los medios de producción, la generalización de los monopolios pone de manifiesto la tendencia a la descomposición en la que ha entrado el capitalismo. Desaparece la diferencia entre la burguesía imperialista republicana democrática y monárquica reaccionaria; “el capital financiero tiende a la dominación y no a la libertad”, el régimen burgués tiende a la reacción política en todos los campos; se forma un enorme sector de rentistas; crece la exportación de capital; el mundo “civilizado” (particularmente una capa privilegiada del proletariado de las potencias imperialistas) se convierte cada vez más en un parásito que vive sobre el cuerpo de centenares de millones de hombres de los pueblos no civilizados.
3) Es capitalismo agonizante, en transición hacia el socialismo porque el monopolio, que nace del capitalismo, y la gigantesca socialización del trabajo que supone significan ya su agonía, el comienzo de su tránsito al socialismo. “El excepcional grado de desarrollo que el capitalismo mundial ha alcanzado en general; el reemplazo de la libre competencia por el capitalismo monopolista; el hecho de que los bancos y consorcios capitalistas han preparado la maquinaria para la regulación social del proceso de producción y distribución de los productos; el crecimiento de los monopolios capitalistas que originan el alza del costo de la vida e incrementan la opresión de la clase obrera por los consorcios; los tremendos obstáculos que se interponen en las luchas económicas y políticas del proletariado; los horrores, la miseria, la ruina y la barbarie provocadas por la guerra imperialista; todos estos factores transforman la etapa actual del desarrollo capitalista, en la era de la revolución socialista proletaria.” (2)
“Porque el imperialismo lleva las contradicciones del capitalismo a su último límite, a su grado extremo, más allá del cual empieza la revolución.” (3)
capitalismo se destruye
Las tres contradicciones más importantes son:
La primera contradicción es la existente entre el trabajo y el capital. En la lucha contra la fuerza formidable de la oligarquía financiera, los métodos habituales de la clase obrera –los sindicatos y las cooperativas, los partidos parlamentarios y la lucha parlamentaria- siguen siendo a menudo necesarios, pero resultan absolutamente insuficientes. “Las condiciones objetivas plantean como tarea urgente la preparación, en todas las formas, del proletariado para la conquista del poder político, a fin de realizar las medidas económicas y políticas que son la esencia de la revolución socialista”(2).
La segunda contradicción es la existente entre los distintos grupos financieros y las distintas potencias imperialistas en su lucha por las fuentes de materias primas, por territorios ajenos. Esta lucha furiosa entraña como elemento inevitable las guerras imperialistas, guerras por la conquista de territorios ajenos. Esta circunstancia lleva al mutuo debilitamiento de los imperialistas, quebranta las posiciones del capitalismo en general, aproxima el momento de la revolución proletaria y hace de esta revolución una necesidad práctica.
La tercera contradicción es la existente entre un puñado de naciones ‘civilizadas’ dominantes y centenares de millones de habitantes de las colonias y de los países dependientes. Al explotar a esos países, el imperialismo se ve obligado a construir en ellos industrias, comunicaciones, comercio, etc. Esto conduce a la aparición de la clase de los proletarios, a la formación de una intelectualidad del país, al despertar de la conciencia nacional y al incremento del movimiento de liberación. Las colonias y los países dependientes se convierten así, de reservas del imperialismo, en reservas de la revolución proletaria.
La cuarta contradicción aparece desde el momento en que triunfa la revolución proletaria en algún lugar, y es la existente entre los países socialistas y los países capitalistas.

La revolución comunista

“Conforme disminuye progresivamente el número de magnates capitalistas que usurpan y monopolizan este proceso de transformación, crece la masa de miseria, de la opresión, del esclavizamiento, de la degeneración, de la explotación; pero crece también la rebeldía de la clase obrera, cada vez más numerosa y más disciplinada, más unida y más organizada por el mecanismo del mismo proceso capitalista de producción. El monopolio del capital se convierte en grillete del régimen de producción que ha crecido con él y bajo él. La centralización de los medios de producción y la socialización del trabajo llegan a un punto en que se hacen incompatibles con su envoltura capitalista. Esta salta hecha añicos. Ha sonado la hora final de la propiedad privada capitalista. Los expropiadores son expropiados.” (4)
El nacimiento del capitalismo exigió la expropiación de la masa del pueblo por unos cuantos usurpadores. Su final sólo exigirá la expropiación de unos cuantos usurpadores por la masa del pueblo.
 “Por grandes que sean las dificultades que encuentre la revolución, cualesquiera sean los posibles fracasos pasajeros o los vaivenes contrarrevolucionarios que tenga que enfrentar, el triunfo definitivo del proletariado es inevitable.” (3)
Notas:
(1) “El imperialismo y la escisión del socialismo”. V.I. Lenin.
(2) “Materiales para la revisión del programa del Partido”. V.I. Lenin.
(3) “Fundamentos del leninismo”. J. V. Stalin.
(4) El Capital. Tendencia histórica

viernes, 29 de junio de 2012

LA ERA POST-ESTADOUNIDENSE

29 de junio del 2012
La buena noticia de finales del siglo XX fue la desaparición de la URSS como imperio capaz de imponer su ley en Europa central. La mala noticia fue la supervivencia de Estados Unidos como imperio capaz de imponer su ley en Europa occidental, América Latina y otras partes del mundo. El renacimiento de Rusia y el despertar de China conducen inexorablemente a la aparición de un Nuevo Orden Internacional, en el que ya habrá lugar para el anacrónico imperio estadounidense. En ese sentido, los estrategas se interrogan sobre la manera de limitar les enfrentamientos característicos de los periodos de transición. Para el doctor Imad Shuebi, los nuevos líderes del mundo, Pekín y Moscú, están actuando con precaución en aras de prevenir una guerra mundial, aunque prevén una serie de sangrientos conflictos regionales.
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Hablar de era post-estadounidense ha dejado de ser hoy en día la expresión de un deseo piadoso o de un simple punto de vista político. En 1991, cuando abordé ese tema en mi libro Le Nouvel Ordre Politique Mondial [El Nuevo Orden Político Mundial], se trataba de una especie de análisis prospectivo que parecía imposible de creer en aquel entonces. La incredulidad estaba determinada por varios fenómenos que en epistemología se conocen como el obstáculo del conocimiento común o la resistencia al cambio.

En aquel momento, mi reflexión constituía una ruptura epistemológica, algo que Nassim Nicholas Taelb designaría posteriormente con el término «teoría del cisne negro», o también como «pensamiento lateral» [1]. Yo señalaba entonces –de hecho aún sigue siendo así– que las Grandes Potencias no mueren en sus camas. El peligro que representa la muerte de ese tipo de Estados reside en el hecho que están en posesión, simultáneamente, de armas nucleares y de un importante pasivo histórico y estratégico. Y esas son cosas que no se borran sino que subsisten en el fondo de las conciencias y de los recuerdos de esas naciones.

Los funcionarios rusos y chinos nunca lo ocultaron y tampoco se trataba de un exceso de candor –contrariamente a lo que escribió Zbigniew Brzezinski– cuando llegaron a la conclusión de que eran inevitables el ascenso de Rusia y China y el declive de Estados Unidos, pero que este último no debía ser demasiado brusco [2] . Para las grandes potencias, la ruptura no es una opción. Pueden fracasar, pero no derrumbarse. La realidad es que ese tipo de potencias sólo pueden ser disueltas.

Zbigniew Brzezinski lo admite, pero le parece poco probable que el mundo quede bajo el dominio de un único sucesor –ni siquiera de China–, algo en lo cual estamos de acuerdo, por el momento, como mismo estamos de acuerdo en que la fase de desorden global y de incertitud nacional empeoró tanto en 2011 que nos hallamos ahora bajo la amenaza de un espantoso caos. Los estadounidenses, al igual que los chinos y los rusos, sienten temor de esa posibilidad, pero para ciertos Estados aventureros –como Francia y varios países del Medio Oriente– la perspectiva de perder su condición de potencia regional hace temer un aumento del riesgo de desestabilización. Las Potencias fuertes temen el caos, mientras que las Potencias débiles a veces apuestan por el caos con tal de desconcertar a las Potencias fuertes, con la esperanza de hacerlas retroceder en el escenario internacional con pérdidas mínimas.

La evolución hacia un nuevo orden internacional se aceleró notablemente durante los años 2011 y 2012, en la medida en que sólo hubo un corto lapso de tiempo entre el momento en que Putin anunció el fin de la unipolaridad, precisando incluso que las potencias emergentes no estaban listas aún para asumir el relevo, anuncio emitido en el marco de la Cumbre del grupo BRICS sobre la formación de un Nuevo Sistema Económico y Bancario (el Banco BRICS) [3]. El hecho que Rusia y China alzaran la voz no sólo dio como resultado dos dobles vetos [en el Consejo de Seguridad de la ONU] sino que ha puesto a esos dos países a desempeñar el papel de motor en la actual dinámica del Mediterráneo oriental, lo cual significa indudablemente el fin de la historia estadounidense en la región y que es actualmente imposible para las diferentes partes aspirar a ningún tipo de nueva repartición.

La declaración de Obama, a principios de 2012, sobre la Nueva Estrategia Americana que preconiza «estar alertas y atentos en el Mediterráneo oriental» se parecía mucho a un reconocimiento de la nueva correlación de fuerzas en la región, paralelamente al armamento del vecindario inmediato de China. Las declaraciones de Hillary Clinton desde Australia se vieron además como la continuación de aquellas palabras sobre un enfrentamiento con China, y la respuesta de China fue simplemente: «Nadie puede impedir que salga el sol chino».

Ante esas diferentes declaraciones estadounidenses, China no esperó al año 2016 para dar una muestra de su nuevo poderío. Se apresuró, por el contrario, a pronunciarse a favor de un nuevo orden multipolar –retomando los términos utilizados por los rusos – visto como un Orden Internacional basado en dos ejes alrededor de cada uno de los cuales se hallarían varias polos. Sólo que el eje chino-ruso sería ascendente mientras que el otro sería ascendente.

Se ha hecho evidente que la agravación del conflicto ha representado una profunda sacudida para la diplomacia estadounidense, tanto que esta última se vio obligada –en abril de 2012– a tocar retirada, al menos verbalmente, y a precisar que no estaba en guerra fría con China. Esto último se producía después de un encuentro entre el primer ministro chino y Kofi Annan. Al emisario de la ONU y de la Liga Árabe se le hizo saber entonces que China y Rusia se han convertido en las primeras Potencias, la primera y la segunda respectivamente, y que está obligado a coordinar con ellas. El propio Annan, como testigo del mundo unipolar que estuvo vigente de 1991 hasta principios del siglo XXI, sería igualmente testigo de la caída de aquel mundo y tendría que admitir en lo adelante que la cuestión del Mediterráneo oriental era asunto de Moscú y de Pekín.

Washington acaba de vivir una década entera de guerras –periodo que se parece a la carrera armamentista con la URSS, la llamada «guerra de las galaxias»– que, junto a otros factores críticos, agotó a Estados Unidos y puso a ese país al borde de la bancarrota. Esto incitó a Estados Unidos a anunciar un reposicionamiento en la periferia de China, en un intento por desempeñar algún papel en la región indo-pacífica. Pero tuvo que echarse atrás en sus declaraciones de una manera que hace pensar a los observadores que ese país ya ha perdido su aureola de superpotencia. Ya está comprobado que cuando una potencia amenaza con recurrir a una forma de fuerza de la que sólo disponen las superpotencias, pierde dos terceras partes de su fuerza.

El mundo está cambiando. Estamos viendo precisamente la cristalización de ese Nuevo Orden Internacional cuya formación se había visto pospuesta desde el derrumbe de la Unión Soviética y cuya maduración ya se está produciendo de forma acelerada, aunque las nuevas potencias no estén aún enteramente listas para ello. La aceleración de los acontecimientos en el Medio Oriente ha obligado a esos nuevos actores a sumarse rápidamente a la partida. Sin embargo, las consecuencias del ascenso de nuevas potencias y el declive de aquellas que, como Estados Unidos, liderearon el mundo en la etapa anterior, han de manifestarse dentro de poco. Han de materializarse en sangrientas luchas que sólo hallarán solución después del establecimiento del Nuevo Orden Internacional, y con el consentimiento de los diferentes actores, según la nueva condición de cada uno de ellos.