viernes, 21 de junio de 2013

Estupendo artículo de nuestro compañero El Revolucionario Escarlata
que abunda en nuestras sospechas y temores (sin olvidarnos de las
legítimas reclamaciones de pueblo brasileño) que ya expresamos aquí .
Las profusas protestas
extendidas por el gigante sudamericano, superpotencia emergente de
considerable crecimiento económico dentro de un régimen que tiende al
cambio social y al progreso, pero en el marco de una política que no
deja de ser burguesa estructuralmente, y muy contradictoria en su
praxis, merece un análisis sometido a la aprobación o al rechazo de
quien lo lea y comparta.
Se afirma que el
detonante de las manifestaciones ha sido el aumento del precio del
transporte público en Sao Paulo y Rio de Janeiro, algo que sin duda
escandaliza cuando se está empezando a familiarizar un pueblo con unas
mejoras características de un modelo posneoliberal que se consolida. El
camino iniciado por Lula, gran amigo del Comandante Chávez, para superar
amplias brechas entre clases en lo relativo a niveles de vida fue, sin
embargo, duramente criticado por intelectuales de izquierda,
sindicalistas y movimientos sociales, bien por insuficiente, bien porque
no rompía con tradicionales esquemas capitalistas que generaban
conflictos con países vecinos por causa de intereses de empresas
transnacionales brasileñas, bien porque, como denunciaba el MST, no se
estaba desde el Gobierno federal por la labor de resolver el problema
del justo reparto de la tierra, un problema que, por cierto, persiste en
esta etapa actual, liderada por Dilma.
La miseria, cierto es,
empezó a decrecer con el antecesor de Rousseff y el empleo empezó a
subir, a pesar de que se denuncie un grado de inestabilidad laboral que
no debería ser encubierto por los datos oficiales. Hablamos de un modo
de gobernar basado en el asistencialismo reformador o reformista más que
en un proyecto en la línea del llamado socialismo del siglo XXI.
En la integración del
Brasil en la institucionalidad, suponemos que en no pequeña medida,
supranacional, impulsada por el bolivarianismo venezolano, el Ejecutivo
encabezado por Rousseff ha desempeñado un rol fundamental, pero no por
ello se ha abstenido de hacer gala de un inoportuno pragmatismo a la
hora de valorar públicamente situaciones golpistas y/o
desestabilizadoras (el caso paraguayo es el más sangrante) en alguna
nación hermana y vecina cuyo pueblo necesitaba más apoyo y solidaridad
que indiferencia y desviaciones de miradas.
La lucha a favor de la
no impunidad por crímenes cometidos bajo el régimen de Ernesto Geisel,
del que la propia Dilam fue víctima, la crítica no hipócrita de cuánto
queda todavía en Brasil por mejorar el campo de los derechos humanos, y
el cálido acercamiento fraternal, no injerencista, a Cuba, son ejemplos
de que la diplomacia brasilera demuestra signos de habilidad que merecen
elogios, por más que el Partido dos Trabalhadores no se aproxime a
posiciones revolucionarias.
Un alto índice de
criminalidad, organizada y común, problemas relacionados con el
narcotráfico, la débil protección de la Amazonía, una prensa corporativa
muy agresiva y déficits de sanidad, educación, vivienda e inclusión
social, pesan negativamente en la balanza de los deberes que no han sido
todavía finalizados. El ingente gasto en la preparación de la Copa
futbolística de Confederaciones y de los Juegos Olímpicos de Verano de
2016 pueden, efectivamente, ser vistos como despilfarro, aunque tengan
la finalidad de mejorar la imagen internacional de Brasil.
Pero
ni las viejas grandes potencias desarrolladas ni la reaccionaria
oligarquía local, proclive a acercamientos peligrosos a la órbita de
Washington y sus intereses imperiales regionales, van a desaprovechar lo
que ahora sucede en territorio brasileño si pueden utilizarlo en contra
de la importancia gradual brasileña en el ámbito macroeconómico.
De la Europa atrapada en la recesión podemos decir lo mismo, ya que,
además de aliada incondicional de Estados Unidos, contempla con recelo
el papel de líder sudamericano de una República que hasta mantiene
relaciones comerciales-militares con Venezuela y Rusia para modernizar y
fortalecer su armamento (el brasileño, evidentemente), e inclusive con
China, el temido (por algunos) coloso asiático.
Es este alineamiento del
Brasil con otras naciones ascendentes, no en vano es parte integrante
del grupo de los BRICS, lo que más preocupa a sus enemigos nada
contrarios, como se sabe, al imperialismo.
No podemos negar que hay
una fuerte base de indignación justificada en el descontento expresado
por las masas populares en las principales urbes brasileñas. Como de
costumbre en escenarios similares son sobre todo los jóvenes los que
llevan la voz cantante, por ser los más vulnerables a comportamientos
erráticos cometidos por y desde el Poder establecido. Engrosan las filas
de los decepcionados comunistas, anarquistas y gente sin ideología
definida. Estos últimos son los más manipulables y los más expuestos a
manipulaciones por parte del astuto derechismo que persigue sacar jugosa
tajada de la problemática.
He oído decir en algunos
foros que examinan lo que ocurre en la hoy importantísima ex colonia
portuguesa que si no hay una clara organización que se presente como
alternativa al statu quo y que aglutine las insatisfacciones de los más
desfavorecidos, el conservadurismo saldrá a corto plazo victorioso por
activa o por pasiva.
Es lo peligroso de los
fenómenos que se vienen dando en los últimos años en contextos
diferentes pero metidos en el mismo saco por Falsimedia y por grupos de
presión. ¿La gente se echa masivamente a las calles por inducción
visible o subliminal de retorcidos laboratorios de ingeniería social, o
es que estamos ante una extendida y repetitiva desorientación que, a la
larga, perjudicará aún más a la lucha de orientación transformadora que
tanta falta hace?
Todo lo que no sea una
nueva “revolución” de colores no inspira desconfianza excesiva, mas
debemos distinguir en todo momento la utilidad de la radicalización en
el seno de la mayor parte de una sociedad concreta de la
instrumentalización de reivindicaciones llevada a cabo por los sectores,
nacionales y extranjeros, más retrógrados.
No falta tanto para el decisivo año 2014. ¡Cuidado con los pescadores en revueltas corrientes fluviales!
¿A quién favorece todo
esto una vez admitido, juicios edificantes aparte, que un levantamiento
ejemplar para colectivos genuinamente contestatarios jamás va a ser
teletransmitido por los defensores del presente orden mundial?
Sospechosas y cargantes como siempre, la abundancia de mascaritas de Guy Fawkes/Anonymous en este enorme berenjenal.
Nadie tiene la verdad categórica.