El acercamiento a Cuba es una lógica respuesta de Rusia ante una OTAN que cada vez se acerca más a sus fronteras
El artículo de
Jorge Gómez Barata en la revista
Progreso Semanal
titulado “Putin en La Habana” me hace rememorar las posturas delos
tres monitos donde uno no quiere ver, el otro no quiere escuchar, pero
con la salvedad de que el tercero, ya algo burocratizado, lo único que
hace es hablar necedades.
Porque para Gómez Barata, la visita de Putin a La Habana, no se por
cuales recovecos de sus pensamientos, evoca en el cubano a la
desaparecida Unión Soviética. No define Barata que tipo de evocaciones,
pero para ayudarlo en el tema a mí me recuerda principalmente toda la
sangre, el sudor, las lagrimas y el esfuerzo heroico de ese pueblo por
lograr una nueva sociedad, que desaguaron por los caños de las aguas
albañales construidos por su burocracia totalitaria. Mi evocación es
triste.
Este artículo de Gómez Barata asemeja el traje, que un sastre ha
armado con alfileres pero no logra hacerle la costura definitiva para
ser estrenado por el lector.
Yo le sugiero, para que acabe de coser ese traje, que debe partir
del hecho que Cuba, una islita bloqueada durante 50 años, con una grave
crisis económica con responsables a diestra y siniestra, en un mundo
globalizado donde a pocos interesa el socialismo y donde todo se decide
entre los grandes poderes militares, ha asumido la única posición
inteligente: maniobrar entre las contradicciones imperialistas, en este
caso entre Washington y Moscú. El primero, que no afloja en sus
intenciones de estrangularnos, y el otro, que nos vuelve a dar
utilitariamente una mano para salir del atolladero.
Debe además hacer énfasis en analizar ¿que se nos está pidiendo a
cambio por esa mano nuevamente extendida? ¿Qué ha cambiado en estos
últimos 20 años que convenció a Moscú a regresar a un viejo aliado en el
Mar Caribe? Porque si algo no ha cambiado en esencia es Cuba y mucho
menos Estados Unidos. Lo que si sucedió es que la luna de miel entre
Washington y Moscú se fue a bolina, y vuelve Rusia a su vieja amante del
Caribe.
Mezcla Gómez Barata en un pudín diabólico elementos al azar. Me
pregunto, sobre que basa Gómez Barata la afirmación de que “La
Revolución Cubana, Fidel Castro y la Isla de la Libertad fueron compases
de una formación política que llevaron a Putin de la KGB al Kremlin”.
Si pudiera explicar tal mejunje se lo agradecería. Me desayuno ahora que
Cuba haya tenido un papel protagónico en el descalabro de ese país, o
de su responsabilidad en el ascenso de Putin hasta la más alta
magistratura de Rusia.
Según este analista, “en ese esquema donde no todos los contornos son
visibles y existen intereses que trascienden su significado real, Cuba
aporta un status que ya una vez le permitió a la Unión Soviética debutar
en espacios políticos que le estaban vedados y de ese modo romper una
hegemonía que Estados Unidos no logró reconstruir nunca más”.
No se la graduación de la vista de este analista político, pero
indudablemente debe ir al oftalmólogo, porque los contornos de la
situación más visibles no pueden ser. Rusia se siente asediada por
Estados Unidos y la OTAN, y como exprese en artículo anterior, sus
intenciones son ripostar allí donde Washington considera sus esferas de
influencia naturales, de la cual América Latina siempre fue su
traspatio, Cuba incluida.
Y si Cuba aportó en la década del sesenta del pasado siglo un status
privilegiado a la ex Unión Soviética, ello estuvo determinado, entre
otros factores, a una comunión político ideológica que ya no existe con
Rusia. Ellos son una potencia capitalista y Cuba, según nuestra
burocracia, la izquierda lo duda mucho, se esfuerza por la supuesta
construcción de un estado socialista.
O nos pintamos o nos hacemos papelillos, pero ambas cosas no pueden hacerse a la vez.
Reitero, cualquier tipo de análisis debe partir de nuestra debilidad
como país ante las confrontaciones imperialistas que caracterizan las
relaciones entre Estados Unidos y Rusia. Por ahí andan los truenos.
Para más confusión Gómez Barata nos adelanta que la pasada ayuda
soviética nos permitió un desarrollo económico y social, pero obvia que
se convirtió en aguas de borrajas a partir de 1990, lo que le resta
validez al asunto. También nos regalaron sus ideas equivocadas de como
construir el socialismo y no se hace mención a ello. Y no se que quiere
decir conque esta nueva relación con los rusos “no necesariamente la
historia se repite; aunque… puede ocurrir”. Idea más oscura ni las del
murciélago que vive de noche.
Pero ahora es que se le escapa a Gómez Barata lo que ha tratado de ocultar a través de su melifluo artículo. Según él, “
Las
reformas que la isla adelanta crean un escenario adecuado para el
encuentro entre socios y antiguos camaradas a quienes el pasado une más
que separar.”
No existe escenario adecuado donde puedan darse la mano como socios y
amigos el socialismo y el capitalismo. Esta es una de las grandes
confusiones o estratagema de la burocracia que quiere construir
capitalismo hablando de socialismo. Le recuerdo que los camaradas
soviéticos existen, pero no están hoy en día en el poder, ni son ellos
los que nos están dando esa supuesta mano, como no son los verdaderos
comunistas los que mantienen el poder en Cuba. Déjeme decirle que con
gusto estrecharía la mano de cualquier ruso empeñado en construir un
socialismo democrático participativo, lo mismo con cualquier ciudadano
de los otros países del ex campo socialista, pero este no es el caso a
que usted se refiere.
Usted, quizás hasta sin proponérselo, dice que hay comunidad de
intereses entre ambas naciones, cuando lo que debe existir es simple y
llanamente intereses políticos y económicos. Hay comunidad de intereses
dentro del propio capital, o entre países de un mismo signo político. O
entonces acabemos de reconocer que los mal concebidos lineamientos no
nos llevan hacia el socialismo.
Para nadie es un secreto, que la Unión Soviética, que se proclamaba
socialista, Internacionalista y solidaria intentó meternos el pie en
varias ocasiones. Ahora que Rusia no es socialista ni en las
intenciones, nuestra burocracia si en lo de las intenciones, de ahí no
pasan, cualquier cosa puede esperarse de ellos, porque los designios
hegemónicos son un sueño perenne de cualquier potencia imperialista,
llámese francesa, inglesa, yanqui o rusa.
El puntillazo final del artículo de Gómez Barata es digno de un
museo, de aquel a donde Marx mandó a la rueca y a la lanza. Según
expone, “Fidel y Raúl Castro avanzaran con Rusia y Putin sin otros
límites que aquellos que voluntariamente se asuman;
probablemente ninguno”.
Mayor ingenuidad ni la del bobo de la yuca. Así que la suspensión del
90 por ciento de la deuda fue al gratén. Lástima que “El Loquillo” ya no
existe para darte respuesta. Zumbado diría que le zumba la berenjena
oír tales conclusiones. ¿Acaso sin límites quiere decir que sin
compromisos y sin consultar con nuestra sociedad cubana?
Le preguntaría a Gómez Barata si para hacer este análisis ha tenido
acceso al convenio de seguridad firmado entre Cuba y Rusia. ¿Qué damos?
¿Qué nos dan? ¿Qué precio estamos pagando y a cambio de qué?
Pero lo más desatinado que se le puede escuchar a un analista, y
Gómez Barata concluye así su análisis, es que el mundo, este mundo
nuestro es de paz y de colaboración, una fiesta a la que todos están
convidados; que siempre habrá quien se excuse.
Confunde lo que debe ser con lo que se es. De tener alguna duda que
se vaya a la Franja de Gaza, o a Ucrania, o a Siria, Libia, Afganistán, o
se dé un paseíto por algunos países africanos, o por la frontera de
México y Estados Unidos, lugares que al parecer no pertenecen al mundo
donde habita nuestro analista.
Se acerca más a la verdad el análisis de Fernando Ravsberg en su
artículo “Regresan los rusos a La Habana”, cuando afirma que “la
diferencia histórica consiste en que al inicio de la Revolución Cubana
empujaron a La Habana a los brazos de la URSS y hoy es todo lo
contrario, obligan a Rusia a retomar sus relaciones con la isla”
Según este periodista, el acercamiento a Cuba es una lógica
respuesta de Rusia ante una OTAN que cada vez se acerca más a sus
fronteras.
Entonces, Gómez Barata, rehaga su artículo y hágalo menos afín a los
intereses de nuestra burocracia. Los intereses existen, nunca se han ido
de vacaciones.