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martes, 24 de marzo de 2015

MEDITACIÓN DE UNA PARADOJA, POR ANTONIO ÁLVAREZ-SOLÍS


24.03.2015
Parece inevitable que las revoluciones, como los partos, tributen al dolor y al miedo. En el caso de las revoluciones sociales es justo reconocer también que una gran parte de ese dolor no lo producen los revolucionarios, por una obvia voluntad de venganza, sino los poderes deshonestos del sistema a derribar que, desnudos ya de moral, se niegan a soltar la presa.

 Para ello recurren a mil descarados expedientes que convierten en dogmática y única realidad, como es atribuir a su modelo de sociedad unas dimensiones de justicia y libertad que no tienen más sustancia que aquella que ellos les dan a través de un largo periodo de opresión en que la razón se convierte en única, incluso en el espíritu del oprimido. Apropiándome de una imagen teológica que usa Raimundo Panikkar podría decirse de esta invasión de la razón, para destruir la multiplicidad de su uso y reducirla a una dimensión única, que «si el individuo humano es una gota de agua al lado de otras tantas gotas, cuando entra en el piélago de la divinidad (en este caso el sistema establecido) queda convertida en la inmensidad de todo el océano y lo que era una gota es ahora el todo, el mar sin límites». El ayuno de saber lo adquiere por adhesión al poderoso. En suma, que la posible disensión respecto a lo existente se transforma en un acto que ahora suele calificarse según una escala que va desde la denigración por ignorancia hasta el terrorismo. Lo grave es que, mediante el furor del dominante, el terrorismo acaba muchas veces por ser la llave para abrir la puerta de la innovación social necesaria. ¿Cabe negar, estando las cosas así, la responsabilidad de los que han inmovilizado la sociedad y la han reducido a algo intelectualmente misérrimo mediante la letalidad de sus comportamientos autocráticos? Usemos la decente libertad en el juicio y llegaremos a una conclusión estremecedora.

Cuando se llega a este extremo de falsificación del medio cabe preguntarse en el seno de comunidades como la cristiana, a la pertenezco con no poco dolor interno, muchas cosas acerca del valor del comunismo como vía de retorno hacia la dignidad del individuo. El enredo intelectual es de tal dimensión que he llegado a pensar si podría salir de él mediante una audaz paradoja consistente en propugnar un comunismo espiritual unido a un materialismo cristiano. Invitar a construir un camino por donde circule la gran realidad del pueblo como algo trascendente, al par que la voluntad respaldada por la fe en lo liberador se vuelque en la construcción de un mundo material que de paz y confortabilidad al ser que hace las cosas.

Creo radicalmente en dos dimensiones que dibujan en su totalidad profunda al ser humano: la dimensión espiritual, que le da dignidad –el hombre no se revoluciona solo por el hambre sino, y sobre todo, por su dignidad maltratada– y la dimensión material, que le exige alzarse hora a hora sobre su elementalidad. Dos dimensiones que están imbricadas de tal modo profundo y estrecho que sin su simbiosis no acontece la personalidad, que «se realiza –y vuelvo a Panikkar– cuanto más se pierde (la tosca) individualidad y se adentra en la comunión», en el «tú» de lo colectivo.

Comunismo o colectivismo. Cualquiera de las dos denominaciones tiene la misma energía innovadora que respalda el funcionamiento social. La época del individualismo como generador de toda creación o progreso es tan solo un recuerdo. Tan evidente resulta esta realidad que el mismo sistema de las minorías poderosas ha renunciado a los principios del liberalismo burgués que se extendió de los siglos XVIII a principios del XX para acabar apoyándose hoy en lo colectivo, aunque en este caso estemos ante un protervo colectivismo de élites que aúnan fuerzas para impedir que el pueblo disgregado salga del suburbio en que ha sido recluido por la violencia física y la conspiración intelectual. Este colectivismo o unión de los poderosos es lo que denominamos como globalización.

 Quizá la globalización, si recurrimos a las categorías marxistas del lenguaje para denominarlo correctamente, constituya ahora el opio de los pueblos aún encogidos por el espectáculo de luz y color que ha desplegado el capitalismo internacional.

En este momento histórico sectores ya apreciables por su volumen de la ciudadanía trabajadora se mantienen expectantes ante la fuerza múltiplemente armada de los poderosos. Disminuye la cifra de los que se habían expatriado de la conciencia y empieza a percibirse un enfrentamiento más decidido sobre el filo de la navaja. Aparecen las vanguardias que tantos hemos reclamado para plantear una batalla coherente. El reciente fenómeno griego en Europa –sea cual sea el resultado temporal del mismo– y otras conmociones en América Latina certifican lo que digo. Lo que estas manifestaciones sísmicas significan para abrir la puerta a un nuevo mundo lo ponen de relieve los feroces ataques de que son objeto por parte de las instituciones del imperio, sus medios de información y el férreo control que es ejercido por sus medios universitarios y de formación. Una turbamulta de congresos, foros, clubs secretos y otras manifestaciones por el estilo, añadidas a una legalidad puramente circunstancial y a una justicia cautiva tratan de contener un movimiento colectivista que podría acabar, más pronto que tarde, en una unión internacional con perfiles revolucionarios. Hay que añadir que los estados, que forman el núcleo duro del sistema neocapitalista, se encuentran atrapados en unas contradicciones económicas y sociales insuperables. Una cifra rápidamente creciente de parados en todo el mundo y de trabajadores precariadizados van lastrando una sociedad incapaz del consumo necesario. El tono social es visiblemente pobre y la riqueza se concentra sobre sí misma hasta volverse imposible.

Los mismos centros de la dirección religiosa, que levantaron ideologías propulsoras de clases medias tan necesarias para ordenar y sostener enérgicamente las estructuras capitalistas –iglesias anglicanas, luteranas o extrañamente evangélicas– están vaciándose de capacidad de control. Por su parte una Iglesia tan importante como la romana está regida por un pontífice que ha iniciado un regreso enérgico hacia un cristianismo de realidades humanas por completo incompatible con las formas económicas de riqueza aún dominantes, aunque dramáticamente dominantes.

La economía habrá de girar desde unos objetivos financieros, con predominio del dinero como única mercancía absoluta, a unas finalidades humanas, y esto no solo por razones de justicia social, con ser moralmente fundamentales, sin por exigencias estructurales. Desde una práctica capitalista, la informatización de la producción llevará a dos puertos inservibles: una producción irracionalmente densa y sin posible consumo por un desempleo creciente y además de calidad –en un reportaje norteamericano hablaban de sus despidos directivos muy cualificados– y una autofagia empresarial con unas necesidades de capital imposibles de satisfacer sin la creación virtual de un dinero que por carecer de un origen real no permitirá el equilibrio monetario y generará un sobrepeso ruinoso en la dinámica capitalista.

Las contradicciones se acumulan y denuncian ya la eclosión masiva de paradojas que solamente una nueva civilización colectivista con su cultura correspondiente puede resolver.

domingo, 1 de marzo de 2015

DISCURSOS PERVERTIDOS

Los discursos pueden pervertirse porque no tienen propiedades intrínsecas, según mi profesor de análisis de discursos Eliseo Verón. Es decir, ningún discurso tiene sentido sino en el contexto de otros discursos, por eso no tenemos idea de lo que significan las pinturas llamadas rupestres, porque no conocemos sus contextos, es decir con qué textos adquirían sentidos cuando se pintaron. Cuando imaginamos ese sentido es porque lo interpretamos de acuerdo con nuestros actuales discursos, como Picasso.

El discurso de Charlie hebdo se encalamocó porque el atentado lo acorraló dentro del discurso cenagoso del terrorismo, en que nadie sabe quién es quién ni qué es qué. No habían sepultado a las víctimas cuando su discurso se asoció con el de los terroristas de Estado Sarkozy, Hollande, Cameron, Rajoy, Netanyahu, etc. Cualquier cosa que dijese estaba diabólicamente secuestrada por ellos, por irreverente que fuese.

El secuestro del discurso de Charlie hebdo pasó por dos masacres el mismo día. No me internaré en conjeturas sobre los reales autores de los atentados porque hay una maraña perversa allí, que pasa por el suicidio, en la madrugada siguiente, del segundo del equipo de investigación y la presencia intrigante de Jeannette Bougrab, una notoria militante de derecha, vinculada con el sionismo, que anduvo de plañidera al declararse unilateralmente viuda de Charb, el director asesinado de la revista. Digo unilateralmente porque ni el asesinado la mostró como su pareja de hecho ni la familia de él la reconoce como tal. Es demasiado avieso todo como para tener seguridad de nada, sobre todo desde tan lejos. Solo sé, en análisis discursivo, que cualquier cosa que el semanario diga está hipotecada por esa greña perversa, al punto de que, prudentemente, el semanario dejó de circular durante seis semanas.

Ah, porque la maraña pasa por el dineral que produjo la tragedia a un semanario en quiebra. La venta de ocho millones de ejemplares del «número de los sobrevivientes» que se hizo luego de la tragedia y de 2,5 millones de la edición del 25 de febrero, y un montón de donativos millonarios, añade más perversidad. Constituyeron fondos con ese dinero para los familiares de las víctimas y sobrevivientes heridos. Pero la codicia está a la orden para completar el trabajo de perversión. Son seres humanos sometidos al vaivén de los grandes aparatos de Estado involucrados y de sus propias debilidades.

Así pasa con el discurso internacional contra Venezuela. Los mismos aparatos que enrarecieron el contexto de Charlie hebdo ahora forjan el cuento de la dictadura. Filtran y pervierten los hechos para la telenovela de la tiranía.

Se encadenan los discursos de Washington con los del PP, el PSOE y Podemos, pasando por otros Estados súbditos para inventar la dictadura, cual hicieron con países que devastaron. Los venezolanos estamos evitando que nos devasten porque en las colas, donde hay chavistas y antichavistas, no hubo los desórdenes que instigó la oposición. Y el antichavismo no ha salido a marchar masivamente, como preveía el golpe. Es decir, solo un ínfimo grupo de venezolanos está en procura de la devastación. ¿Tú la quieres?

sábado, 25 de octubre de 2014

EL DESPERTAR DE LA CONCIENCIA CRÍTICA


Escrito por 

Reflexión sobre el despertar de la conciencia crítica del nuevo individuo Multidimensional.

Wright Mills en su libro “The Power Elite” (1.956) explica que el establishment en EEUU sería “el grupo élite formado por la unión de las sub-élites política, militar, económica, universitaria y mass media”, lobbys de presión que estarían interconectadas mediante “una alianza inquieta basada en su comunidad de intereses y dirigidas por la metafísica militar” y que siguiendo la estrategia del Nuevo Orden Mundial habría fagocitado las élites dominantes de todos los países que gravitan en la órbita de EEUU. Por su parte, Zbigniew Brzezinski, ex- consejero de Seguridad Nacional durante el mandato de Carter, en un artículo publicado en la revista Foreign Affaire (1970), expone su visión del “Nuevo Orden Mundial” al afirmar que “se hace necesaria una visión nueva y más audaz con la creación de una comunidad de países desarrollados que puedan tratar de manera eficaz los amplios problemas de la humanidad”, esbozos de una teoría que perfilará en su libro “Entre dos edades:El papel de Estados Unidos en la era tecnotrónica” (1.971).
En el citado libro aboga además por el control de la población por una élite mediante la “manipulación cibernética” al afirmar que “la era tecnotrónica involucra la aparición gradual de una sociedad más controlada y dominada por una élite sin las restricciones de los valores tradicionales, por lo que pronto será posible asegurar la vigilancia casi continua sobre cada ciudadano y mantener al día los expedientes completos que contienen incluso la información más personal sobre el ciudadano, archivos que estarán sujetos a la recuperación instantánea de las autoridades”, lo que anunciaría ya la posterior implementación del programa PRISM o del reciente “affaire Spyon” de la NSA..

Asimismo, en un discurso reciente durante una reunión del Council on Foreings Relations (CFR), el citado Brzezinski advirtió que “la dominación de las élites ya no es posible debido a una aceleración del cambio social impulsado por la comunicación instantánea que han provocado el despertar universal de la conciencia política de las masas (Global Political Awakening) y que está resultando perjudicial para la dominación externa como la que prevaleció en la época del colonialismo y el imperialismo”.

En consecuencia, tras el intento de controlar la nube mediante programas secretos como el citado Programa PRISM , en los próximos años asistiremos al final de la democratización de la información (siguiendo la senda emprendida por los llamados “países totalitarios”, mediante la imposición de leyes que prohíben el uso de determinados términos (en China, por ejemplo, "democracia" o "derechos humanos") para continuar con la implementación de filtros en los servidores de los ISP, de lo que sería paradigma el SmartFilter fabricado por la compañía estadounidense Secure Computing.

Así, según un estudio de la organización OpenNet (integrada por las universidades de Oxford, Cambridge, Harvard y Toronto), 25 países ejercerían la censura de webs con contenidos políticos o sociales “peligrosos” e impedirían asimismo el acceso a aplicaciones como YouTube o Google Maps aplicando sofisticados métodos de censura gracias a la colaboración de empresas occidentales, lo que tendrá como efectos colaterales la imposibilidad del acceso universal a la red en la próxima década y el retorno a sus orígenes de la Red de Redes al quedar Internet convertido en herramienta exclusiva de las élites políticas, económicas y militares, lo que de facto constituirá una deriva totalitaria y la implementación del déficit democrático como estigma recurrente de las llamadas democracias formales occidentales o “estilo Westminster”.
El despertar de la conciencia crítica
Hermann Hesse en su libro “El lobo estepario” (Der Steppenwolf,1.927), plasma el sentimiento de angustia, desesperanza y desconcierto que se apoderó de la sociedad europea en el período entre-guerras y es un lúcido análisis sobre la locura de una época en la que agoniza lo viejo sin que haya nacido lo nuevo. En dicha obra critica mordazmente la sociedad burguesa ( “la decadencia de la civilización”), dictadura invisible que anula los ideales del individuo primigenio y le transforma en un ser acrítico, miedoso y conformista que sedado por el consumismo compulsivo de bienes materiales pasa a engrosar ineludiblemente las filas de una sociedad homogénea, uniforme y fácilmente manipulable.

Así, Hesse define al burgués como “una persona que trata siempre de colocarse en el centro, entre los extremos, en una zona templada y agradable, sin violentas tempestades ni tormentas. Consiguientemente , es por naturaleza una criatura de débil impulso vital, miedoso, temiendo la entrega de sí mismo, fácil de gobernar. Por eso ha sustituido el poder por el régimen de mayorías, la fuerza por la ley y la responsabilidad por el sistema de votación. Es evidente que este ser débil y asustadizo, aun existiendo en cantidad tan considerable no puede sostenerse solo y en función de sus cualidades no podría representar en el mundo otro papel que el de rebaño de corderos entre lobos errantes…”.

Dichas reflexiones siguen vigentes casi un siglo más tarde, pues la entrada en recesión de las economías europeas ha implementado el estigma de la incertidumbre y la incredulidad en una sociedad inmersa en la cultura del Estado de Bienestar del mundo occidental, derivando posteriormente en un shock traumático al constatarse el vertiginoso tránsito desde niveles de bienestar hasta la cruda realidad de la pérdida del trabajo y posterior desahucio, inmersión en umbrales de pobreza y dependencia en exclusiva de los subsidios sociales, por lo que se antoja inevitable un proceso de catarsis y posterior metanoia colectiva.
El término Metanoia (del griego μετανοῖεν, metanoien), sería “un enunciado retórico utilizado para retractarse de alguna afirmación realizada y corregirla para enfocarla de la manera adecuada a un nuevo contexto “,lo que traducido a la actual coyuntura socio-económica, se traduciría como “transformar la mente para adoptar una nueva forma de pensar, con ideas nuevas, nuevos conocimientos y una actitud enteramente nueva ante la irrupción del nuevo escenario socio-económico ”, lo que implicaría la doble connotación de movimiento físico (desandar el camino andado) y psicológico (cambio de mentalidad tras desechar los viejos estereotipos económicos vigentes en la última década) y que tendrá como efectos benéficos la liberación de la parte indómita del individuo primigenio ( el lobo estepario) que ha permanecido agazapado en un recodo del corazón, sedado y oprimido por la tiranía de la manipulación consumista de la actual sociedad burguesa occidental.

En consecuencia, asistiremos a la aparición de un nuevo individuo reafirmado en una sólida conciencia crítica y sustentado en valores caídos en desuso como la solidaridad y la indignación colectiva ante la corrupción e injusticia imperantes y que bajo el lema “prohibido prohibir” generará un tsunami popular de denuncia del déficit democrático, social y de valores de la actual élite dominante e instaurará el caos constructivo que terminará por diluir el opiáceo inhibidor de la conciencia crítica (consumismo compulsivo) y provocar la necesaria metanoia de la que nacerá un nuevo individuo dispuesto a quebrantar las normas y leyes impuestas por la “monarquía de las tinieblas”, no siendo descartable la reedición del Mayo del 68 , el hundimiento del castillo de naipes mercantilista de la actual Unión Europea, el retorno a los compartimentos económicos estancos y el posterior diseño cartográfico de la nueva Europa de los Pueblos en el horizonte del próximo quinquenio.
GERMÁN GORRAIZ LÓPEZ- Analista

sábado, 26 de abril de 2014

LA MANIPULACIÓN MEDIÁTICA


por Pep Castelló
 
Sábado, 26 de Abril de 2014 00:04

Controlar los medios es controlar las mentes y controlar las mentes es controlar las conductas de las gentes. 
 
Si algo caracteriza a la época que estamos viviendo es el bombardeo mediático a que está sometido el pueblo. Nos llegan muchísimas más noticias de las que podemos atender, indagar y reflexionar. La mente no da para tanto y quizá por esa razón, o quizá porque pensar es cansado y aun peligroso, la gente se traga lo que le echan y lo digiere bien porque se lo dan aliñado con toda clase de entretenimientos.
Los medios de difusión se convirtieron durante el pasado siglo XX en el principal instrumento de manipulación mental de los pueblos. A los tradicionales carteles publicitarios, cuyos ancestros encontramos ya en el arte representativo de la antigüedad y más cercanamente en las pinturas murales de los templos medievales, se le sumó la palabra escrita y más tarde la voz a través de la radio y posteriormente la imagen en pantalla. Hoy son incontables los instrumentos de que dispone el poder para difundir su ideología.

En el lavado de cerebro que ese bombardeo mediático representa podemos sin duda hallar respuesta a la pregunta que se hace el sociólogo López-Aranguren en el vídeo cuyo enlace ofrecemos al pie [1] cuando dice: “¿Cómo puede ser que ocho millones de trabajadores en nuestro país voten PP?”.

Esa base ideológica inconsciente que late en las mentes de la población es el caldo de cultivo que hace fecundas la manipulación de noticias y las mentiras que los medios propagan, las cuales no tendrían ni de lejos el mismo efecto sin ese embotamiento mental programado que las custodia.
Es innecesario que señalemos los innumerables casos de ocultación y falsedad que transmiten prensa, radio y TV, pero como ejemplo podemos dar lo que el profesor Vicenç Navarro dice en el escrito cuyo enlace ofrecemos [2].

Esta manipulación mental que señalamos no sería posible sin la colaboración inconsciente de las personas manipuladas. El engaño es posible porque la persona engañada goza soñando las maravillas que el timador le ofrece, lo cual hace que renuncie de antemano a cualquier reflexión o análisis que pueda llevarle a rechazar eso que tanto le satisface. La gente busca el placer que envuelve a las mentiras, lo cual hace que los medios de difusión sean objetos de negocio tan codiciados como indica el escrito de Ignacio Ramonet [3].

Pero la población mundial no está formada tan solo por esa masa amorfa de mentes obstruidas sino que hay por fortuna en ella cantidad ingente de seres pensantes. Y por fortuna también esas mentes tienen a su disposición medios de comunicar sus conocimientos y reflexiones. Ahí están Facebook, Twitter, YouTube, blogs personales, etc., los cuales son fruto a la vez de la desmesurada necesidad que los opresores tienen de hacer negocio. A través de esas redes, las mentiras del poder van cayendo día a día [4]. Cabe pensar que dentro de un tiempo los poderosos habrán encontrado la forma de establecer filtros censores en esos grandes medios, pero de momento no les queda otra sino batirse en ellos con el pueblo.

En esta guerra sin cuartel que el capitalismo tiene declarada al mundo entero, son muchos los campos de batalla. Además de los medios de comunicación recién vistos tenemos los tradicionales, es decir las acciones personales directas, tales como manifestaciones, huelgas, etc. y la prensa veraz impresa y digitalizada. Prueba de ello nos la dan las múltiples publicaciones existentes que el gran capital no controla y que se sustentan por el esfuerzo de quienes las realizan. Entre tantos encomiables esfuerzos nos complace citar en el día de hoy el de la revista digital e impresa CAFEAMBLLET.COM, que ahora nos llega en edición impresa gracias a la financiación de aportaciones personales de sus lectores y a la tenacidad de quienes la realizan.

Una sola cosa es necesaria para poder dar la batalla en esta guerra: creer en aquello por lo cual luchamos. Creer en la posibilidad de vivir con justicia, en la igualdad de derechos y deberes para todo ser humano, en que podemos y debemos colaborar con el resto de la humanidad en hacer ese mundo de libertad y paz que anhelamos.

Solamente con una clara y bien reflexionada fe en los principios que señalamos podremos dar con alguna posibilidad de éxito la batalla. Mantengamos, pues, despierta la mente y abierto el corazón para que el espíritu que nos alienta nos sostenga. /PC

NOTAS
[1]        Manipulacion medios de comunicacion
[2]        Las falsedades de los mayores medios españoles en su cobertura de Ucrania
[3]        Ignacio Ramonet, “Todos bajo control”   
[4]        Thierry Meyssan, “Hacia el fin de la propaganda estadounidense”
[5]        Revista “cafèambllet.com”

martes, 15 de abril de 2014

VENEZUELA: LA BRUJULA DE LA HISTORIA


por Raúl Bracho
 
Martes, 15 de Abril de 2014 

Ser panfletario es para mí una obligación cuando hay refriega y batalla, darles luces y ánimos a los que luchamos por el mundo nuevo es mi mejor trabajo. Hoy, con esta poca de calma que tenemos, quisiera pedirles permiso para que lean otras cosas que escribo, siento y pienso, también.

La calma reina nuevamente, por ahora, no quiere decir que se acaben las batallas.

Pero hoy hemos vencido una tormenta infernal de sangre y fuego fascista, que nadie dude de la gran victoria.

Quiero aprovechar para publicar un texto, escrito por mí y publicado en el libro “Las venas del Imperio”.

Ser panfletario es para mí una obligación cuando hay refriega y batalla, darles luces y ánimos a los que luchamos por el mundo nuevo es mi mejor trabajo.
Hoy, con esta poca de calma que tenemos, quisiera pedirles permiso para que lean otras cosas que escribo, siento y pienso, también.

La Brújula de la crisis:

“La interpretación no corresponde entonces sólo a los análisis comparados de los hechos sucedidos, sino a la comparación con los hechos por suceder, que van brotando como imperceptibles semillas sobre el presente, con la fuerza indetenible del universo: la misma de un grano de maíz o del espermatozoide de cualquier adolescente, cargado de furia, de vida, de presagios y de la fuerza centrípeta que remoza a las especies. 

El norte y el sur tienen su historia, quizá más vale decir el norte y lo ecuatorial. Las grandes civilizaciones emergieron anteponiéndose a los climas estacionales del norte, el invierno obligó a Europa y a la Norteamérica a proveerse de sustentos o reservas, enseñó a guardar, almacenar y preservar recursos para sobrevivir en aquellos meses en que la nieve escondía al sol y su fertilidad, a los rebaños y su facilidad de brindarnos alimento. 

De esos tiempos nació seguramente la plusvalía, quien guardaba y podía ofertar alimento en los meses de escasez, aprendió muy pronto el concepto de la ganancia, que en su principio dependía siempre de la necesidad de los otros. Los comerciantes y caravaneros, andaban sobre dromedarios haciendo de las suyas: subían y bajaban de las tierras  tropicales al norte invernal para “comerciar” dátiles, sal, carnes saladas y todo aquello que fuese apetitoso en los meses de rigor.
El norte y el sur mantienen su relación a través de la producción y de la idiosincrasia que los diferenciaba. Aquellos aborígenes que habitaban las costas de centro y sur América, del África y la India, no temían a los inviernos. Sus años transcurrían en un constante y permanente disfrute de la generosidad de las tierras, peces, frutas, reses, aves y flores que eran algo constante, como lo son hoy. 

La carencia del norte se convirtió en invasión, en el dominio y la explotación del sur. El sur era el patio de las materias primas, aquí vinieron los norteños a proveer sus mercados y a desvalijar a otros hombres que vivían tranquilos y lejos de las angustias congelantes del tiempo del frío, que no desarrollaron su ser en máquinas sino en dioses, por no tener carencias materiales y que disfrutaban el día a día en tierras generosas que le proveían de alimento casi sin esfuerzo. De allí que el hombre del norte aprendió a trabajar mientras el del sur disfrutaba una temperatura, un clima y un medio ambiente que trabajaba para él. En el norte buscaban comida y riqueza mientras en el sur, colmado de abundancia se buscaba sentido y universalidad del ser.

La historia del hombre ha sido este desempeño de ultraje de los grandes imperios boreales hacia las plácidas civilizaciones del sol. Invasiones, dominaciones, ejércitos, degradaciones, asesinatos, sometimientos y explotación venían tomados de la mano de la feroz apetencia de riqueza y de poder en que había derivado el desarrollo de los países que se “desarrollaban”, manteniendo como víctimas a nuestros pueblos. Esto aparece en los anales de la historia: Carlo Magno, Cesar, Hitler, Bush son parte de esa historia. Los hombres del Norte tienen aún sus botas pisando nuestras tierras, tienes esbirros que defienden sus intereses y en todo el sur existen embajadas del imperio del dinero. 

La brújula, la que marca el rumbo a seguir ya no apunta al norte sino al sur. 

Las tierras milenarias donde creció la civilización son telúricamente tierras cansadas, superpobladas y dependientes de lo externo, son estériles o incapaces de auto sustentarse, hoy sufren una crisis no sólo económica, es una crisis global, es ecológica, es moral, es política, es total.

Hoy el sur se levanta insospechadamente. Ha llegado su hora. Difícil de ver inclusive por los pronosticadores de oficio, pero cada día el sur se crece como otrora crecieron los imperios, se une, como otrora se unieron Norteamericanos, asiáticos y europeos; pero los ojos cansados de sus analistas ni lo sospechan. Nadie sospechó de la caída soviética sino hasta ver a Gorbachov entregarse ante la historia, así son pocos los que vislumbran los pasos tan precisos con que la América Latina comienza a pasar a la vanguardia. Se unifica a pasos agigantados, demuestra en la OEA su ímpetu insometible y continuará avanzando. 

El sur ya no es el sur, ya las agujas de las brújulas nos señalan como norte del destino.

 Tierras vírgenes, despobladas, sin historias de imperios sino allá en las memorias ancestrales de nuestros indios, imperios de luz y de dioses, de amor y de hermandad. Se abren las puertas de la era para hacernos protagónicos del salto al futuro. Son todos los dioses que renacen hechos humanos y comienzan la marcha indetenible. 

El hombre comienza su historia en el África, en Etiopía, donde tenía todo, como lo tenemos en el sur, los motivos que le hacen emigrar al norte se pierden en la polvareda de los siglos. Hoy el norte está en crisis y el sur renace de sus cenizas. La más mínima algebra marxista es suficiente para predecir los sucesos que acontecerán, no se quedará la crisis en hombres despedidos y auxilios bancarios, falta lo peor, Norteamérica y Europa no sospechan la rebelión que se avecina: la histeria de las piedras de los hombres que quedan en las calles, rompiendo los cristales de las oficinas imperiales anunciarán el comienzo terrible de los tiempos de la ira, sublevados tomarán adoquines y antorchas  para incendiar al capitalismo inmoral, inhumano y cruel que los crucifica y condena a la deriva. 

Serán los cambios hacia un nuevo planeta. Un planeta integral. Norte y Sur serán lo mismo al final: el comienzo de la historia verdadera.”

¡Chávez vino a abrirnos los ojos, a enseñar el camino a la humanidad!

Tomado del libro: “Las venas del Imperio” de Raúl Bracho editado por la editorial Dictus Publishing y disponible en Obras de Raúl Bracho  en Amazon.es: 

 http://www.amazon.es/Libros/s?ie=UTF8&field-author=Ra%C3%BAl+Bracho&page=1&rh=n%3A599364031%2Cp_27%3ARa%C3%BAl+Bracho

sábado, 5 de abril de 2014

NECESARIA Y URGENTE LUCHA CONTRA EL PODR ADULTO, UN TRABAJO DE IÑAKI GIL DE SAN VICENTE

05.04.2014



Asistimos a una nueva oleada de luchas y movilizaciones de la juventud. Pero también asistimos a un endurecimiento del poder adulto, y lo que es un mal presagio, vemos cómo la izquierda revolucionaria apenas dedica esfuerzo alguno a su crítica radical, a su terrible eficacia en el control, vigilancia y represión de las ansias de libertad de la juventud en general y muy especialmente de la trabajadora.
«Se sobreentiende que aún no hay claridad teórica ni firmeza en el órgano juvenil y quizá nunca la haya, precisamente porque es un órgano de la juventud impetuosa, burbujeante, indagadora. (…) Una cosa son los adultos que confunden al proletariado, que pretenden guiar y enseñar a los demás; contra ellos hay que luchar despiadadamente. Otra cosa son las organizaciones de la juventud, que declaran de forma abierta que aún están aprendiendo, que su tarea fundamental es preparar cuadros de los partidos socialistas. A esta gente hay que ayudarla por todos los medios, encarando con la mayor paciencia sus errores, tratando de corregirlos poco a poco, sobre todo con la persuasión y no con la lucha. No pocas veces sucede que los representantes de las generaciones maduras y viejas no saben acercarse como corresponde a la juventud que, necesariamente, está obligada a aproximarse al socialismo de una manera distinta, no por el mismo camino, ni en la misma forma, ni en las mismas circunstancias en que lo han hecho sus padres. Por lo tanto, entre otras cosas, debemos estar incondicionalmente a favor de la independencia orgánica de la unión juvenil, y no sólo porque esta independencia sea temida por los oportunistas, sino por la esencia misma del asunto. Porque sin una total independencia, la juventud no podrá formar de sí misma buenos socialistas ni prepararse para llevar el socialismo hacia delante»
Lenin: La Internacional de la juventud, diciembre 1916

  1. Presentación
  2. Breve historia del poder adulto
  3. Surgimiento del concepto de poder adulto
  4. Qué es el poder adulto
  5. Cómo funciona el poder adulto
  6. Juventud revolucionaria e izquierda adulta

1. Presentación

Asistimos a una nueva oleada de luchas y movilizaciones de la juventud. Pero también asistimos a un endurecimiento del poder adulto, y lo que es un mal presagio, vemos cómo la izquierda revolucionaria apenas dedica esfuerzo alguno a su crítica radical, a su terrible eficacia en el control, vigilancia y represión de las ansias de libertad de la juventud en general y muy especialmente de la trabajadora. Movidos por esta situación recientemente se han celebrado debates en varios lugares, como en la Universidad de Filosofía de Valencia y en la Universidad Pública de Nafarroa, ambos organizados por la juventud independentista y socialista, así como también se ha recuperado esta reflexión en otros colectivos de debate teórico y político de Euskal Herria.

Hay que decir bien claro que si comparamos el esfuerzo teórico y político de la izquierda europea actual en relación a la explotación juvenil con el realizado por esta izquierda entre finales de la década de 1960-1970, si hacemos esta comparación, la actual queda ridiculizada en extremo, sobre todo considerando que la juventud trabajadora actual se enfrenta a un ataque capitalista más devastador que el de hace medio siglo.

Y la izquierda actual sale todavía peor parada si la comparamos con la de finales del siglo XIX y comienzos del XX, sobre todo durante la explosión de creatividad crítica en lo relacionado con la llamada vida privada, familiar y matrimonial, con la emancipación sexual de la mujer y de la juventud, con la crítica inmisericorde de la familia autoritaria, con el desarrollo de una pedagogía revolucionaria, etc., entre 1917 y 1933. Recordemos que fue este año en el que el nazismo tomó el poder y endureció al máximo la represión desencadenada una década antes por el fascismo, y aseguró definitivamente el posterior exterminio franquista de todas las conquistas sociales en estas cuestiones. De hecho, la izquierda de 1960-1970 se basó en los logros de este período anterior para sustentar los suyos.

Pero pasemos de la crítica a la izquierda en general en este aspecto tan decisivo, a la crítica de la izquierda independentista vasca. En efecto, si la izquierda en general ha sufrido un retroceso alarmante en la lucha contra el poder adulto, mayor ha sido el retroceso de la izquierda abertzale en esta cuestión. Aunque la juventud vasca está recuperándose rápidamente de los duros mazazos represivos sufridos durante los últimos años, demostrando una muy encomiable capacidad de reacción, debemos reconocer que globalmente se encuentra todavía lejos de desarrollar una implacable lucha de liberación contra el poder adulto.

2. Historia del poder adulto

El poder adulto es tan viejo como el poder en sí en toda sociedad basada en la explotación, opresión y dominación necesarias para mantener la propiedad privada de las fuerzas productivas. Dado que la primera y principal fuerza productiva es el ser humano, la formación de un ser humano dócil y obediente, que se deje explotar y que, a poder ser, facilite la explotación de otros seres humanos, crear semejante chollo para la minoría propietaria, es una necesidad imperiosa. Dos son las instituciones fundamentales precapitalistas que han cargado sobre sí la mayor parte de la tarea de producir docilidad: el poder patriarcal y el poder adulto.

Aunque el grueso de la investigación del libro coordinado por Ll. deMause (Historia de la infancia, Alianza Universal, Madrid 1991), trata sobre el duro, avasallador y violento trato dado a la infancia en la civilización occidental hasta el siglo XIX, también es cierto que los diez autores que exponen sus investigaciones ofrecen suficientes datos o indicios sólidos que muestran frecuentemente el insufrible trato adulto padecido por la juventud desde que existen fuentes históricas fiables. Las investigaciones muestran que, en contra de quienes sostienen la tesis del buen comportamiento de los adultos hacia la infancia, en realidad fue un comportamiento muy estricto, cruel y hasta asesino con frecuentes casos de infanticidio. Todo indica, además, que apenas había mejora sustancial en el trato cuando se pasaba de la infancia a la adolescencia y de aquí a la juventud.

También queda establecido de manera irrefutable que «en todas partes, en todo tiempo» han sido las niñas, las adolescentes y las jóvenes las que peores tratos han sufrido en comparación con los niños, los adolescentes y los jóvenes. Ello es debido a la fusión entre el poder patriarcal y el poder adulto, fusión de poderes que debemos descomponer analíticamente en cada situación concreta para proceder luego a su síntesis. De entre los miles de ejemplos que confirman lo revelado por este libro, podemos citar el de la radical denuncia que en 1879 hizo A. Bebel (La mujer y el socialismo, Akal, Madrid 1977) contra el sistema educativo burgués no sólo porque su objetivo es producir «trabajadores tontos» a partir de una juventud sometida a la ignorancia, sino también por los continuos abusos físicos en escuelas y colegios. Abusos físicos que no han desaparecido en modo alguno.

J. L. Murga (Rebeldes a la república, Ariel, Barcelona 1979) ha estudiado «las posturas rebeldes pacíficas y violentas» de la juventud en la Antigüedad greco-romana, rebeldías que se daban incluso en los períodos de florecimiento económico porque: «bajo el barniz brillante de la riqueza y del poder, el espíritu joven intuye el dolor y la injusticia». A pesar de las represiones que sufren los jóvenes temprano o tarde renacerá la semilla rebelde: «Morirán los jóvenes contestatarios, se aplastará quizá el descabellado movimiento rebelde, pero la semilla volverá a aparecer repentinamente - trasvasada en otra religión, en una escuela filosófica o, incluso, en una mera postura republicana arcaizante- como una esperanza que rebrota cuando menos se esperaba: en los poetas, en los sabios, en los espíritus elevados».

Uno de los episodios de rebelión juvenil más implacablemente reprimido fue el movimiento báquico en la Roma republicana el siglo –II, minuciosamente investigado por J. L. Murga. M. I. Finley (El nacimiento de la política, Crítica, Barcelona 1986), también ha estudiado este movimiento juvenil, que en sí es un impresionante y terrorífico ejemplo de lo que es el poder adulto en funcionamiento: la ejecución de varios miles de jóvenes del movimiento báquico en la Roma del -186, la mayor parte de ellos pertenecientes a las clases trabajadoras; las mujeres fueron asesinadas en el escondido secretismo de sus familias. M. L. Finley muestra cómo actuó al unísono el conjunto de poderes parciales romanos hasta descubrir y matar a miles de personas en defensa del orden establecido. Roma no disponía de un aparato policial en el sentido burgués, pero su sistema represivo era muy eficiente, sobre todo contra la mujer joven vigilada en todo momento.

Comenzando sus investigaciones desde la Edad Media, R. Muchembled (Una historia de la violencia, Paidós, Barcelona 2010) desmenuza el conjunto de métodos, sistemas, amenazas, castigos y recompensas mediante los cuales los poderes burgueses en ascenso fueron aplacando, desviando, reprimiendo e integrando las múltiples formas de violencia juvenil, de resistencia pasiva o activa, material o simbólica de la juventud hasta comienzos del siglo XXI en las barriadas empobrecidas. Sin recurrir al concepto de poder adulto, el autor muestra cómo en cada época el poder presionaba a las familias campesinas, artesanas, trabajadoras y obreras para que intervinieran activamente en la represión de las complejas resistencias juveniles y de sus formas violentas. El autor explica la desaparición casi total de los asesinatos cometidos por jóvenes desde 1945, pero sostiene que crecen las formas de resistencia mediante bandas juveniles: «constituyen la forma moderna de expresión de un poderoso descontento juvenil frente al mundo de los adultos y de la sociedad establecida».

Fue en este largo período cuando se generalizó el mito del «instinto maternal», mito básico de la familia autoritaria. Entre otras muchas investigadoras, Elizabeth. Badinter (¿Existe el amor maternal?, Paidós, Barcelona 1981) ha demostrado que el tal «instinto» es una construcción ideológica de la familia burguesa en ascenso y Norma Ferro (El instinto maternal o la necesidad de un mito, Siglo XXI, Madrid 1991) ha demostrado cómo fue creado durante la génesis de la dominación social y psicológica de la mujer por el hombre. El supuesto «instinto maternal» es inculcado en las mujeres desde su nacimiento y reforzado siempre mediante toda clase de triquiñuelas, artimañas y engaños. Que no exista ese «instinto» en cuanto tal no significa que no exista amor materno-filial, sino que este debe ser evaluado desde criterios no patriarco-burgueses sino socialistas. El poder adulto utiliza el «instinto maternal» para fusionar la dominación sexo-afectiva de las jóvenes con la reproducción del capitalismo. Del mismo modo que el lenguaje machista abusa de la palabra «Amor» que «encubre un conglomerado heteróclito» según Rosa María Rodríguez Magda (Femenino fin de siglo, Anthropos, Barcelona 1994), para manipular y confundir los sentimientos sexo-afectivos.

En el contexto de resistencia juvenil reciente, lo máximo a que llega la pedagogía «progresista» en lo que concierne al papel de la institución familiar «no autoritaria» en la educación de la juventud es a los consejos que ofrecía a finales de la década de 1960 A. S. Neill (Hijos en libertad, Altaya, Madrid 1999) a los atribulados padres y madres sobre los actos de «rebeldía de la adolescencia», consejos destinados a evitar que sus hijas e hijos no cayeran en la delincuencia y en las drogas, pero en absoluto para ayudarles a que desarrollaran una conciencia crítica y solidaria, libre, suficientemente formada para que tuviesen una visión político-juvenil de sus problemas y perspectivas de vida futura. La pedagogía mostrada en este texto puede inscribirse plenamente en la muy valiosa aportación realiza en aquellos mismos años por P. Brückner («Sobre la patología de la desobediencia», Psicología política, Barral Editores, Barcelona 1971) cuando se preguntó: «¿Qué es lo que realmente pretenden nuestros esfuerzos pedagógicos y políticos: tranquilidad o libertad?».

Constatamos con alarmada tristeza la capacidad de recuperación del poder adulto para contraatacar y vencer a la emancipación revolucionaria de la juventud releyendo ahora a R. Vaneigem en su clásico texto editado en 1967, justo antes de las barricadas del mayo francés (Tratado del saber vivir para uso de las jóvenes generaciones, Anagrama, Barcelona 1977), cuando al final del libro reproduce un trocito de la carta de los Sans-Coulottes a la Convención, del 9 de diciembre de 1892: «¿Os reís de nosotros? No os reiréis por mucho tiempo». Pues bien, el poder adulto pudo recuperarse de los ataques de la juventud revolucionaria de 1960-1970 y terminar riéndose de ella.

Recordemos que estos tres últimos textos fueron escritos a finales de los años 60 cuando aún no se había iniciado el sistemático ataque monetarista y neoliberal contra la juventud trabajadora y popular, ataque que se iniciaría en su globalidad en 1973, aunque con significativos adelantos parciales en algunos países. La recuperación del poder adulto, la derrota de la oleada de luchas juveniles a las que se refería R. Vaneigem fue facilitada por la nueva estrategia represora del neoliberalismo, uno de cuyos objetivos centrales era y sigue siendo el de generalizar la pasividad, la indiferencia y el desinterés político de las masas explotas y de su juventud. Fue en este mismo 1973 cuando D. Sibony («De la indiferencia en materia de política», Locura y sociedad segregativa, Anagrama, Barcelona 1976) recurrió a la expresión «figura del Amo» para mostrar cómo la negación de la dialéctica entre deseo y política sólo acarrea el desinterés pasivo de las masas. Dos décadas después la figura del Amo tomaba forma en Berlusconi, presidente electo de Italia gracias al apoyo adulto y en medio de una contestación juvenil muy fuerte.

La figura del Amo, la dependencia inconsciente hacia la autoridad protectora, es tanto más fuerte y está más arraigada en lo profundo de la estructura psíquica de masas, en la medida en que estas sufren una precarización creciente de su existencia. Precariedad y fragilidad emocional van unidas. Por esto, el neoliberalismo se lanzó a fragilizar los sujetos sociales para que no pudieran oponer resistencias coherentes y estratégicas, como demostraron Julia Varela y F. Álvarez-Uría (Sujetos frágiles, FCE, México 1989). El dilema entre tranquilidad o libertad se ha agudizado con la fragilidad creciente de la vida social. Un ser social frágil optará por la tranquilidad en detrimento de la libertad. La fragilidad es inseparable de la inseguridad existencial, del miedo, de la ansiedad y de la angustia cotidiana, y es por esto que amplias franjas sociales sacrifican sus libertades para disponer de mayor seguridad policial y judicial que tranquilice su vida y expulse de ella la inseguridad y todas las formas de temor.

G. Kessler (El sentimiento de inseguridad, Siglo XXI, Argentina 2009) ha estudiado el proceso de construcción desde el poder de la inseguridad colectiva en Argentina, aunque sus tesis son de aplicación general en lo básico, descubriendo que «los jóvenes aparecen en general como el grupo más victimizado y el que menos temor expresa, mientras que con los adultos mayores sucede lo contrario». El autor sostiene que el concepto de vulnerabilidad es decisivo para comprender la inseguridad adulta, y en especial la de las mujeres jóvenes ante el riesgo de violencia sexual en cualquiera de sus formas y ante el trato que recibirán si la denuncian. Fragilidad, inseguridad y vulnerabilidad presionan fuertemente para sacrificar la libertad a favor de la dura ley tranquilizadora. En la medida en que la juventud opta por la libertad es marginalizada, perseguida y criminalizada.

La fragilidad del sujeto juvenil obrero y popular es una necesidad imperiosa de todo capitalismo y en especial del contemporáneo. O. Jones (CHAVS. La demonización de la clase obrera, Capitán Swing, Madrid 2012) ha estudiado cómo la demonización del proletariado pasa inevitablemente por el ataque a su juventud, criminalizándola y marginalizándola lo más posible, condenándola al paro y al subempleo estructural en barriadas desindustrializadas podridas por el narcocapitalismo sospechosamente introducido en masa y apenas perseguido por la policía. Y en medio de este contexto, echándola de sus zonas de vida cotidiana, de donde ha crecido y en donde se ha formado colectivamente: es decir, desarraigándola interna y externamente, condenándola al nomadismo urbano a la búsqueda de un empresario que les explote en un trabajo-basura.

El término de nomadismo urbano juvenil también es empleado por G. Standing (El precariado, Pasado&Presente, Barcelona 2013), cuando analiza quienes son los colectivos concretos que sufren con mayor daño la precarización creciente. Sostiene con razón que en primer lugar son las mujeres y en general todas las personas que de un modo u otro ven profundamente cambiadas sus condiciones de existencia cotidiana, incluidas las sexuales y afectivas, la masculinidad en el caso de los hombres. Sobre la juventud dice que si bien siempre se ha incorporado al trabajo en una situación precaria, en la actual fase capitalista la precarización y la flexibilización son mucho más largas que lo requerido para formarse en el trabajo, yendo unidas a peores condiciones salariales y sociales: «los jóvenes se resienten de la inseguridad», de la fragilidad de sus condiciones de malvivencia.

3. Surgimiento del concepto de poder adulto

Una de las primeras veces en las que se utilizó de manera no sistemática el término de «poder adulto», que nosotros sepamos, fue justo a finales de los años 90 y comienzos del siglo XXI durante unas reflexiones en sectores de la izquierda independentista vasca, siendo a finales de febrero de 2001 cuando este concepto aparece ya explícitamente teorizado en un largo texto sobre Poder adulto, prensa de ocupación e independencia juvenil a libre disposición en internet. En esta época se debatía sobre un conjunto de problemas que afectaban cada vez más a la juventud vasca, como fue el ataque a la juventud gasteiztarra analizado en el texto Gaztetxe de Gasteiz y poder adulto, de agosto de 2001, también disponible en internet.

Al final de los años 90 se endureció aún más la represión, el Estado adaptó su doctrina represiva para «movilizar a la sociedad civil», a la «ciudadanía democrática» contra la izquierda independentista, reactivando grupos fascistas; eran tiempos en los que nuevas formas de drogadicción golpeaban a la juventud a la vez que la reciente implosión de la URSS y el auge económico espurio del ladrillazo, el dinero barato y la especulación financiera parecían haber acabado definitivamente con lo «peor» del capitalismo para quedar definitivamente sólo lo supuestamente «bueno» de este sistema explotador. Todo ello en un contexto ideológico de flatuidad intelectual, de banalidad y snobismo superficiales aupados sobre las modas post, sobre la fácil palabrería post-modernista, post-marxista, post-estructuralista.

Dentro de esta coyuntura que muchos creían que era el definitivo contexto de lo que se empezaba a denominar «post-capitalismo» basado en la «economía cognitiva» e «inmaterial», parecía de locura alucinada empezar a estudiar qué era el poder adulto y qué función clave jugaba en la explotación capitalista. Conviene recordar lo que sucedió después, a comienzos del siglo XXI, con la arremetida imperialista tras el 11-S de 2001 - diseñada con anterioridad a esta fecha, no hay que olvidarlo-, con las ilegalizaciones de los movimientos y partidos abertzales, con la prolongada euforia burguesa por las sobreganancias financieras, con la victoria de Zapatero en 2004, con la hecatombe definitivamente desencadenada en 2007, etcétera.

Mientras que en sectores del independentismo vasco se debilitaba la larga y fructífera tradición del debate organizado, fuerzas revolucionarias internacionales, algunas de ellas integradas en el Movimiento Continental Bolivariano bajo la influencia de pensadores como Narciso Isa Conde y otros, recuperaron este imprescindible concepto. También fue debatido en pueblos oprimidos por el Estado español como Galiza y Països Catalans, lo que hizo que en 2010 se redactase un resumen de lo reflexionado hasta entonces, Poder adulto y emancipación juvenil disponible en internet, texto que fue la base para otro encuentro en 2014. Por fin, después de trece años ha vuelto a debatirse en Iruñea, la capital de Euskal Herria, en marzo pasado, y sólo muy recientemente un prestigioso colectivo dedicado a la investigación y debate teórico-político, y a la divulgación pedagógica de sus conclusiones, ha decidido volver sobre la actualidad del poder adulto. Algo es algo.

Era necesario este rápido repaso porque no es lo mismo hablar del poder adulto en la Euskal Herria de 1998-2001 que en la actual, y menos aún es lo mismo hacerlo en las naciones y clases explotadas ahora por la burguesía española. Los tres lustros transcurridos se caracterizan por un empeoramiento brutal, inmisericorde, de las condiciones de vida de la juventud trabajadora y popular. Siendo el mismo poder adulto en su naturaleza, algunas de sus características internas y muchas de sus formas externas se están transformando rápidamente para realizar mejor su función.

Sin embargo, como hemos dicho arriba, la mayor parte de la izquierda abertzale, su gran mayoría, no es consciente del poder real controlador y represor del poder adulto-burgués. Hoy por hoy, la izquierda abertzale apenas lucha contra este instrumento de opresión porque desconoce no solo lo que es el poder adulto en sí mismo a lo largo de la historia, sino que ni siquiera tiene conciencia de que existe como tal. Solamente colectivos y movimientos muy localizados y relativamente pequeños mantienen la lucha teórica y práctica contra partes precisas del poder adulto, como la sexualidad patriarco-burguesa y su violencia terrorista, pero apenas contra la familia autoritaria, pieza clave del poder adulto; tampoco se mantiene una lucha radical contra el sistema educativo adulto, y menos aún contra la ideología patronal que, según veremos, en el componente decisivo del cemento ideológico del poder adulto.

Hemos de insistir en que a pesar de haber transcurrido muchos siglos desde las luchas juveniles en la Antigüedad, y de que ahora estamos en otro modo de producción muy diferente al esclavista, siendo esto cierto no lo es menos que existen tres grandes constantes básicas que se mantienen a pesar de los cambios: una, la eficaz pervivencia adaptativa del poder adulto; dos, sus conexiones con el poder patriarcal, dotado de la misma capacidad adaptativa; y tres, la eficacia de ambos para movilizar grandes fuerzas reaccionarias y represivas volcadas en primera instancia contra la juventud y contra la mujer, pero también contra el conjunto de las clases trabajadoras. A lo largo de los sucesivos modos de producción, tanto el patriarcado como el poder adulto han sabido recuperarse de sus derrotas parciales, incluso han sabido adaptarse a y subsumirse en los nuevos modos de producción. De hecho dos de los más fiables indicadores de que un proceso revolucionario empieza a pudrirse en sus propias entrañas es la recuperación del poder patriarcal y adulto.

4. Qué es el poder adulto

En el texto citado arriba -Poder adulto, prensa de ocupación e independencia juvenil- se ofrece una definición que sigue siendo válida y que vamos a intentar completar con este añadido: el poder adulto es el conjunto vasto, tentacular y generalmente invisible de relaciones de poder mediante el cual la clase dominante, gerontocrática por lo común, castra el potencial emancipador y creativo que late en la juventud, convirtiéndola en una masa amorfa, manipulada y pasiva en su gran mayoría, marginando y criminalizando a la minoría no manipulable.

La marginación de esta minoría se logra mediante determinadas tácticas como el empobrecimiento y la precarización, con el paro juvenil permanente; con la drogodependencia como arma de exterminio biológico y enclaustramiento carcelario, lo que oficialmente se denomina «delincuencia social»; con la potenciación de modas, costumbres y «tribus» que buscan quedarse fuera de la vida social burguesa, modas a las que se les toleran sus guetos porque en realidad son funcionales a la reproducción del sistema adulto capitalista.

La criminalización también afecta a áreas de la marginalidad juvenil, y cada vez más, pero opera sobre todo contra los colectivos juveniles que avanzan en su conciencia revolucionaria y en su autoorganización al margen de la «izquierda» reformista que ha interiorizado buena parte de los fundamentos adultos. El poder adulto va ampliando el proceso que va desde el control social a la represión pasando por la vigilancia en la medida en que más y más sectores juveniles se emancipan de la alienación que sufren, se organizan y se suman a las luchas existentes, y muy especialmente abren frentes de lucha específicamente juveniles. Como veremos, el poder adulto dispone de sofisticados medios de control social para detectar lo antes posible los primeros signos de malestar y rebeldía juvenil.

La marginación y criminalización de la juventud trabajadora y popular van en aumento porque es el único recurso que tiene el capitalismo para impedir que el malestar juvenil objetivo que nace del impresionante desempleo, subempleo, empobrecimiento, precarización, falta de perspectivas de futuro, prolongación de la vida en el domicilio paternal en estas condiciones con los efectos que ello acarrea, incremento de la represión sexual, etcétera, avance hasta plasmarse en conciencia subjetiva, revolucionaria. En estas condiciones, el poder adulto activa todos sus instrumentos de control, vigilancia y represión, de alienación e incluso de oferta de falsas alternativas que únicamente favorecen al sistema.

Cometemos un serio error con graves consecuencias políticas si menospreciamos la capacidad de control y alienación del poder adulto sobre todo en situaciones de crisis, su capacidad de adaptarse en algunas cuestiones mientras que en otras practica una represión selectiva contra los sectores más concienciados o incluso más amplia como en las represiones de manifestaciones y actos y las detenciones intencionadas o aleatorias de participantes, o en la disciplina laboral con el despido fulminante en el trabajo submergido, o en el trabajo legal con sus contratos-basura que el explotador puede rescindir con cualquiera de las miles de excusas que le permite la ley.

El poder adulto ha creado una especie de burbuja flexible en grado sumo que impide a la mayoría de la juventud crear por ella misma una visión de futuro que no sea la burguesa, de forma que muchos jóvenes envejecen sociopolítica y éticamente antes de ser adultos porque ha sido castrado su potencial para autoorganizarse y crear una visión no adulta. El adulto, dicho a grandes rasgos, no se caracteriza por su edad sino por su apatía e indiferencia intelectual y creativa, por su incapacidad siquiera de imaginar el potencial de la heurística, cualidad imprescindible para la emancipación humana. El adulto no piensa en base a la relación presente-futuro sino sólo en la de pasado-presente, a lo sumo llega a imaginar el futuro como el presente continuo mejorado en sus formas pero intocable en su identidad eterna. Lo nuevo desquicia y atemoriza al adulto porque lo viejo es la esencia de su presente.

La maleable flexibilidad de la burbuja que envejece en vida a la juventud adquiere tantas formas como necesidades tenga el poder adulto para reproducirse. Desde las amplias libertades consumistas de la juventud burguesa hasta las modas intelectuales que distraen a la juventud «inquieta», pasando por la gris y anodina vida diaria de la masa juvenil trabajadora que deambula como un zombi en un mundo que no entiende pero que lo ve como el único posible pese a sufrirlo. Atrapada en este universo cerrado, asfixiante e incomprensible el grueso de la juventud cree que las alternativas posibles son las que el sistema adulto le ofrece, sean legales, alegales o ilegales. Por si fuera poco, en muchos casos el sistema suele mostrar comprensión y tolerancia con los «deslices juveniles» producidos de esa «enfermedad que se cura con el tiempo» que se identifica con «el acné juvenil» de la juventud «fogosa e inexperta», que «sentará cabeza» con los años, pues todos los adultos la hemos sufrido incluso con alguna «añoranza»: «¡si tuviera treinta años menos!».

Ahora bien, en la medida en que las contradicciones del capitalismo destrozan la normalidad idílica y ficticia, multiplicando las tensiones e injusticias, en esta medida tienden a aumentar los grupos juveniles críticos. Solamente cuando se llega a este punto de ebullición social podemos estudiar seriamente cómo funciona el poder adulto porque del mismo modo en que solo la crisis sistémica descubre qué es el capitalismo, también solo la crítica práctica juvenil descubre qué es el poder adulto. En realidad, el nivel de malvivencia de la juventud obrera y popular empezó a deteriorarse bastante antes de la crisis de 2007, pero era un empeoramiento apenas visible aunque real, por lo que muy pocos colectivos juveniles y todavía menos de los adultos de izquierda, levantaron la voz contra el ataque capitalista.

5. Cómo funciona el poder adulto

El poder adulto capitalista funciona en estrecha conexión con otros poderes burgueses, y mantiene relaciones de autonomía relativa con respecto al Estado. Sintetizándolo mucho, los otros poderes que refuerzan al adulto son: el patriarcal, el educativo e ideológico, el religioso, el laboral-empresarial y el estatal, que es en realidad el centralizador estratégico de todos ellos. El Estado es a la vez el punto de bóveda y la piedra basal del sistema en su conjunto.

Hay que decir que estos poderes o sub-poderes concretos están integrados en el sistema total de dominación, opresión y explotación capitalista, un sistema cualitativamente superior que engloba y dota de sentido a los sub-poderes citados, integrados en el poder de clase del capital. No son, ni pueden serlo, sistemas de explotación independientes y ajenos a la lógica de la acumulación ampliada del capital: es esta la que le determina estructuralmente en las grandes líneas de evolución, y nunca a la inversa.

En sentido general, la interacción permanente entre poder adulto capitalista y sistema patriarco-burgués es decisiva para garantizar la producción de fuerza de trabajo adecuada a las necesidades productivas. Incluso cuando se rompen las unidades familiares por divorcio de los padres, o por cualquier otra razón, quedándose hijas e hijos bajo la autoridad de las madres, incluso en estos casos no desaparece del todo el poder patriarcal dentro del poder adulto al ser sustituido por el poder maternal libre ya de la insoportable presencia del padre. Y no desaparece del todo porque el sistema patriarco-burgués es una fuerza social objetiva profundamente anclada en la estructura psíquica dominante, en la ideología y en la cultura dominantes, y por desgracia también en muchas mujeres. Tampoco debemos olvidar que alrededor de esas «nuevas familias» uniparentales femeninas, en su círculo envolvente, domina abrumadoramente el sistema patriarcal.

La institución familiar no puede ser definida al margen del modo de producción existente en ese momento, y al margen de las ideas políticas, sociales, religiosas, económicas de los padres y madres que dirigen esa familia en la medida de sus posibilidades. La familia del comunismo primitivo era totalmente diferente a la familia capitalista, lo mismo que lo han sido las de los modos tributarios, esclavista y feudal. En las sociedades basadas en la propiedad privada de las fuerzas productivas, la familia es uno de los elementos claves en la reproducción de esa forma injusta de propiedad, injusta y oprobiosa; pero en estos modos de producción explotadores también existen algunas familias no autoritarias, familias que se enfrentan a la opresión, que intentar educar una juventud progresista y revolucionaria.

Aunque el poder educativo e ideológico está dado en la esencia misma del poder adulto y patriarcal en todas las épocas, ahora nos referimos tanto a los aparatos estatales y paraestatales, con todas sus gamas intermedias, de educación e ideología, como a las empresas pequeñas o grandes de la industria cultural con sus intereses empresariales propios, incluidos los negocios religiosos de drogadicción espiritual. En este marco de análisis, por educación entendemos el proceso inacabable de adoctrinamiento en los valores de la civilización del capital, que es más que en los valores del modo de producción capitalista. Dado que la civilización es la síntesis social de un modo de producción, los valores de los sub-poderes que facilitan su reproducción ampliada -adulto, patriarcal, educativo, religioso, etcétera,- son también componentes de esa síntesis, de esa civilización. Ahora bien, lo fundamental desde la perspectiva histórica no es la civilización en sí sino la matriz social que asegura internamente la reproducción del modo de producción, en nuestro caso el capitalista. Pues bien, el sistema educativo-ideológico burgués se entronca en la matriz social capitalista mediante la diaria e invisible efectividad del poder adulto reforzado por el poder patriarcal.

Patriarcado, educación e ideología facilitan sobremanera el ágil desarrollo de la explotación empresarial. El poder adulto no solo garantiza que la impronta de la sumisión inconsciente al capital arraigue férreamente en la estructura psíquica de las clases y naciones explotadas en los decisivos tiempos de la socialización primaria, sino que además garantiza luego que el orden adulto tal como lo hemos definido arriba sea aceptado acríticamente como el único posible y razonable, no como el menos malo de entre varios, sino como el único posible y por tanto necesario e incuestionable. La ideología que mitifica al empresariado y denigra al pueblo trabajador es utilizada durante la educación infantil, adolescente, juvenil y adulta como la virtud en sí misma dentro de la síntesis social capitalista, acompañada en escalones más bajos por valores precapitalistas como el sacerdocio, la carrera militar, la nobleza, honores y cargos de toda índole dados con liturgias feudales y tributarias, etcétera.

El poder adulto, además de educar a la juventud en la suprema virtud burguesa, el empresario triunfador, también se sostiene en este mandato ético y axiológico en cuanto que su existencia misma depende de la aceptación de la dictadura del salario, es decir, el poder adulto sabe que su supervivencia depende de la explotación asalariada presente y futura, cuando la juventud deba dejarse explotar o deba buscar un empresario que lo explote, aceptando sus leoninas condiciones. Para asegurar su supervivencia, el poder adulto ha de comportarse con sus hijos e hijas como un empresario especial: exigiendo la máxima productividad cultural y simbólica en los estudios y en la vida cotidiana para obtener más adelante el máximo salario posible.

Aunque las hijas e hijos se «independicen» formalmente de la unidad familiar, en la mayoría inmensa de los casos los lazos de obediencia paterno-filial perviven disfrazados de «amor filial» capitalista a los padres. Estos lazos de dependencia afectiva presionan para que la hija y el hijo ansíen «triunfar en la vida» y padezcan una sensación de «fracaso vital» si no lo lograron. La sensación de fracaso les lleva a estos a multiplicar las presiones sobre sus correspondientes hijos e hijas para que al menos «triunfen» ellos. Se establece así una cadena intergeneracional de dominación ideológica burguesa basada en la exigencia de «triunfar en la vida» según el modelo empresarial, o al menos de no «fracasar».

Mientras que los servicios públicos, los salarios diferidos, la asistencia social para reducir la pobreza o mantenerla congelada, y los salarios menos injustos, es decir, el keynesianismo y el mal llamado Estado del bienestar (¿?) han estado vigentes, en estos decenios el poder adulto ha reducido el contenido económico de la familia trabajadora, que es una de las tres formas de la familia patriarco-burguesa como institución central en la reproducción capitalista. Pero con los ataques a las conquistas sociales descritas, con la privatización generalizada, la familia trabajadora ha de volver a cargar sobre sí funciones económicas directas e indirectas. Lo mismo sucede con la familia pequeñoburguesa y de «clase media» que deben suplir con su trabajo doméstico los recortes económicos y sociales. Solamente la familia burguesa puede mantenerse libre de estas cargas.

Del mismo modo, las nuevas tareas culturales, formativas, de reciclaje técnico y científico, de sumidero y colchón de las crecientes frustraciones psicológicas, afectivas y sexuales causadas por las formas de vida inherentes a la financiarización de la sociedad, estas y otras funciones no solo no han desaparecido ni debilitado por la crisis, sino que se han incrementado y en las peores condiciones imaginables al no disponer de los recursos sociales públicos del keynesianismo, al aumentar la precarización de la vida, el empobrecimiento, etcétera. Las familias trabajadoras son las más golpeadas por estos cambios que multiplican las tensiones intrafamiliares tradicionales de una institución como la familia patriarco-burguesa, y a la vez añaden tensiones nuevas que surgen de las nuevas formas de explotación flexible generalizada y muy en especial de la precarización definitiva de la existencia.

El cristianismo, en su versión católica, es un sólido anclaje simbólico del poder adulto. Decimos simbólico más que material porque la lenta laicización de la sociedad va penetrando con enervante lentitud en la vida cotidiana de la familia autoritaria, en la que el poder material de la drogadicción religiosa va cediendo. Sin embargo no desaparece su poder simbólico que es permanentemente reforzado por la alianza Iglesia-Estado. La religión cristiana tiene uno de sus mitos más irracionales en la Sagrada Familia patriarcal, autoritaria, racista y asexuada. Este mito está profundamente enraizado incluso en personas laicas y hasta agnósticas con cierta cultura eurocéntrica porque expone uno de los principios fundadores que la civilización del capital adaptó y subsumió procedentes de civilizaciones precapitalistas, lo que demuestra su efectividad en el mantenimiento del orden simbólico de la familia patriarcal en la historia. Sin embargo en la matriz social capitalista este mito, como el irracional dogma de la Virgen María, sólo coadyuva muy superficialmente a la reproducción ampliada.

Un ejemplo de la efectividad simbólicamente castradora de la irracionalidad de la Sagrada Familia y de la Virgen María lo tenemos en las resistencias tenaces y hasta fanáticas del poder adulto y del sistema patriarcal a permitir la libre práctica de la sexualidad emancipada de las jóvenes, infinitamente más controlada que la de los jóvenes. Las reaccionarias «asociaciones de padres de familia», apoyadas por la alianza Iglesia-Estado, son sub-poderes obsesionados por multiplicar la infelicidad y la miseria sexo-afectiva de la juventud mediante el terror ético-moral inherente a la liberticida política antisexual del cristianismo. Y eso que solo nos hemos limitado a la parte del consentimiento por el poder adulto del ejercicio seguro y libre, consciente, de la sexualidad juvenil. La siempre triste y frecuentemente trágica miseria sexual y afectiva de la juventud -abortos ilegales, nacimientos no deseados, enfermedades venéreas, ignorancia del poder liberador de la sexualidad, miedos profundos, creciente machismo juvenil con tópicos falocéntricos violentos y racistas, etcétera- exige de una intensa pedagogía sexo-afectiva que también debe realizarse en el interior de las familias: ¿cómo reaccionará el poder adulto cuando se empiece a exigir la práctica que esta imprescindible pedagogía?

6. Juventud revolucionaria e izquierda adulta

Como advertía Lenin, la juventud ha de aprender por sí misma, ha de descubrir ella misma su camino al socialismo. Los adultos sólo podemos aconsejarles para que no cometan los errores que nosotros cometimos, para que los eviten y no los repitan. Siguiendo este premonitor y sabio consejo leninista, cuyo desprecio ha acarreado funestas consecuencias a las izquierdas en sus relaciones con la juventud revolucionaria, aquí solo adelantamos algunas reflexiones críticas sobre las relaciones entre la izquierda adulta y la juventud revolucionaria.

Primera: la juventud ha de pedir cuentas al poder adulto por sus errores, cobardías y pasividad, por sus traiciones en los momentos decisivos de lucha en los que los adultos abandonaron, se rindieron o incluso colaboraron con el sistema explotador. La juventud obrera y popular malvive hoy debido en gran medida a la cobardía, egoísmo y pasividad de sus padres, que no se enfrentaron al sistema cuando este les atacó, que no lucharon por ellos ni por sus hijas e hijos hasta vencer. En los casos en los que sí hubo resistencia, y fueron muchos aunque desconocidos, la juventud ha de saber por qué apenas les han contado aquellas luchas, sus lecciones negativas y positivas, por qué no les han transmitido la memoria de lucha y de heroísmo, y la conciencia que a ella va unida. La juventud ha de saber que sus madres y padres sufrieron derrotas honrosas, las que a pesar de todo generan ilusión y ánimo de seguir luchando, de transmitir dignidad y orgullo; mientras que las derrotas deshonrosas son aquellas que se producen por cobardía, por egoísmo.

Segunda: la juventud debe generar una conciencia política y debe luchar contra todo apoliticismo. La política, en su sentido revolucionario, es la síntesis de la conciencia de libertad y de los medios necesarios para lograrla. Hay que saber que son las personas llamadas apolíticas las que deciden el resultado último de todo conflicto social, desde los más pequeños a los más grandes, porque el apoliticismo es la expresión más sibilina e invisible del poder alienante de la política contrarrevolucionaria. Pero politizar la vida juvenil es abrir un permanente campo de batalla en el interior de la cotidianeidad familiar, laboral, estudiantil, social en su conjunto, ya que es chocar frontalmente con la política adulta y con su careta apoliticista. Más temprano que tarde la politización juvenil se enfrentará a las reacciones de las fuerzas «progresistas» y «soberanistas» aliadas con la izquierda revolucionaria, con la excusa de que el radicalismo juvenil «espanta votos», «aleja a sectores menos concienciados», divide con reivindicaciones «no urgentes», etcétera.

Tercera: la politización de la vida juvenil ha de girar alrededor de tres ejes básicos, como mínimo: la propiedad, el poder y el deseo. Los tres confluyen en el criterio decisivo de independencia juvenil del poder adulto. En la medida en que la juventud no asuma la necesidad de esta independencia, en esta medida nunca podrá emanciparse. Pero llevadas a su radical coherencia, las tres cuestionan lo esencial del poder adulto: la propiedad colectiva de la juventud sobre sí misma niega la propiedad capitalista, adulta y patriarcal; el poder juvenil revolucionario niega el poder estatal reaccionario que es la forma más concentrada y decisiva del poder adulto-burgués; y el deseo, es decir, la conciencia de libertad como necesidad deseada vitalmente en pleno sentido, como deseo de felicidad y autorrealización plena, niega el deseo burgués basado en la renuncia abierta o encubierta de la felicidad como ideal de lucha. La política del deseo juvenil es el deseo juvenil de la política, algo inaceptable por cualquier poder adulto, también de la izquierda biológica y mentalmente envejecida.

Cuarta: la independencia juvenil sólo puede pensarse, sentirse y desearse en la lucha misma por conseguirla, pero ello obliga a la izquierda adulta a reabrir antiguos campos de lucha abandonados hace tiempo porque sólo así puede ayudar a la juventud mediante dos avances: uno, al reabrir aquellas luchas abandonadas recupera una memoria teórica imprescindible que la juventud ha de actualizar y enriquecer; y otro, hace un necesario ejercicio de autocrítica frente a la juventud revolucionaria al reconocer que ella, la izquierda adulta, los ha dejado de lado por diversas razones que debe explicar. La inagotable capacidad juvenil no puede desarrollarse si desconoce el pasado de lucha de otras organizaciones juveniles anteriores, de sus logros, conquistas y derrotas honrosas. Los silencios y olvidos de la izquierda adulta con respecto a lo que hizo cuando fue joven fortalecen al sistema opresor. El silencio es reaccionario, la verdad es revolucionaria.

Quinta: la izquierda adulta tiene miedo a la verdad en todo lo relacionado con la lucha juvenil aunque diga apoyarla. Lo hace en la medida en que esa juventud renuncia a su independencia y acepta una simple autonomía tolerada por la izquierda adulta, cuyo afán oculto o abierto es atarla a su «aparato juvenil» interno, supeditado no solo a su burocracia sino sobre todo a la mentalidad adulta de esa izquierda. Un punto decisivamente crítico en el afán burocrático de sujeción de la juventud es el de la pedagogía del derecho humano elemental a la rebelión contra la injusticia. Una constante de la izquierda adulta es la relativización de ese derecho, o su negación práctica con la excusa de que ya no es necesario el ejercicio de la rebelión, de que la «desobediencia civil pacífica» y las «vías democráticas» no son las mejores vías sino las únicas aceptables. El poder adulto siempre ha negado el derecho/necesidad juvenil a la rebelión, y la izquierda pacifista no hace sino reforzar los efectos demoledores que la renuncia al derecho elemental a la rebelión causa en la conciencia juvenil.

Sexta: la izquierda en proceso de envejecimiento mental y político ha de aceptar que la insurgencia juvenil es un necesario proceso complejo, múltiple e interactivo en sus tácticas variadas, práctica necesaria para la formación de cuadros revolucionarios de edad adulta pero de mentalidad joven. Sin insurgencia juvenil nunca se rejuvenecerá la izquierda que se dice revolucionaria. Una juventud obediente y mentalmente envejecida reproducirá los valores adultos aunque en su forma «democraticista» pero nunca revolucionaria. La izquierda debe ayudar a la rebelde emancipación juvenil impulsando todas aquellas conquistas sociales que aceleren su independización: domicilios o casas subvencionadas para que las y los jóvenes rompan con la cárcel de la familia autoritaria y vivan colectivamente, en comunas o de cualquier otra manera. El espacio convivencial libre de ingerencias controladoras siempre ha sido una necesidad radical de todas las juventudes ya que es en ese espacio libre en el que ella aprende de sus errores y de sus aciertos.

Séptima: nunca la izquierda adulta ha comprendido la importancia central de los espacios juveniles libres. Una señal alarmante de estancamiento y retroceso de las revoluciones es la del aumento de las restricciones legales para crear comunas juveniles, o peor la de su clausura. Estas restricciones van unidas al lento o rápido restablecimiento del poder patriarcal y de su familia tradicional, al estancamiento o retroceso de las libertades sexo-afectivas, artísticas, culturales, pedagógicas, etc., políticas en suma. En la sociedad capitalista, la pasividad de la izquierda adulta en la conquista de espacios convivenciales libres se muestra en la muy tímida política urbanística, sobre la vivienda, sobre la propiedad del suelo, sobre la ayuda a la iniciativa juvenil, etc. La izquierda apenas se atreve a intervenir sobre las viviendas desocupadas con criterios democrático-radicales en beneficio de la juventud y de cualquier familia o persona necesitada. La izquierda siente pánico cuando se le plantea racionalizar con varemos democrático-radicales el irracional mercado de la vivienda y el poder de las constructoras y de la banca.

Octava: pero la conquista de espacios convivenciales libres del poder adulto directo, además de una necesidad imperiosa en sí misma, debe ir acompañada de otra serie de conquistas socioeconómicas que garanticen materialmente la independencia juvenil para poder embarcarse en experiencias comunales o de vida en pareja, o individual. La disponibilidad de un salario lo menos injusto posible, seguro, etcétera, es un requisito previo o paralelo a la vida colectiva. Del mismo modo, la democratización educativa y cultural, la formación sexo-afectiva libre y responsable, el restablecimiento de las libertades ahora reprimidas, los medios de prensa juvenil interactiva y crítica, estas y otras necesidades juveniles urgentes deben ser impulsadas por la izquierda. Debe hacerlo respetando la independencia juvenil, proponiendo y argumentando pacientemente y sobre todo mediante la pedagogía del ejemplo, nunca buscando imponer y menos aún utilizando esas propuestas como anzuelos para atrapar a jóvenes introduciéndolos en el cesto del «aparato juvenil del partido».

Novena: la izquierda debe asumir que semejante cambio radical en la intervención estratégica le generará tensiones con fuerzas «progresistas» aliadas con las que tiene pactos electo-institucionales que, según se dice, exigen cierta «moderación en el discurso». Llegados a un nivel preciso de acción política sistemática en ayuda a la lucha juvenil, la izquierda debe ser consciente del dilema al que se enfrenta: o emancipación juvenil o votos adultos. Del mismo modo toda opción incondicional por el gradualismo electo-institucional y pacífico siempre termina ante el dilema entre lucha de clases o voto reformista, lucha independentista o voto autonomista, lucha antipatriarcal o voto patriarcal, lucha de masas en la calle o voto institucionalista, etcétera, del mismo modo en que este dilema termina surgiendo, otro tanto ocurre en el apoyo a la emancipación juvenil. La izquierda puede intentar torear, sortear el dilema con oportunas maniobras tácticas pero al final le será imposible mantener esa calculada ambigüedad.

Y décima, la juventud revolucionaria tiene la virtud de la coherencia, de la sinceridad y de la verdad. Cualquier izquierda que manipule, tergiverse, posponga u oculte el ejercicio práctico de la verdad abrirá un abismo insondable entre ella y la juventud militante. Algunas lo hicieron hace tiempo y por eso han desaparecido o están en proceso de desguace. Otras lo acaban de abrir y no parecen dispuestas a corregir ese error suicida.