ATALAYA COMUNISTA EN JEREZ DE LA FRONTERA.
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Si los pueblos no se ilustran, si no se divulgan sus derechos, si cada hombre no conoce lo que puede, vale, debe, nuevas ilusiones sucederán a las antiguas y será tal vez nuestra suerte cambiar de tiranos sin destruir la tiranía.
Por: Mumia Abu JamalUn
tribunal federal aprueba la quiebra de la ciudad de Detroit, poniendo
en la tajadera las pensiones de miles de trabajadores jubilados.
Ya empezó.
El desmantelamiento y desmembramiento de Detroit
está por llegar, ya que un tribunal federal de Estados Unidos abre la
puerta a un programa de desastre.
Con su aprobación de la
quiebra, se ponen en la tajadera las pensiones de miles de trabajadores
jubilados de esta ciudad. Ellos y ellas trabajaron durante décadas.
Luego se jubilaron y esperaban vivir de sus pensiones en sus últimos
años.
Sin embargo, una camarilla de abogados, jueces, políticos
y financieros han proporcionado el marco para quebrantar los contratos y
disfrutar del banquete como vampiros en un hogar de ancianos.
El capitalismo se devora a sí mismo. En su infernal búsqueda de cada vez más ganancias, absolutamente nada es sagrado.
Con sus escuelas clausuradas, sus casas hipotecadas y su enorme población negra, Detroit está en el menú.
Y lo crean o no, Detroit es solo el comienzo; esto no acaba ahí. Hoy, Detroit, mañana, cualquier lugar.
Este es el saldo de la guerra cada vez mayor contra las y los trabajadores, especialmente los sindicatos.
Próximamente, California. Y a partir de ahí, la moneda está en el aire.
Desde la nación encarcelada, soy Mumia Abu-Jamal.
Mumia Abu-Jamal (nacido con el nombre de Wesley Cook el 24 de abril de 1954 en Filadelfia) es un periodista y activista político afroamericanoestadounidense, acusado del asesinato del policía Daniel Faulkner y sentenciado a muerte en 1982.
Su caso ha generado campañas masivas por su liberación en Estados Unidos y el resto del mundo y las fraternidades policiacas estadounidenses han buscado activamente acelerar su ejecución.
Técnicamente, estuvo esperando ser ejecutado entre 1982 y diciembre
de 2001, cuando el juez federal de distrito William Yohn revocó la pena
de muerte de Jamal.
Sin embargo, Yohn reafirmó los cargos contra Jamal, condenándolo a cadena perpetua. El 27 de marzo de 2008, un tribunal estadounidense ordenó revisar la condena a muerte.1
La Jornada, Nueva York, 7 de diciembre 2011. El ex pantera negra Mumia
Abu-Jamal, uno de los condenados a muerte más famosos de Estados
Unidos, no será ejecutado y su pena se conmutará a cadena perpetua.
El fiscal de Filadelfia, Seth Williams, dijo que no volverá a
solicitar la pena de muerte para el periodista y activista por los
derechos de los afroestadunidenses en los años 1960 y 1970, condenado
por matar a un policía blanco en 1981. Abu-Jamal siempre se declaró
inocente del crimen.
Williams añadió que no tenía "ninguna duda" de que Abu-Jamal, de 57
años de edad, asesinó al policía Daniel Faulkner el 9 de diciembre de
1981.
Por su parte, los abogados defensores –Judith Ritter y el equipo
legal de la Asociación Nacional para el Avance de la Gente de Color
(NAACP), la mayor organización de derechos civiles de los estadunidenses
negros– valoraron positivamente el anuncio.
"Los fiscales hicieron lo correcto", dijo John Payton. "Después de 30
años, ya era hora de poner fin a esta carrera en pos de la pena de
muerte", agregó.
La NAACP siempre denunció la parcialidad de las audiencias que
llevaron a la condena a muerte de Abu-Jamal, pues lo sentenció un jurado
sólo de blancos.
La causa de Abu-Jamal se convirtió en emblema de los esfuerzos
internacionales para abolir la pena de muerte en Estados Unidos.
Fotogénico y elocuente, el ex pantera negra continuó
realizando en prisión su programa de radio "Live from Death Row" (En
vivo desde el corredor de la muerte), que fue también el título de su
exitoso libro editado en 1995.
Una petición lanzada en Internet en enero de 2010 para pedir al
presidente Barack Obama que rechazara la pena de muerte recogió miles de
firmas, incluidas las de la ex primera dama francesa Danielle
Mitterrand, ya fallecida, el escritor alemán Günter Grass y el
estadunidense Noam Chomsky.
Pese a que los líderes del senado estadounidense hayan declarado haber
alcanzado un acuerdo para poner fin al cierre del gobierno, elevando
nuevamente el astronómico techo de la deuda calculada en 16,7 billones
de dólares, las consecuencias de la crisis estructural del capitalismo
en Estados Unidos ya comienzan a verse y marcan, si lugar a dudas, un
cambio de época para el mundo.
Según el nuevo plan del senado estadounidense, esta nueva moratoria
debería prolongar el límite de la deuda federal y mantener el Gobierno
abierto para proporcionar su financiación hasta el 15 de enero del
próximo año, dando tiempo a que el Congreso inicie un debate sobre cómo
reducir aún más el gasto público que permita acabar con el déficit
fiscal de ese país [1], lo que terminará por prolongar aún más la agonía
del pueblo estadounidense, mientras la carroñera plutocracia de ese
país aprovechará un año más para continuar usurpando los fondos públicos
para hacer frente a la verdadera razón de la crisis capitalista: que es
producto de la taza decreciente de ganancia del gran capital, la
especulación financiera y la sobreproducción de mercancías que no logra
conseguir mercados para su consumo.
Resultan, por menos decir, impresionantes la mayoría de las
informaciones, comentarios y análisis que surgen de muchas partes del
mundo a razón de la crisis estructural que hoy enfrenta el sistema
capitalista especialmente en Estados Unidos (EE.UU.). Todas estas
noticias resultan muy alentadoras para quienes creemos que otro mundo es
posible y urgente para salvar la humanidad.
Llama la atención el hecho particular que sean las mismas recocidas
personalidades vinculadas a la defensa del sistema capitalista quienes
se han ocupado en advertir sobre las consecuencias catastróficas del
Armagedón financiero y la recesión que para el mundo ha traído el
default estadounidense. Otros, incluso, prefieren definir esta situación
como el colapso total del sistema económico en EE.UU. que sólo se
mantiene por el milagro de la comprensión que poseen el resto de los
países del centro capitalista de estar atados a ese país. Pues, de
llegar a caer EE.UU., todos caerían tras él.
Expertos de las reconocidas bancas financieras como el Goldman Sachs,
IHS y BNP Paribas esperan que el Tesoro de EE.UU ahorre
significativamente dinero a costa de los contribuyentes para pagar los
intereses y amortizar la deuda del país, pero añaden que la reducción
será tan grande que conducirá a Estados Unidos a la recesión". Al tiempo
que el economista jefe de la otra prestigiosa firma financiera
estadounidense JP Morgan, Michael Feroli, considera que la capacidad del
Gobierno de evitar el 'default' no significa que la economía pueda
evitar una recesión. "En el primer caso, tendríamos una crisis
financiera, mientras en el segundo caso tendríamos una recesión" [2].
Las últimas administraciones estadounidenses desde Ronald Reagan
(1911-2004), al igual que todos los gobiernos de la Unión Europea, luego
de los tratados de Maastricht (1992), han lanzado un búmeran que
regresa con mucho más fuerza contra sus propios rostros. Las recetas
neoliberales de privatizaciones de los sistemas públicos de salud y
educación, los recortes salariales, la flexibilización laboral, el
aumento en los años de jubilación, reducción del Estado, etc., han
generado una verdadera crisis humanitaria en los países del Norte
desarrollado, escenarios que antes era sólo creíble en países africanos,
en Latinoamérica y Asia. Estas erradas políticas económicas han
repercutido en acrecentar los índices de desempleo donde sobresalen
países como España 26%, Grecia 27%, Portugal 16% y Estados Unidos con
7,3% [3] -grandes tazas de desempleo comparables a las épocas de las
postguerras mundiales- y ahondado más la brecha de la sobreproducción de
mercancías y falta mercados (pueblos) que puedan consumirlas, lo que a
su vez repercute en la desaceleración de todas las economías
interrelacionada en nuestro mundo globalizado.
¿Qué hará EE.UU. para mantener activo el aparato productivo interno
cuando el desempleo, el subempleo y la reducción de los salarios han
hecho trizas la capacidad adquisitiva de los trabajadores
estadounidenses? ¿Podrá EE.UU. únicamente depender del Complejo Militar
Industrial y el mercado de la guerra para sus fines económicos y
hegemónicos? ¿Cómo resolverá su competencia con China en los colapsados
mercados mundiales donde el gigante asiático ha sabido jugar y
conquistar mercados sin la intervención, la prepotencia y arrogancia que
caracteriza la política exterior de EE.UU.?
Quienes hoy promueven en el gobierno más políticas neoliberales de
recortes salariales, flexibilización laboral y recortes en la asistencia
pública (particularmente el fin del programa de asistencia de salud
Medi-care) para intentar hacer atractiva la tasa de plusvalía de los
trabajadores estadounidense (tasa de explotación), comparable a los
niveles del trabajador chino, están profundizando el desastre económico
del país y generando las condiciones de una explosión social en Estados
Unidos.
Bien lo resume el reconocido escritor y periodista estadounidense David Brooks en uno de sus últimos escritos titulado La pesadilla del sueño americano cuando dice:
Los saldos del neoliberalismo al estilo estadunidense se resumen
rápidamente así: nunca desde antes de la gran depresión los ricos han
concentrado tanta riqueza mientras todos los demás a pesar de que su
productividad se ha incrementado 40 por ciento desde 1979 se han
mantenido, en el mejor de los casos, igual, pero en muchos rubros peor,
que hace 30 años, cuando primero se aplicaron las formulas clásicas
neoliberales [4].
En el mismo escrito Brooks también cita al economista y premio Nobel
Joseph Stiglitz, cuando este señala que 95 por ciento de los beneficios
económicos logrados entre 2009 y 2012 se canalizaron al 1 por ciento más
rico del país. Ese 1 por ciento hoy día capta más de una quinta parte
del ingreso nacional. Stiglitz concluye: nos hemos convertido en el país
avanzado con el nivel más alto de desigualdad, con la brecha más amplia
entre ricos y pobres. China en el dilema
La República Popular China -considerada por los halcones imperiales como
la verdadera y mayor amenaza para la hegemonía de EE.UU.- ha venido
tomando sus precauciones al respecto revirtiendo el rumbo de su economía
fortaleciendo el consumo interno para hacer frente a esta realidad
mundial que desde el 2008 la afecta con mucha fuerza.
Todos los datos económicos del gigante chino denotan un acelerado
impulso del gobierno chino al crecimiento interno con grandes
inversiones sociales y gastos en obras civiles, permitiendo la
revaluación del yuan para elevar la capacidad adquisitiva del pueblo
chino, lo que ha permitido un inesperado crecimiento económico en China
de 7,8% pese a crisis de su mayor socio EE.UU. [5]
Por otra parte, China me mueve aceleradamente para inducir un cambio de
la arquitectura económica mundial mucho más trascendental. Los últimos
movimientos económicos de China parecen denotar un inusitado interés por
despojarse de las ataduras de EE.UU., para no seguir financiando
aquella quebrada economía a costa del sacrificio chino. Para julio de
este año China acumuló 1,28 billones de dólares en títulos del Tesoro de
EE.UU, al tiempo que las reservas internacionales de China alcanzaron
el pasado año 3,3 billones de dólares, el doble de la reserva global del
Oro, ocupado el primer lugar del mundo, seguida de Japón, Arabia Saudí,
Rusia [6]. Pero de estas reservas sólo un 2% están en Oro.
Obligados por la realidad que la amenaza y los últimos acontecimientos
que golpea la economía del gigante asiático, los cambios se están
produciendo. China, que es también uno de los mayores productores
mundiales de Oro, está importando una cantidad enorme de oro de otras
naciones. La analista de Bullion Bulls Canada, Jeff Nielson, plantea que
China probablemente haya podido aumentar sus reservas oficiales de oro
hasta las 4.000 toneladas, cifra bastante superior a las 1.054 que
afirma tener desde el año 2008 [7]. Mientras muchos analistas estiman
que China planea eventualmente respaldar el yuan con Oro como
alternativa al dólar estadounidense.
Mientras China respalda su moneda actúa con otros actores mundiales. El
Banco Popular de China y el Banco Central Europeo han llegado a un
acuerdo para desplazar al dólar como moneda de transacción mutua. Los
dos bancos acordaron un intercambio directo de activos equivalentes a
56.000 millones de dólares en el yuan por un respectivo valor de 60.800
millones de dólares en el euro [8]. Por otra parte, China continúa
aumentando sus relaciones comerciales con Latinoamérica, en África y
Europa. China y Rusia han intercambiado mercancías en base a una cesta
de monedas de ambos países (rublos y yuanes). Igualmente China ha
establecido relaciones de intercambio comercial con Irán y la India en
base al yuan y el Oro.
La crisis y decadencia de EE.UU. inducirá al grupo de países emergente
BRICS (Brasil, Rusia, India, China y Sudáfrica) a buscar sus propias
salidas a esa situación que también los afecta. El Banco de los BRICS,
como alternativa al Fondo Monetario Internacional y el Banco Mundial,
así como también una nueva moneda respaldada en Oro y acuñada por este
grupo de países para realizar las transacciones internacionales dejarán
de ser pronto simples propuestas para convertirse en realidad. Las
futuras reuniones que sostendrán los líderes de los BRICS revelarán al
mundo las buenas nuevas.
Ya nada podrá evitar que el Armagedón económico-financiero en EE.UU.
continúe pese a todos los salvavidas moratorios y acuerdos alcanzados
por el senado estadounidense. Así como tampoco nada podrá evitar los
cambios transcendentales que esta crisis ha inducido en la arquitectura
económica mundial.
El gran problema que se avecina para Estados Unidos es el límite de
endeudamiento del gobierno federal, que ha superado los 16 billones de
dólares. Este es el límite anual o “techo de la deuda”, fijado por el
Congreso.
Deuda Pública Estados Unidos 1940-2013
Cada día se alejan más los tiempos en
que Estados Unidos era la superpotencia económica mundial. Los efectos
nocivos de la globalización y la gobernanza del mundo en manos de las trasnacionales ha
disuelto la noción de “Estado-Nación” en una situación que se precariza
a nivel mundial. La parálisis fiscal que hoy afecta al país bastión del
capitalismo, es una clara muestra de lo que espera a todo el planeta.
Las imágenes de los visitantes asombrados por el cierre de la Estatua de la Libertad en
Nueva York, dieron la vuelta al mundo. El turismo y los empleados del
sector público son parte de los 800 mil funcionarios afectados por el
cierre parcial de las actividades del Estado. Este cierre fiscal pospone
también la entrega de las cifras que son claves para medir la evolución
de la salud de la mayor economía del mundo, como las cifras de empleo
correspondientes al mes de septiembre. La Oficina de Estadísticas del
Trabajo (BLS) señala en su página web que “no recogerá ningún dato ni publicará el informe ni responderá a cualquier solicitud”. Pero este no es el principal problema.
El gran problema que se avecina para Estados Unidos es el límite de endeudamiento del gobierno federal,
que ha superado los 16 billones de dólares. Este es el límite anual o
“techo de la deuda”, fijado por el Congreso, en que se determina la
cantidad en que el gobierno de Estados Unidos puede endeudarse. El techo
de la deuda se introdujo durante la Primera Guerra Mundial para ayudar
al gobierno federal a pagar la guerra. Desde entonces, el Congreso ha
prescindido de la cantidad de bonos que entrega el gobierno, y sólo
establece el límite en la cantidad de deuda en que puede incurrir el gobierno cada año.
Pero ahora que la deuda federal supera los 16 billones de dólares
(US$16.000.000.000.000, ver gráfica) y que al contemplar las hipotecas y
otras deudas garantizadas por el Estado supera los 23 billones de
dólares, la situación es asfixiante.
Una deuda indevolvible
Todo el mundo sabe que no hay como
devolver esa deuda y la acción del Congreso de impedir que se siga
elevando el techo de la deuda responde más que nada a causas
ideológicas. Se busca la reducción del aparato estatal como se viene
haciendo desde los años 70, aunque ésto es justamente lo que ha
provocado la explosión de la deuda pública. La reducción del Estado que
comenzó con Nixon y continuó a pasos acelerados con Reagan y el boom de la deuda pública, tiene a Estados Unidos en la quiebra. “Los déficit no importan” señalaba el otrora actor de Hollywood, y fue el primero en pedir 18 veces al Congreso “elevar el techo de la deuda”.
El punto crucial es que si el Congreso
se niega a elevar el techo de la deuda, la situación de Estados Unidos
se hará aún más precaria y dejaría al descubierto el fracaso del modelo
capitalista implantado por Estados Unidos. Un impago de la deuda sería
un desastre para la posición del gobierno en los mercados mundiales de
bonos y daría lugar a una fuerte rebaja de su calificación crediticia,
obligando a un aumento en la tasa de interés, provocando una caída en
dominó de las principales economías del mundo. Estados Unidos entraría
rápidamente en recesión y en su declive arrastraría a todo el mundo,
esta vez muy debilitado para contener una nueva crisis.
Es difícil que el Congreso y el
gobierno de Estados Unidos asuma la responsabilidad de este escenario
tan sombrío e inmediato. La Cámara de Representantes, controlada por los
republicanos, tendrá que alcanzar un acuerdo con el Senado, controlado
por los demócratas, para elevar el techo de la deuda antes de que
Estados Unidos se precipite por el acantilado. Pero la intransigencia de
los republicanos hasta el punto de exigir el cierre de los servicios
públicos es en parte la afirmación de que el gobierno es rehén de los
intereses financieros. La Fed ha destinado más de 20 billones de dólares
en rescatar a la banca, y el congreso se niega a la reforma de salud
que propone el gobierno de Obama. Incluso la justicia y las fuerzas
policiales financiadas por el Estado, así como los servicios de
inteligencia contra el “terrorismo” son vistos con recelo por algunos de
los más extremistas que sugieren que lo único que se necesita es un
arma para defenderse.
La deuda pública de Estados Unidos como porcentaje del PIB
Esta gráfica de la deuda pública como
porcentaje del PIB nos aporta una idea clara de en qué momentos y bajo
qué gobiernos la deuda pública aumentó, disminuyó o se estabilizó. Tras
la segunda guerra mundial, Estados Unidos alcanzó un endeudamiento
superior al PIB del país. Pero en aquellos años Estados Unidos no era la
primera potencia mundial y tenía un PIB menor al de Reino Unido. Sin
embargo, tras la guerra, Estados Unidos fue el único país de los que
participaron en el conflicto que tenía su infraestructura pública
industrial intacta. La guerra permitió a Estados Unidos revertir el
orden y pasar a ser la primera potencia mundial. La implantanción del
dolar como moneda de reserva mundial desde 1944 respondió al hecho de
que Estados Unidos era el país que tenía la mayor cantidad de reservas
en oro del planeta. También era el principal productor y exportador de
petróleo.
Estados Unidos, gracias a las
políticas de bienestar y empleo vivió tres décadas doradas en los que
pudo disminuir en forma paulatina y constante la deuda pública, como se
aprecia en la siguiente gráfica, tomada de los archivos históricos de la
Casa Blanca (ver aquí).
Todo cambió con el gobierno de Ronald Reagan y la liberalización de los
mercados según las ideas de Milton Friedman desde 1980. Estados Unidos
no solo privatizó sus empresas estratégicas (petroleras, mineras,
navieras, de transporte y comunicaciones) sino que lo hizo a precios
fuera de mercado en lo que perdió todo el país. Si bien la gráfica de la
deuda actual hoy se ve muy similar a la de los años 40, la realidad es
bien distinta. Hoy Estados Unidos no cuenta con el importante aval que
eran las empresas públicas y estratégicas de hace 70 años. Es un país
que ha sido desmantelado por los caprichosos intereses privados del
libre mercado y no cuenta con la generosidad de los activos que hace
siete décadas lo hicieron convertirse en la primera potencia económica
del mundo.