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martes, 6 de enero de 2015

TTIP: EL GOLPE DE ESTADO QUE VIENE


martes, 6 de enero de 2015

 
Todo crítica contra el TTIP será censurada porque irá contra el "bien común", todo aquel que disienta del TTIP será apresado porque irá contra el "bien común", una subida de salarios determinada será ilegal si va contra los intereses económicos del "bien común", un cambio favorable en las condiciones de trabajo será ilegal porque irá contra el "bien común". El "bien común" será, es, el Mercado capital-imperialista. Eso es lo que preparan de manera secreta.

Ni los medios y sus perrodistas, ni el gobierno ni los politicastros procuran noticias sobre el nuevo crimen que se está gestando contra los pueblos si por crimen entendemos lo que será la implantación total de un sistema absolutista y dictatorial sin ningún atisbo de disidencia al que seguirán llamando "democracia". Nos dirán que eso ya existe, pero lo que existe, aún tolera que escribamos esto. Lo que viene, no. Esa será su última "revolución industrial" porque está vinculada a la crisis final del capitalismo
 

miércoles, 1 de enero de 2014

" QUE LE METAN UN TIRO A ALGUNOS DE LOS CULPABLES DE LA CRISIS ES UNA MINAMA VIOLENCIA COMPARADA CON LA QUE ELLOS HAN PROPICIADO"



 01.01.2014

Es muy difícil convivir con una situación en la que cada día mueren 100.000 seres humanos en el mundo, al mismo tiempo que los ricos, son más ricos, y que los gobiernos no administran los recursos para el bien común, sino para favorecer precisamente a esos poderes económico-financieros que nos han llevado a la actual crisis, reflexionó en La Trapera de Radio San Borondón el prestigioso escritor y periodista, Alberto Vázquez Figueroa.

Vázquez Figueroa tiene claro que esta situación va a llevar a un estallido social, por eso ha venido diciendo desde hace algunos meses que es mejor que la violencia, que tarde o temprano saldrá a flote porque la situación cada día es más desesperada, recaiga en los políticos y los banqueros que nos colocado en la actual situación y no sea generalizada.

“Que le metan un tiro a uno o dos de los culpables de generar la crisis es una mínima violencia en comparación con la extrema violencia de las políticas que se están haciendo y que conllevan tanta pobreza y que mueran en todo el mundo tantos miles de personas” dijo para expresar que si no ejercemos esa mínima violencia contra la corrupción a la que se está llegando, podremos lamentar luego que lleguemos a una corrupción tan extrema que genere una guerra civil.

Explicó que hace algunos años propuso un proyecto a la FAO para poder alimentar a gran parte de la población de Somalia que estaba sufriendo los rigores de una letal hambruna. Al respecto, dijo que se trata de un país con muchos kilómetros de costa, con posibilidades muy amplias en la zona más al norte, que antaño fue un vergel, pero que se ha ido desecando por culpa de los efectos del cambio climático.

En este sentido, dijo que diseñó un sistema para aprovechar la fuerza de los vientos que vienen del Océano Índico, a través de unos molinos de viento muy normales y muy baratos, que se encargarían de subir agua al sistema montañoso que ocupa una franja de unos 700 km, para desalarla y posteriormente dejarla caer por las montañas, convirtiendo aquella zona nuevamente en un vergel, con lo que solo habría que llevar a sus habitantes del desierto en el que están muriéndose por millones a esa zona norte recuperada, en la que se podrían plantar diferentes cultivos, tener animales y dar de comer a esa población.

Vázquez Figueroa explica que fue citado por representantes de la FAO en un Chalet en las afueras de Madrid: “Había allí una comilona espectacular que me hizo pensar que esta gente se cuida muy bien. Cuando empezamos a hablar de mi proyecto, vi que la única preocupación de todos los que estaban allí es que llegaban unas elecciones y podían perder su puesto en la organización, sus tarjetas de crédito, sus coches y tenían que empezar a buscar dónde podían enchufarse”.

“Les importaba un pimiento lo que yo les estaba diciendo sobre cómo podíamos intentar que no murieran tantos niños y que no se pasara tanta hambre” narró el prestigioso escritor, quien entiende que estas son las cosas que no se pueden permitir.
 

FRENTE AL AÑO 2014....LA VIOLENCIA ENGENDRA VIOLENCIA



Miguel Rodero.

La crisis ha agravado las diferencias sociales, ha incrementado la pobreza y genera situaciones de drama y angustia social. Ante el aumento de la pobreza y la falta de recursos el estado, presunto responsable del bienestar de todos los ciudadanos, se escuda en organismos anacrónicos y lamentablemente necesarios como Cruz Roja, Caritas o tantas y tantas ONG´s y asociaciones, promoviendo la sustitución de los derechos sociales por la caridad, en muchos casos sin respetar la dignidad de las personas.

Las difíciles situaciones personales se han convertido en un espectáculo para TVE y su programa “Entre todos”, en negocio para entidades bancarias con sus créditos rápidos que convierten una situación difícil en una situación crítica, en mofa para empresarios que piden mayor flexibilidad laboral mientras no pagan a sus trabajadores y en insostenibilidad para los ciudadanos que padecemos la crudeza de vivir esta dictadura encubierta en la cual la protesta se encuentra de  frente con la represión.

Tras 6 años de incesante y sangrante crisis económica, en España nada funciona mejor, no se han establecido mecanismos para que esto no pueda repetirse, se está utilizando de excusa para lograr propósitos ideológicos, institucionalmente se apuesta por aumentar la brecha entre clases y se erradican los derechos sociales y las libertades individuales. En definitiva estamos pasando de ser ciudadanos a ser esclavos.

Preferimos engañarnos y pensar que somos una sociedad más avanzada  de lo que pueden serlo en otros países como Afganistán o cualquier tierra lejana de la que solo conocemos lo que nos dicen unos medios de comunicación domesticados y fieles al régimen, sin embargo estamos peor que ellos, ya que vivimos engañados por unos trileros que han confeccionado una sociedad al más puro estilo Matrix y donde nuestra capacidad para decidir está absolutamente condicionada a unos intereses que nunca coincidirán con los que realmente son beneficiosos para la mayoría de la sociedad.

Pero algún día las mentiras ya no serán sostenibles y la rebelión será una realidad, y entonces cuando los ciudadanos adornemos los arboles con políticos colgados, cuando el congreso y el senado se conviertan en salas de ejecuciones, se nos tachara de violentos, pero; ¿acaso no es violencia los más de 3.100 suicidios registrados y “ocultados” en España solo en el año 2010 como consecuencia de la crisis?, o ¿no es violencia los 216 desahucios diarios que se ejecutan en España durante el año 2013 mientras 3,4 millones de viviendas permanecen vacías?, ¿o tampoco es violencia la indefensión de los 300.000 afectados por las preferentes?, ¿tienen consideración de violentos quienes permiten que más de dos millones y medio de niños sufran malnutrición en nuestro país? ¿Acaso no es terrorismo permitir la ya conocida pobreza energética que ha producido 1.400.000 cortes de luz por impagos en España?…

En definitiva felices fiestas y fuerza para que en el 2014 continuemos luchando contra el genocidio económico.

domingo, 29 de diciembre de 2013

LA CONSECUENCIAS DE LA REFORMA LABORAL: LA " McDONALIZACIÓN" DE ESPAÑA, UN ARTÍCULO DE FRANCISCO SIERRA


Un profesor de Derecho Constitucional llevó por la mañana temprano a su hija al colegio: estaba muy contenta, porque la tarde anterior había jugado con los otros niños en clase de teatro a representar un día de compras en el “centro comercial” y había tenido todo el rato la tienda llena; “¡hasta he tenido que ir a por más cosas!”, aseguraba con entusiasmo. Estas Navidades las multitudes abarrotan los grandes almacenes y una fiebre consumista parece haberse apoderado de la agobiada población. Los que aún conservan su trabajo han adormecido por un tiempo su conciencia y se dedican a gastar sus ahorros, confiando en que las previsiones sean ciertas y, después de tantos años de crisis, por fin llegue el esperado crecimiento.

Lo que temen muchos es que la ligera mejoría de los indicadores económicos solo beneficie a algunos, a los de siempre, cada vez más ricos y frívolos, mientras los demás se ven de nuevo empobrecidos. La marea de los despidos parece que no va a cesar nunca: todos los días al profesor le contaban nuevos casos de conocidos arrojados al paro (el cuñado del peluquero, el cocinero de aquel renombrado restaurante, la ayudante del dentista…).

Al profesor, en casi todos los lugares a los que acudía de forma habitual, era raro el día en que no le consultaban sobre las consecuencias de la previsible nueva reforma laboral. Después de la clase, un estudiante le preguntó si era legal que le cambiaran los turnos; en la cafetería, también estaban inquietos ante la posibilidad de que otra empresa se hiciera cargo de la contrata y variaran las condiciones de trabajo. Para la mayoría de los ciudadanos, un jurista sabe de todo, cuando en realidad la especialización del sistema jurídico actual le lleva a dominar apenas algunas partes de la rama a la que se dedica y el profesor solo poseía conocimientos muy generales de la legislación laboral.

Pero todos pueden advertir, sin necesidad de grandes estudios, las devastadoras consecuencias que ha tenido la reforma en este ámbito: la amenaza, aun velada, del despido sirve para que se acepte cualquier limitación de unos derechos, recortados en muchos casos y, cuando aún se conservan, de casi imposible cumplimiento. Un sociólogo norteamericano hace unos años detectó en la evolución del mundo contemporáneo una tendencia hacia la “McDonalización de la sociedad”, la “racionalización” y uniformización de la vida colectiva, y lo que entonces podía verse solo como metáfora, fruto de una burda exageración, hoy se ha convertido en realidad.

Las élites europeas parecen haber confundido “modernización” con “McDonalización”, con la pérdida del modelo de Estado social característico de Europa y la progresiva asimilación al nada “ejemplar” paradigma norteamericano, en el que coexiste la obscena ostentación de riqueza de algunos con la extrema pobreza de los más desfavorecidos por la fortuna. Nuestras sociedades son cada vez más desiguales e incluso en estos tiempos de penuria los más poderosos han aumentado sus ingresos, mientras sectores enteros de las clases medias se han visto arrojados a la calle, en sentido literal, perdiendo su empleo, su casa, incluso la vida en los casos extremos.

En nuestro país ese proceso de “McDonalización” ha tenido lugar en apenas unos años y los españoles, que nos burlábamos de los chinos, vestidos todos en tiempos de la “revolución cultural” con el mismo traje “mao”, hoy podríamos vernos fielmente representados con nuestra gorrita y nuestro uniforme de empleados de establecimiento de comida rápida, porque España se ha convertido en una gigantesco “McDonald’s”, donde todos desempeñamos nuestro trabajo en las precarias condiciones de ese tipo de negocios. De la misma forma que al empleado de esa cadena, según relatan los periódicos, si exige sus derechos, se le solicita la devolución de las prendas de su indumentaria y se le señala la puerta de salida, al ciudadano que se atreve, con timidez, a reclamar unas mínimas garantías se le despide de inmediato y se le expulsa a la vía pública.

Con la propuesta reforma de la ley de seguridad ciudadana, los excluidos no podrán ni siquiera mostrar su descontento ante el temor de que se les impongan unas sanciones administrativas desmesuradas. Para que no se pueda protestar contra la “inseguridad” laboral, se endurece la “seguridad” ciudadana. Un estudiante, comentando los propósitos del Gobierno, razonó: “Están cambiando la ley para que nadie se atreva a manifestarse, porque las cosas se van a poner mucho peor”.

Algo más tarde, la misma mañana, el profesor presenció en el colegio de su hija el festival navideño de todos los años y pudo disfrutar viendo a la niña cantar villancicos tradicionales para terminar coreando con todo el público la marcha Radetzky, la pieza favorita de las élites del declinante Imperio Austro-Húngaro (una unión política tan compleja y problemática como nuestro Estado de las Autonomías) que asistían, despreocupadas, a sus alegres conciertos de valses y polkas, poco antes del estallido de la guerra y el desmembramiento irreparable de ese reino milenario.

Fuente: http://www.cuartopoder.es/soldeinvierno/las-consecuencias-de-la-reforma-laboral-la-mcdonalizacion-de-espana/3648

martes, 17 de diciembre de 2013

" EL TELÉFONO MÓVIL ES UN DISPOSITIVO DE VIGILANCIA DEL ESTADO"


Richard Stallman, una de la referencias mundiales del software libre acusa a los grandes programas de tener "puertas traseras" para controlar al usuario.


Richard Stallman (Nueva York, 1953) está considerado el padre del software libre. En la década de 1980, rompió con su puesto en el Laboratorio de Inteligencia Artificial del Instituto Tecnológico de Massachusetts (MIT). Y comenzó a desarrollar programas que derivaron en el sistema operativo Linux o en las licencia Copyleft. GCiencia entrevista a este neoyorquino horas antes de que dé en Vigo una conferencia que promete agitar conciencias…

-¿Qué es lo que denomina el software privativo?

- Es  el que priva de la libertad a sus usuarios. La meta del movimiento para el software libre es la liberación del ciberespacio para todos. Si los usuarios no tienen el control del programa, es el programa el que tiene el control de los usuarios. Y el dueño controla todo el conjunto. Es una gran injusticia.

-Y también, en su opinión, un peligro…

- Un peligro porque, frecuentemente, los programas privativos tienen funcionalidades concebidas para abusar de los usuarios. Hay funcionalidades malévolas que se crean deliberadamente para hacer daño. Algunas espían, otras restringen la información y hay puertas traseras que aceptan comandos desde otros, como el dueño del programa, para hacer cosas al usuario sin pedir su permiso.

-¿En qué programas podemos encontrar este software dañino?

- Son muy comunes, se conocen bien. En Windows, en Flash Player, en Mac Os, en Angry Birds… en el Kindle de Amazon y el software de casi todos los teléfonos móviles, no sólo en los smartphones. En todos los teléfonos hay una puerta trasera universal por la cual es posible convertir el aparato remotamente en un dispositivo de escucha.

“Hay que recobrar la soberanía informática; el software privativo daña la seguridad nacional”

-¿Qué hacen los estados ante las grandes compañías?

- Generalmente, contentar a las compañías del software privativo. Cuando los estados deberían apostar por el software libre para recobrar la soberanía informática del país. Porque usar un programa privativo en el Estado es someterlo al dueño del programa. Y si se usa en asuntos críticos, perjudica la seguridad nacional. Porque el dueño tiene el poder sobre ese programa.

-Usted defiende el software libre como vital en la escuela…

- Porque todos los centros educativos deberían enseñar el software libre. Enseñar un programa privativo es implantar dependencia en el público. Esto va en contra de la misión social de la escuela.

 ¿Y por qué el software privativo ofrece copias gratuitas a las escuelas? Son como traficantes de drogas que entregan la primera dosis gratuitamente. Para implantar la dependencia en la gente. Luego, tendrán que pagar. Si la escuela rechaza la droga aunque sea gratuita, debe rechazar el software privativo, aunque sea gratuito.

-Sostiene también que se pierde talento…

- Por supuesto, porque hay que educar a los mejores programadores. Hay programadores natos, con un talento especial desde los 10 a los 13 años. Se encuentran fascinados con la informática. Y, si usan un programa, quieren saber cómo funciona. Pero, si les preguntan a sus profesores, les dicen que no lo saben, que es un secreto, porque es privativo.

-El secreto está en el código fuente…

- Si ves el código fuente, lo comprenderás todo… Pero no permiten que los estudiantes lo vean. Así es más difícil que salgan buenos programadores. Y se impide a los ciudadanos aprender a distinguir qué código no es claro, qué código puede ser malicioso…

-Junto a los programas, entran en las escuelas nuevos dispositivos, como las tabletas que sustituirán a los libros…

- Y ya se ve venir que, con las tabletas y lectores de libros en las escuelas, se prohibirá a los estudiantes compartir los libros de texto digitales. Y esto es un crimen. Porque debería pagarse al autor del libro de texto por su obra y que, luego, ésta pueda ser distribuida libremente. Son obras básicas. Pero quieren que paguemos por todas y cada una de las copias, en lugar de pagar por la obra completa. Va a haber menos libertad que con cualquier libro impreso. No se podrán pasar de unos a otros.
“De las redes sociales, Twitter es menos malo; recomiendo no ser usado por Facebook”

-¿Es el software libre menos seguro?

- Al contrario. El software libre suele tener buena seguridad, aunque en ningún caso es perfecto. Pero un programa privativo tiene seguridad cero contra su dueño. El dueño tiene el poder de introducir las funcionalidades malévolas hasta las puertas traseras que someten totalmente al usuario. Y los usuarios siempre están indefensos ante el dueño del programa.

-Ponga un ejemplo en un software popular…

- Windows tiene una puerta trasera universal. Microsoft tiene el poder de introducir a distancia cualquier cambio de software en Windows sin pedir permiso al usuario, al dueño de la computadora. Microsoft colabora, además, con la NSA de EEUU [agencia de inteligencia nacional]. Cuando descubren errores en Windows que perjudican la seguridad informática informan al NSA antes de corregirlo para que puedan atacar cualquier computadora.

-¿Ha recibido presiones de la gran industria del software?

- De vez en cuando me acusan de ser comunista, y no lo soy. Es decir: mienten. Pero ataques físicos nunca he recibido. Pero hay mucho dinero en el software privativo. Y frecuentemente emplean ese dinero para comprar estados.

-Usted no usa redes sociales, ¿se puede vivir sin ellas ahora que tanta gente cifra su vida pública en ellas?

- Es absurdo ese planteamiento. Hace años, nadie usaba Facebook y no se morían por ello. Es una pregunta tonta. No usar Facebook es un acierto y es una forma de salvaguardar tu privacidad. Twitter, en cambio, no es tan malo. Es mucho mejor que Facebook. Yo recomiendo no ser usado por Facebook.

-¿Qué teléfono móvil usa usted?

Tampoco tengo un teléfono móvil. Porque es un dispositivo de vigilancia y seguimiento. No quiero decirle al Estado dónde estoy en cualquier momento…
“Amazon es un drone en sí misma: lo sabe todo y vigila a sus lectores”

-¿Y compra usted libros por Amazon?

- Nunca. Amazon hace muchas cosas malas. Por ejemplo, abusa de sus empleados de manera horrible. Ataca deliberadamente a las librerías independientes. Abusa de los autores y de los editores pequeños. Y evita impuestos. Pero lo peor es su abuso de los lectores. Porque el Swindle [“estafa”, juego de palabras con Kindle, la tableta de Amazon] engaña a los lectores. Les priva la libertad de adquirir un libro anónimamente pagando en efectivo. En Amazon no se puede. Obliga al usuario a registrarse y gestiona una base de datos sobre qué libros ha leído. El Swindle tiene funcionalidades de vigilancia. Amazon sabe todo lo que hace el usuario en Swindle…

-No desentonan, por tanto, los drones repartiendo libros…

- Para nada. Pero sus propios productos son un drone de vigilancia. Y, además, te privan de la libertad de vender tu libro ya leído a una librería de segunda mano. O de prestárselo a un amigo. Porque sólo se puede compartir una serie de veces. Y te obligan a registrarte. Es el mismo plan que el Estado español tiene para los libros de texto… Cobrar por las copias e impedir que se compartan. Es horrible la imposición de tabletas en las escuelas.

-Reconocerá que describe un mundo un tanto “orwelliano”…

- Pues le pongo un ejemplo sin salir de Amazon, que tiene una puerta trasera y borra libros. En 2009 borró miles de copias de un libro en un acto orwelliano. Y ese libro era “1984”. Kindle significa incendiar. Y en realidad ya vemos que sirve para quemar libros a distancia.

-¿Su mensaje es tecnológico o filosófico?

Filosófico, ético y político. Se trata de la ética en el uso de la tecnología digital…

-Aunque se quiera presentar como algo neutro, sin matices éticos…

- Porque la tecnología digital en sí es neutral. Pero existe en un contexto social donde hay poderes que intentan dirigir su uso según sus deseos. Las empresas y sus estados títeres no pueden ser quienes decidan sobre esa ética…

Fuente: http://www.gciencia.com
http://www.nodo50.org/tortuga/Stallman-El-telefono-movil-es-un

sábado, 2 de noviembre de 2013

NUESTRA SOCIEDAD ESTÁ ENFERMA Y NECESITA URGENTEMENTE UN CAMBIO POLÍTICO Y ECONÓMICO QUE REDUNDE EN EL BIEN GLOBAL

por Pedro Antonio Honrubia Hurtado
 
  02 de Noviembre de 2013 10:12

En la era de la globalización, las comunicaciones y la diversidad cultural, encontramos más que nunca individuos que se sienten solos, falsedad en la información y rechazo de todo aquello que nos resulte extraño o diferente. Hace falta un cambio de sistema y hace falta que sea ya. 
Qué duda cabe de que la actual mentalidad consumista- capitalista, una mezcla nefasta entre los principios propios de la moral liberal y el liberalismo económico, es una máquina potencial de dar vida a individuos llenos de valores ilusorios y necesidades falsas, pero lamentablemente vacíos de proyectos filosóficos que den  sentido a sus vidas más allá de las meras aspiraciones de supervivencia social y biológica, en el marco de lo impuesto por la simbología consumista/capitalista.

La búsqueda de sentido propia de todo ser humano,  en nuestra actual sociedad se ve así, en apariencia,  satisfecha por la progresiva realización individual de las exigencias propias de nuestra sociedad,  exigencias éstas orientadas por una moralidad colectiva absolutamente preocupada por las meras apariencias, y un sin fin de necesidades falsas autocreadas, a través de la publicidad, por el propio sistema económico, y en cuya satisfacción reside buena parte de la felicidad del hombre de hoy en el mundo occidental.

Este vacío generalizado de búsqueda del sentido más allá de lo puramente aparente y de lo material, es decir, esta sumisión del sujeto a los valores morales y culturales impuestos por el sistema como supuestos medios para la realización personal, permite que se desarrolle una conciencia competitiva,  propia de un sistema económico que propugna el éxito individual a toda costa,  que nace, crece y  se reproduce  a diario en cada uno de nosotros; haciendo suya nuestra vida ante la comunidad y arrastrándonos sutilmente al egocentrismo y al individualismo más rancio.

Bien es cierto que la comparación con el prójimo es un acto subjetivo dado por igual en todas y cada una de las culturas existentes sobre la faz de la tierra, desde la más primitivas a las más desarrolladas tecnológicamente hablando. Pero esta comparación, que en otros modelos sociales menos desarrollados tiene como objetivo garantizar  el progreso  de la comunidad, su correcta evolución en positivo y  en favor del global del ente social y de cada uno de sus individuos por separado, en nuestra actual civilización occidental toma un claro tono competitivo que  induce al individuo a utilizar todo tipo de artimañas para alcanzar el objetivo fijado: ser de una manera u otra superior a tu vecino.

Sin duda, aunque pueda parecer chocante, el gran culpable de todo esto lo podemos encontrar en primera instancia en nuestro propio proceso de socialización, que, bajo la excusa de servir como base al desarrollo de nuestro aprendizaje, es claramente un arma de manipulación y control social cuyo fin último es asegurar el  buen funcionamiento de la sociedad, o lo que viene a ser lo mismo, el mantenimiento de los poderes fácticos que gobiernan el estado y  del buen discurrir del ciclo consumista-capitalista. El aprendizaje social de los sujetos de hoy, lejos de ser un reflejo de la espontaneidad histórica en el desarrollo de una cultura, es, más que nunca, un proceso absolutamente controlado por  la mano del poder social establecido,  y plenamente orientado hacia la sumisión y la alienación del individuo a la sociedad del consumo, a las garras del capitalismo.

No se nos educa para ser ciudadanos, se nos educa para ser siervos del sistema. Los estereotipos sociales, las reglas de comportamiento en sociedad, "la buena educación", la moral consumista, los valores estéticos, y todas las demás patrañas heredadas de la enseñanza social,  nos marcan desde la cuna el camino a seguir para, supuestamente, que cada persona pueda ser feliz consigo mismo, aunque todo ello, en la mayoría de casos, en realidad no sea más que un aprendizaje de cómo vincular nuestra felicidad al juicio externo, con la fragilidad que ello conlleva para la verdadera consecución del objetivo fijado.

Como consecuencia de ello, toda acción toma un sentido cuando puede ser mostrada al prójimo, pero carece del mismo cuando solo tiene como objetivo la autorrealización personal. Este tipo de actitudes nos hacen  encontramos ante un mundo masificado de gente de modales distinguidos, pero que ocultan tras su buen hacer y comportamiento un vacío intransigente, dando pie con ello a la falta de compromiso respecto de los demás, algo, desgraciadamente, tan característico de nuestros días. Castoriadis lo llamó "privatización".

La vida, que ciertamente se puede entender, dentro de esta mentalidad competitiva y egoísta, como una partida con victorias y derrotas, tiene un desarrollo al más puro estilo de una vil secuela ficticia de una película desmesuradamente presupuestada. Su director: la falsedad; su guionista: la hipocresía; sus actores: tú, yo, todos juntos. Triste pero cierto. Por más que se nos quiera revestir de derechos y libertades nuestra actual civilización, lo cierto es que nuestra sociedad es, hoy como ayer,  una cárcel para la libertad del individuo. Somos esclavos de nuestras necesidades; siempre lo hemos sido de las biológicas, pero ahora, tal vez por primera vez en la historia, lo somos en mayor grado de las sociales, estando sometidos a multitud de falsas necesidades comerciales, y adormecidos por los efectos opiáceos de la publicidad y sus promesas de éxito social y demás oníricas fantasías.

El progreso científico-tecnológico ha traído mayor abundancia en la producción de bienes primarios, mayor facilidad para el acceso a la satisfacción de los mismos, pero también ha traído tras de sí un sometimiento sin precedentes del hombre a sus posesiones, del sujeto a sus pertenencias. Lo que poseemos ha acabado poseyéndonos, como bien dice Brad Pitt en una secuencia de la película “el club de la lucha”.

No obstante, si  pretendemos tener una visión no simplista de la situación y analizar la raíz del asunto, es evidente que no se puede culpar al individuo de hoy de la actual situación, ni tan siquiera podemos culpar al individuo de ayer, ni al de antes de ayer, pues todo esto no es más que una consecuencia directa de un problema de base, nacido en el mismo día en que triunfó la revolución  ilustrada, dando vida a la sociedad liberal burguesa, y con ello al inicio de la expansión del capitalismo liberal. En el mismo momento en que se vincula al hombre con el fruto de su trabajo y con su capacidad de consumo, se le convierte en una cifra que adorna las estadísticas macroeconómicas, arrebatándole con ello su personalidad soberana dentro del conjunto global de la humanidad, pero eso sí, una cifra a la cual se le debe hablar directamente, de tú a tú, para que cuadren las cuentas.

Para la economía somos una cifra, pero para la publicidad, para los ideólogos del sometimiento del individuo al sistema, somos una persona que ve y oye, que siente y padece, que trabaja y compra.

Bajo el pretexto del desarrollo racional y científico, la gran burguesía dominante ha sabido sabiamente asumir su papel de líder político, económico y social, desarrollando todo un complejo sistema de relaciones sociales que garantiza eficazmente la estabilidad de sus status.
En la era de la globalización, las comunicaciones y la diversidad cultural, encontramos más que nunca individuos que se sienten solos, falsedad en la información y rechazo de todo aquello que nos resulte extraño o diferente. En la época de la abundancia, hay más personas hambrientas que nunca antes.

Aun sumidos en la masa estamos solos frente al mundo, somos el centro de la nada. Hemos perdido el sentimiento de pertenencia a una comunidad propio de las sociedades religiosas, el cual lo hemos  sustituido por la creencia de pertenecer a un mundo globalizado donde cada cual ha de luchar por poner sus intereses a salvo. Vagones de metro llenos hasta la bandera donde nadie habla con nadie, y donde a lo más estamos preocupados por analizar sexualmente al objeto de nuestro deseo (¡qué buena está esa rubia!) o por desconfiar de aquellos cuyo estereotipo nos resulte peligroso (¡cuidado con este de aquí al lado que no me gusta su aspecto y  no vaya a ser que me robe la cartera!). Nuestra única identidad colectiva es aquella que el mercado determina como tal, con sus iconos y marcas, con la valoración y jerarquización social que tales símbolos expresan, la cual respetamos como auténtico dogma de fe.

Tristemente asumimos que somos sujetos sin clase, ciudadanos que no pertenecen a ningún grupo social combativo, sin aspiraciones de cambio, más allá del cambio en los objetos de consumo impuestos por la publicidad al servicio del sistema, al servicio de los intereses de la alta burguesía. Trabaja y consume, compra lo que te digamos, mete tu dinero en nuestros bancos, paga nuestras hipotecas, degusta los productos de nuestras multinacionales, y si te sobra algo, ahorra o, todavía mejor, invierte en nuestra bolsa. Pero, eso sí, nada de sentirte diferente a nosotros, tú y yo estamos en el mismo bando, aunque por el aspecto de tu vecino de enfrente puedas pensar que él no. Palabras éstas que no tienen nombres y apellidos, pero que constantemente se nos dicen desde los labios de los hombres y mujeres que manejan el estado, que controlan el ciclo económico, y en cuyas cuentas bancarias, cada vez más vertiginosas, redundan finalmente los beneficios generados por el sudor de nuestro trabajo.

El gran logro de la alta burguesía ha sido, sin duda, hacer que el sujeto de clase obrera, o el pequeño empresario, o el marginado social, se miren entre sí con recelo, pero a la hora de mirar hacia ellos, lo hagan con admiración y respeto,  la admiración y el respeto que nace de la envidia que les tenemos. Y es que desde críos los hemos visto en las pantallas de nuestros televisores y hemos deseado profundamente poder llegar donde están ellos, y hasta hemos creído que así sería, achacando luego nuestro fracaso a la mala suerte o a la falta de talento. Por eso creemos que nuestro enemigo social es aquel que pretende robarnos la cartera en un metro, que en su desgracia o su falta de talento ha caído aún más bajo que nosotros, o aquel cuya pinta no nos satisface y pretende ennoviarse con nuestra hija, o el compañero de trabajo que recibe un ascenso, o el seguidor de un equipo de fútbol contrario al nuestro, pero nunca ellos. Ellos son lo que nosotros desearíamos ser en lo más profundo de nuestro ser, ellos, por tanto, son nuestros amigos, son como la luz que ilumina nuestro camino, la meta final a la cual aspiramos, aunque cada vez los veamos más lejanos.

A nivel moral, el ansia de libertad y el uso de la razón perseguido por el espíritu ilustrado, ha contribuido paulatinamente a la aparición de sistemas jurídicos comprometidos con el respeto a los derechos humanos y la libertad de acción y expresión. Lamentablemente también es un progreso limitado a una minoría de naciones del mundo, e incluso dentro de aquellos países privilegiados, las más de las veces falseado por las desigualdades sociales y la aparición de actitudes de rechazo mutuo entre los propios miembros de sus sociedades, así como por la represión que el estado ejerce sobre aquellos disidentes que no se pliegan a la “norma social”.

La auténtica realidad es que los intereses políticos y económicos están por encima del respeto a la libertad del individuo e incluso por encima del respeto a la dignidad humana, lo que en cierta medida cohíbe la implantación real y efectiva de tal desarrollo legislativo. Somos libres siempre y cuando no decidamos emplear esta "libertad" para ir contra el sistema establecido y sus mecanismos de control y defensa. Porque, en caso de intentarlo, entonces caerá sobre nosotros todo el peso de los diversos mecanismos de control del sistema, desde los mediáticos, hasta los militares y policiales, pasando evidentemente por los jurídicos. Solo si no te mueves, no sentirás las cadenas.

El sistema capitalista sabe defenderse, de eso no nos quepa la menor duda. Frente a los sistemas totalitarios fascistas que utilizaban la orden (la orden de capturar, encarcelar y asesinar al disidente), el sistema capitalista utiliza el orden. El orden, además, en un doble sentido. Orden en cuanto a la asignación de papeles de cada individuo dentro de la sociedad, y orden en cuanto a los comportamientos asignados por el sistema a cada individuo según su papel dentro del orden social.

Evidentemente, el sistema no guarda el mismo papel para un trabajador autoconsiderado de clase media, que para un alto ejecutivo, o para un integrante de una familia de clase obrera tradicional, o para un habitante de los suburbios, prácticamente excluido del entramado social. Aunque las leyes son, supuestamente, iguales para todos, la mentalidad cultural en la que se desarrollan cada uno de estos sujetos no es igual de exigente moralmente para todos ellos; cada cual tendrá su propio sistema de valores heredado en consonancia con el ambiente en que crezca y se desenvuelva. En definitiva, aunque todos formamos parte de una misma sociedad, el sistema se encarga de controlar de manera diferente a cada uno de nosotros según la clase social a la que pertenezcamos, y el potencial riesgo revolucionario que en ella se encierre.

Por volver a la vieja terminología del marxismo, aunque supuestamente existan clases bajas, clases medias, y clases altas, finalmente, hoy como ayer, podemos reducir esta sistematización a la diferencia entre clases privilegiadas (alta burguesía y trabajadores de altos ingresos) y clases explotadas (clases medias y clases bajas, es decir, el proletariado más una gran mayoría de profesionales liberales y pequeños propietarios). Tal vez, una forma simple pero efectiva de poder establecer una división correcta entre unos y otros, sería tomar como referencia la capacidad que tiene cada cual para vivir sin ser un esclavo del sistema, es decir, para vivir sin necesidad de tener que mirar cada mes a la cuenta del banco para poder pagar los gastos propios de la vida del día  a día. Todo aquel que dependa del salario de su trabajo, o de los beneficios de su pequeña empresa para poder hacer frente a los gastos de la vida, es un sujeto explotado por el sistema. Por muy bien que le vayan las cosas, si mañana se queda sin su fuente de ingreso, se queda sin nada, lo pierde todo, por tanto, es un esclavo del sistema, frente a quienes acumulan inmensas cantidades de capital monetario o patrimonial para hacer frente a las posibles malas jugadas del destino.

Que no nos engañen más; el señor Botín y similares no necesitan de sus actividades económicas para hacer frente a los gastos de la vida, por más que sus negocios dejaran de producir, la acumulación de capital que poseen es tal, que podrían vivir perfectamente hasta el final de sus días, y no solo ellos, si no su sucesivas generaciones. Si cada mañana te tienes que levantar para ir al trabajo so  pena de perder todo lo que tienes si no lo haces, entonces, no te quepa duda, eres un esclavo del sistema, tu libertad se limita a hacer lo que debes para mantener tus posesiones (“tus posesione acabarán poseyéndote”) y si no tienes ninguna pertenencia pues, simplemente, para llenar tu barriga a diario.

Pero, irónicamente, quienes más dependen del sistema son los miembros de la alta burguesía. Ellos realmente son los verdaderos esclavos del sistema pues  un sistema económico como el que tenemos en la actualidad permite que existan desigualdades tan abismales entre unos miembros y otros, pero no con todos los posibles sistemas sería así, y, por tanto, son esclavos del capitalismo en tanto y cuanto una posible revolución que les dejara sin sus propiedades, les dejaría sin nada.

De esta manera ya tenemos una primera conclusión evidente: La alta burguesía es antirrevolucionaria, ya que cualquier cambio en el sistema económico podría acabar con sus privilegios. Es decir, de todos los miembros de la sociedad, es la alta burguesía la única clase social no interesada en cambio alguno del sistema económico, ya que sus privilegios sociales y económicos dependen del mantenimiento de éste. Aunque, cabe matizar, el problema no es que una persona dependa del fruto de su trabajo para subsistir, que esto, al fin y al cabo, es algo inherente a la condición humana y propio de cualquier  sociedad que se precie, el problema es que, con este sistema, la esclavitud a la que esta personas están sometidos, redunda no en su propio beneficio, no en el beneficio global de la sociedad, sino, fundamentalmente, en el beneficio de unos pocos privilegiados que acumulan inmensas cantidades de capital monetario y patrimonial, a consecuencia de la explotación que es inherente a esta esclavitud del sujeto respecto de su trabajo. Es decir, mientras que la mayoría de nosotros necesitamos de nuestro trabajo para subsistir, gracias al beneficio ocasionado por nuestro trabajo y nuestro consumo existen personas que no se encuentran en esta misma situación, sino que viven “como reyes”, y que tienen absolutamente garantizada su subsistencia y la de sus próximas generaciones aun cuando sus ingresos dejaran de producirse, salvo, como he dicho antes, que se produzca una revolución que traiga consigo un cambio en el sistema económico que acabe con sus privilegios y les arrebate lo que en esencia pertenece al fruto del trabajo de las clases explotadas, esto es, su capital acumulado.

Por ello, una revolución debería, de mínimo, equiparar la situación de todos los miembros de la sociedad bajo estos criterios de reparto de la riqueza, es decir, o todos podemos vivir sin necesidad de depender del fruto de nuestro trabajo para llegar a fin de mes y garantizar nuestra subsistencia, lo cual es imposible, o todos debemos vivir siendo esclavos de nuestro trabajo, salvo aquellos que, por los motivos justificados que fueran, no pudieran tener acceso a un trabajo con el que ganarse la vida. Como digo, la primera situación es absolutamente impensable, ya que el trabajo es necesario para la producción de riqueza, y no existen recursos suficientes, no al menos a día de hoy con el desarrollo técnico de los medios de producción existentes, como para lograr que toda la humanidad pueda acumular suficiente capital como para no depender de su trabajo para vivir. Por tanto, siendo realistas, la única revolución posible pasa por instaurar un sistema económico donde todas y cada una de las personas dependan del fruto de su trabajo para vivir, cada cual en su ámbito según sus propias actitudes y capacidades, pero finalmente todos iguales en el sentido de pertenecer a una misma clase social: la clase trabajadora. Un sistema basado en aquello de "de cada cual según sus capacidades, a cada cual según sus necesidades". ¿Hace falta dar más pistas?

Es evidente que el mundo actual esta al borde del abismo, que el sistema capitalista cada vez trae peores consecuencias a la existencia humana y al mundo en general. Sería injusto acusar solamente a la acción del imperialismo norteamericano de tal situación, aunque evidentemente sean los mayores responsables. Pero, por encima de un estado u otro, de un imperio u otro, el gran problema del mundo, ahora más que nunca, es el propio sistema capitalista. El capitalismo es un mega monstruo que ha tomado vida propia, verdaderamente difícil de parar. No existe hombre en el mundo con el poder suficiente como para tomar las riendas del monstruo. El capitalismo galopa y galopa desbocado hacia su propia destrucción o la destrucción-toquemos madera- de la humanidad en su conjunto. Las guerras imperialistas - que ahora parecen que se han vuelto a poner de moda-, la pobreza cada vez más extrema, las crecientes desigualdades entre los países pobres y los países ricos, las desigualdades sociales dentro de los propios países supuestamente desarrollados, el uso mercantilista de bienes y servicios tan básicos como la sanidad, los productos farmacéuticos, la educación o la alimentación, no pueden conducir a la humanidad a nada bueno.

Solo una verdadera revolución puede salvarnos de las muchas tragedias que están por venir de la mano del monstruo capitalista.

Socialismo o Barbarie.

jueves, 24 de octubre de 2013

¿ POR QUÉ HABLAR DE LA REPRESIÓN NOS DA MIEDO??





Iñaki Gil de San Vicente


1. Se me responderá a esta pregunta diciéndome que no tenemos ningún miedo al respecto, que podemos hablar, debatir y hasta teorizar sobre la represión, pero que no es el momento, que no es por ahora necesario, que cuando lo sea, cuando surja esa necesidad ya organizaremos un cursillo.

También se me dirá que puede ser hasta negativo sacar ahora mismo ese problema a la reflexión pública porque puede meter miedo, atemorizar a aquellas personas que no la viven de cerca, que no la sufren directamente o en su entorno, en sus familiares y amigos, y que por tanto podemos cometer el error del cuento del lobo, que de tanto decir que viene el lobo desdramaticemos el problema, lo banalicemos de tal modo que cuando realmente aparezca y muerda entonces apenas nadie pueda, quiera o sepa enfrentársele.

2. He escuchado estas y otras respuestas similares muchas veces y nunca me han convencido. Pienso que el verdadero problema radica en tres razones: una, la resistencia inconsciente que todos tenemos a enfrentarnos a la realidad negativa, a los problemas serios y decisivos de la vida, algo parecido a lo que Freud definía con razón como «resistencia al análisis». Otra, la resistencia política a estudiar una realidad que puede negar y ridiculizar tesis aparentemente revolucionarias pero reformistas en el fondo. Y, por último, que por las dos razones anteriores no sabemos cómo organizar los debates sobre la represión, porque tenemos miedo a caer en el cuento del lobo; y no sabemos hacerlo precisamente porque las dos razones previas nos lo impiden. Sin embargo, la represión está ahí, aquí y en nosotros mismos, en nuestra personalidad temerosa y alienada, fetichizada. ¿Entonces?

3. La represión es tanto más dañina y efectiva cuanto menos se la conoce, cuanto más desconocida y misteriosa es. Por esto, una de las más demoledoras formas extremas de orden brutal es la represión aleatoria, imprevista, súbita, que golpea arbitrariamente en donde nadie se lo espera. La ignorancia, la incertidumbre, son propensas al temor, al miedo y hasta el pánico. La mejor forma de dominar y controlar ese imprescindible instinto de supervivencia y equilibrio que es el miedo, o sea, impedir que el miedo se convierta en pánico incontrolable, es el conocimiento lo más acertado y crítico del problema que azuza el miedo, o dicho en marxismo, del capitalismo y de su Estado. W. Reich propuso una vez como terapia contra el miedo a la represión estatal que la gente desnudase a los policías y los hiciese andar desnudos.

4. Pero la necesidad del sistema para esconder o minimizar la represión, manteniendo la apariencia de normalidad democrática, dejando así vía libre para que la violencia estatal golpee en silencio a los colectivos y personas más luchadoras, esta necesidad salta hecha añicos conforme la crisis agudiza todas las opresiones, endurece el autoritarismo burgués, masifica y diversifica las vigilancias y controles para detectar rápidamente cualquier nueva disidencia en sus mismos brotes germinales para arrancarlos antes de que crezcan. La normalidad democrática, que es un mito en sí porque realmente malvivimos en una dictadura del capital pero encubierta, esa normalidad democrática ficticia, se disuelve como sebo en la estufa de la crisis apareciendo crudamente la dictadura del capital, y el instrumento de esa dictadura, el Estado de clase, patriarcal y nacionalmente opresor.

5. Mucha gente, cada vez más, se lleva un terrible golpe económico cuando recibe una carta en la que se le comunica que tiene una multa de 400 o 1.000 euros por haber estado presente en tal o cual acto público y pacífico de protesta, de denuncia. Mucha más gente se entera que familiares y amigos suyos han recibido estas multas. Otras muchas se enteran por la prensa del sistema que se ha detenido de tal cantidad de manifestantes, de asistentes a un debate, de participantes en la defensa de una casa ocupada, u oponentes a un desahucio, de una manifestación obrera y popular contra un cierre de empresa, o en una huelga o por un convenio menos injusto. O a un acto de masas en exigencia de los inalienables derechos nacionales prohibidos por el Estado.

6. La perversa táctica de las multas económicas como castigo aparentemente no-político al ejercicio de derechos democráticos elementales, como el de reunión, manifestación, expresión, organización, autodefensa, etc., esta táctica es terriblemente efectiva porque diluye la esencia y el contenido político consciente de la lucha por la democracia elemental, criminalizándola en el peor sentido burgués. Disuelve la esencia política de la acción libre y colectiva, negándola como base de la identidad humana emancipada socialmente, y degenerándola en mero castigo económico en el esquema del individualismo burgués más aislado e indefenso, insolidario. Miles de familias trabajadoras, empobrecidas por la represión socioeconómica, y organizaciones que luchan por las libertades, deben asumir mayores sacrificios diarios en medio del silencio y el desconocimiento público para aguantar esa represión que el Estado dice que no es política, que es «sólo económica».

7. A pesar de las crecientes restricciones de prensa, de la manipulación mediática, de la censura invisible, etc., mucha gente se va enterando que las diversas policías del Estado español, descentralizadas o no, golpean, infligen malos tratos y torturas a las personas durante las manifestaciones, traslados a las comisarías y estancia en ellas. Se sabía que las personas migrantes son victimas indefensas de estas prácticas, pero se va sabiendo que ya se aplican a las «del país», autóctonas, o como queramos definirlas. Crece en sectores la certidumbre de la violencia estatal, sobre todo en mucha parte de los movimientos ciudadanistas, 15 M y demás en el Estado, inicialmente caracterizados en buena medida por una visión irreal y falsa de las fuerzas represivas, una visión suicida que tiene su origen en la ideología burguesa reforzada por el reformismo socialdemócrata y en especial por el eurocomunista cuando sostuvo la tesis contrarrevolucionaria de los «trabajadores del orden».

8. Simultáneamente, las noticias, comentarios de prensa y hasta documentales sobre el insoportable nivel de espionaje global, de escuchas, grabaciones, vigilancias de todas clases con la más sofisticada tecnología, que no atañen sólo a eso que llaman «mundo político» sino también a empresas, bancos, organizaciones civiles, culturales, etc., y a la propia vida cotidiana, «privada y personal», buscando escándalos y sensacionalismos soeces, este contexto de control y vigilancia es cada vez más conocido y sufrido, de modo que determinada gente va comprendiendo que si el sistema capitalista invierte sumas crecientes de dinero en la industria de la represión es porque además de beneficios económicos concretos, sobre todo obtiene poder político.

9. En la escala represiva global, los niveles que hemos visto nos llevan a otro superior, o más cercano a ese epicentro terrorista en el que aparece en su esplendor la civilización del capital. Hablamos del conjunto de métodos de disciplinarización, intimidación, coerción sorda o muy audible, represión selecta, listas negras, etc., que la burguesía aplica contra las clases trabajadoras, en especial contra las mujeres migrantes explotadas en el trabajo doméstico y de cuidados afectivo-sanitarios, así como la brutal explotación en la economía sumergida y en las formas de trabajo «liberalizadas» de todo control legal, lugares y áreas económicas en las que aumenta la esclavización moderna, capitalista.
10. Cascada de represiones que buscan introducir el pánico a la lucha resistente, para debilitar las asambleas obreras hasta tal punto que no se celebren y anular cualquier posibilidad de huelga. Represiones que cada vez más se realizan con la ayuda de policías privadas y de agencias de detectives privados que hurgan en la vida de las y los dirigentes sindicales de izquierdas para sobornarlos, comprarlos, chantajearlos o aterrorizarlos para que abandonen toda lucha, y a poder ser la empresa. Apenas se comenta la represión de los sindicalistas de izquierdas, los primeros en ser echados de su puesto de trabajo, o sobrecargados con expedientes laborales para que lo abandonen «voluntariamente», en medio del silencio cómplice del sindicalismo reformista o con su apoyo descarado. Y en modo alguno se habla de las sindicalistas de izquierdas, reprimidas y perseguidas antes y más que sus compañeros de lucha.

11. Pero estas represiones son los indicios de otras peores. Nos referimos a las que sufren específicamente las mujeres a manos del patriarcado en cualquiera de sus formas, desde las domésticas e «íntimas» hasta las públicas y callejeras, pasando por las laborales, para materializarse en los asesinatos del terrorismo patriarcal. Nos referimos a las represiones contra las fuerzas revolucionarias, especialmente contra la que lucha por la independencia socialista de sus naciones oprimidas. Y como síntesis, nos referimos a la represión de las revolucionarias independentistas, antipatriarcales y socialistas que se enfrentan consecuentemente a la triple opresión nacional de clase y patriarcal. Son objeto de una violencia especial que se ceba en la identidad de sexo-género, atacando con saña e inquina su unidad psicosomática mediante violencias represivas en las que el sexismo masculino se ceba obsesivamente.

12. Hasta ahora sólo nos hemos referido a los círculos represivos extrínsecos de su núcleo definitivo, el terrorismo del capital contra el trabajo materializado en golpes de Estado, militares o fascistas, incluso «civiles»; o, antes de esto, las derivas autoritarias hacia la «democracia dura», hacia «Estados fuertes» que respetan niveles muy reducidos de la propia democracia-burguesa mitificada por el reformismo. Según nos acercamos al epicentro del poder del capital, el que guarda la esencia de la explotación asalariada, de la propiedad privada y del monopolio de la violencia estatal, en esta aproximación al alma de la civilización de la mercancía, vamos sintiendo el gélido aliento del monstruo.

13. Pues bien, dicho a grandes rasgos las gentes son reacias a hablar de estas cuestiones porque hacerlo les enfrentan a sus propios medios profundos, a la personalidad débil y necesitada de una autoridad externa y a una seguridad interna que les protejan. Solamente cuando los golpes de la realidad cruda zarandean y destrozan las vanas ilusiones que velan nuestra conciencia, sólo entonces, y no siempre, ésta empieza a abrirse a los hechos pero con desgarros y quiebras. Y solamente cuando las gentes menos concienciadas llevan años inmersas en una lucha sistemática a la que no pueden cerrar los ojos por su objetividad innegable, sólo entonces aceptan más fácilmente estas reflexiones.

14. Aquí juega un papel decisivo la memoria popular antirrepresiva formada durante décadas de lucha y persecución, de resistencia y de clandestinidad, experiencia que va penetrando en la cultura popular. Si esta no existe o es débil todavía, entonces serán mayores las cadenas psicológicas que frenan la concienciación antirrepresiva, y viceversa. La lucha enseña que únicamente ella puede romper esas cadenas inconscientes. La formación teórica sobre la represión es efectiva cuando previamente existe esa memoria y cultura aunque sea en un sector reducido pero cualitativamente decisivo, y cuando la lucha exige aprender la teoría de la represión. Por esto es decisiva la existencia de organizaciones revolucionarias que sostengan esa pedagogía popular antirrepresiva, sin caer en el cuento del lobo, pero enseñando que siempre acecha la fiera aunque de momento no muerda.
15. Llegamos en este momento a dos lecciones históricas extremadamente inquietantes: una, el reformismo duro o blando se ha posicionado abiertamente por la defensa del capitalismo, de la «normalidad democrática», defendiéndola directa o indirectamente de las «provocaciones ultraizquierdistas». Desde esta postura es imposible desarrollar la teoría de la represión, sino a lo sumo la ideología del consenso, de la hegemonía de la sociedad civil y demás tópicos que legitiman el orden burgués en su versión tolerante, por no hablar del apoyo directo del reformismo a la represión de la izquierda revolucionaria, sobre todo en las luchas de liberación nacional de clase. No nos extendemos en esta lección.

16. La otra concierne a las izquierdas que diciéndose revolucionarias no tienen, sin embargo, como objetivo permanente ni la conquista del poder del Estado, del poder político en su quintaesencia, ni tampoco la creación de contrapoderes locales, de taller y de fábrica, sindicales, de barrios y pueblos, de movimientos populares y sociales, educativos y universitarios, municipales e institucionales en la medida de lo posible; situaciones de contrapoder dirigidas hacia situaciones de doble poder en luchas y conflictos. Y la gran mayoría de las izquierdas por revolucionarias que digan ser han relegado a la posterioridad la decisiva construcción de poder emancipador. Y en donde no aparece la lucha por el poder, en cualquiera de sus formas, ahí, en ese vacío político, no tiene sentido alguno la teoría de la represión por el simple hecho de que apenas existe represión ahí donde el poder burgués no está en peligro.

17. Hablando en marxismo, existe una izquierda despolitizada: la que no lucha por crear poder revolucionario, sino sólo por llegar al poder burgués para transformarlo desde la legalidad a la espera de que, por arte de birlibirloque, el proceso revolucionario avance vigorosamente sin apenas lucha, sin riesgo de represiones, o con muy poco peligro. No seamos ingenuos. Esta izquierda despolitizada existe y es más numerosa de lo que sospechamos. Esta izquierda despolitizada está minada, podrida por el cáncer del determinismo economicista que sostiene que la conciencia de clase, la conciencia nacional, etc., es un efecto casi automático de las condiciones objetivas, de manera que sólo hay que esperar a que las contradicciones sociales generen la conciencia social, sin mayores preocupaciones.

18. Si la conciencia tarda en llegar o llega sólo a pocos sectores, la responsabilidad hay que achacarla no a sus errores propios en el sentido de que no se ha hecho una buena pedagogía revolucionaria basada en la conquista práctica de libertades y derechos, en la superación de opresiones e injusticias, en la conquista de espacio de poder, etc., sino en lo contrario, en que se ha sido demasiado radical, se ha hecho «aventurerismo ultraizquierdista» que ha distanciado a la izquierda de las masas. La solución no es otra que rebajar la radicalidad para no asustar a las franjas de votantes con menor conciencia. Y una forma de atraerles es «normalizando» la situación, suavizando las reivindicaciones en general y también contra los abusos de las fuerzas represivas, incluso renegando de la exigencia de su depuración política y de la creación de otras fuerzas de seguridad basadas en otra filosofía sociopolítica radicalmente democrática.

19. En un contexto de crisis estructural, la política de la «normalización» desmoraliza a las bases militantes de las izquierdas, a la vez que azuza las ganas de la casta intelectual por elucubrar al margen de la realidad en crisis. Las lecciones de los años sesenta-ochenta en la Europa capitalista son aplastantes: las políticas de «coexistencia pacífica», «tránsito pacífico al socialismo», «reconciliación nacional», «cultura del consenso», «acuerdos interclasistas», «grandes mayorías democráticas», etc., fueron mazazos de plomo hirviendo en las bases de los partidos comunistas y de otras organizaciones y partidos de izquierda, precisamente cuando el capitalismo se agitaba en una de las peores crisis de su historia, resuelta en buena medida por el giro al reformismo de tales izquierdas. Mientras las policías europeas reprimían con dureza no conocida desde la ocupación nazi-fascista, la izquierda abandonó la teoría de la represión.

20. La casta intelectual, por el contrario, encuentra en la vía pacífica normalizada la situación idónea para dar rienda suelta a sus delirios abstractos. Desde la tesis de «la muerte del proletariado» y la «sociedad post industrial» hasta las recientes modas post, pasando por todas las elucubraciones sobre la nueva economía de lo inmaterial, etc., recorridas por diversos estructuralismos y neokantismos, este extenso y prolijo mercado de modas ideológicas de consumo fútil empezó a crearse en los alos sesenta. Surgió una significativa contradicción: por un lado, el movimiento obrero y popular era machacado en toda Europa capitalista desde finales de los sesenta, endureciéndose cada vez más, y, por otro lado, el «marxismo académico» y otras corrientes intelectuales florecían en la industria del libro, en los salones de debate y en las aulas académicas.

21. Ya había ocurrido lo mismo en esencia entre el auge del «marxismo legal» ruso, brillante en su escritura, y la dura represión del marxismo militante que sería la base del bolchevismo, a finales del siglo XIX y comienzos del XX, por poner un ejemplo entre varios otros que confirman la importancia decisiva de un partido revolucionario como gozne creativo entre la memoria antirrepresiva de la cultura popular y el aumento de la conciencia de lucha. El bolchevismo fue ese partido del mismo modo que lo fue la izquierda abertzale cuando el famoso «desencanto» con la traición de un sector de EIA-EE y la proliferación de pompas intelectuales, incluidas películas, que buscaban demostrar el «fin de ciclo revolucionario» en Euskal Herria precisamente cuando la estrategia contrainsurgente daba saltos cualitativos.

22. Si ahora mismo observamos los medios de prensa digital y escrita de la izquierda con alguna atención sostenida durante un plazo de tiempo medio, veremos que el problema de la represión está prácticamente ausente, o muy poco presente, sobre todo en el área político-teórica del imperialismo occidental, aunque bastante presente en el área latinoamericana, por razones sencillas de comprender.

En el marco estatal español, teniendo en cuenta cómo se están intensificando y diversificando las represiones, empieza a activarse en las naciones oprimidas y en los sectores más luchadores del Estado la reflexión práctica y teórica sobre las represiones y sus efectos, sobre cómo combatirlas, etc., pero generalmente en medio de la desidia de la izquierda tradicional, la estatalista y despolitizada. En Euskal Herria, donde la lucha antirrepresiva es una seña de identidad irrenunciable, empieza a detectarse una ligera tendencia parcial a encasillarla dentro de los márgenes muy estrechos e inoperantes en lo decisivo de la «normalidad democrática», aunque muy de vez en cuando se logren conquistas gigantescas como la reciente resolución del Tribunal de Estrasburgo contra la llamada «doctrina Parot», resolución que responde más a las disputas interburguesas del euroimperialismo en su momento actual que a una supuesta identidad democrática de la Unión Europea.

23. Una organización que se dice de vanguardia revolucionaria debe prestar siempre la atención necesaria a la teoría de la represión, por dos razones: una, porque no puede entenderse la evolución del capitalismo sin la teoría de la represión en su conjunto, como parte constituyente del Estado y como elemento inserto en la explotación asalariada; y, otra, porque la ideología burguesa en cuanto tal y sobre todo en su faceta reformista tiende a fortalecerse en la medida en que la teoría de la represión tiende a debilitarse, ya que son como vasos comunicantes en sentido inverso.

24. ¿Pero qué sostiene la teoría de la represión? Primero: por represión se entiende la totalidad de medios de control, vigilancia y violencia, o de vigilancia, información y provocación, en palabras de V. Serge, insertos en un paradigma, una doctrina, una estrategia y múltiples tácticas diversas, destinadas a mantener o ampliar el poder de la clase propietaria de las fuerzas productivas y del Estado nacionalmente opresor. O dicho en términos del diccionario: «contener, detener o castigar con violencia actuaciones políticas y sociales; refrenar, templar o moderar». La primera parte de la frase corresponde a las represiones que de algún modo recurren a la violencia directa, y la segunda a las que no recurren a ella, o al menos no desde el principio, volcándose más en la acción ideológica, cultural, política, de consenso, de cooptación, soborno y corrupción, etc., para dividir y desintegrar a la oposición, integrando sus restos pacificados en el sistema opresor al que se enfrentaba. V. Serge denomina a esta segunda modalidad «provocación», es decir, utilización de los medios para provocar en el reprimido una reacción contraria a sus intereses pero beneficiosa para el represor.

25. Segundo, las represiones necesitan del Estado como su centralizador estratégico, como el poder especializado en la adecuación periódica de las represiones a las necesidades siempre expansivas del orden capitalista. Aunque éste pueda reducir las represiones violentas más duras y públicas, optando por otras menos visibles, más blandas, sin embargo la lógica interna del sistema capitalista camina indefectiblemente hacia su diversificación en respuesta a la agudización de las contradicciones internas que obstaculizan el aumento de la tasa media de ganancia, forzándola a decrecer tendencialmente. El Estado es el centralizador estratégico de las represiones porque debe orientarlas hacia el pleno funcionamiento de las contratendencias que anulan parcialmente la ley de la caída tendencial de la tasa media de beneficios.

26. Tercero, el sistema represivo no busca únicamente el encarcelamiento de grupos militantes, que también, sino ante todo el conocimiento interno de las fuerzas revolucionarias para debilitarlas o aplastarlas en el momento preciso, cuando más daño haga y durante más tiempo. Lograrlo requiere un método científico, frío y calculador, y una perspectiva política. Generalmente la izquierda cree que la burguesía, y menos sus fuerzas represivas, no son capaces de lograrlo, pero se equivocan precisamente porque su pensamiento está corroído por el economicismo mecanicista y determinista. La izquierda auto complacida en su soberbia intelectual desprecia la capacidad planificadora de la burocracia del Estado al que combate.

27. Cuarto, la centralización estratégica de las represiones que realiza el Estado burgués no implica sino que exige la autonomía operativa de muchas represiones menores, importantes en sí mismas pero menores comparadas con las decisiones estratégicas de largo impacto diseñadas en los presupuestos generales del Estado, en las inversiones a largo plazo, en la política socioeconómica, demográfica, cultural, militar, etc. La tesis foucaultiana del panóptico, cierta en sus grandes limitaciones, ha servido para despolitizar a la izquierda en la cuestión decisiva: el poder centralizador del Estado y en el carácter científico del sistema represivo en su conjunto.

28. Quinto, aunque hablemos de Estado en singular, la represión es internacional y las fuerzas represivas imperialistas actúan local y mundialmente, ya que la lucha entre el capital y el trabajo es una lucha mundial y local al mismo tiempo. La izquierda, sobre todo la despolitizada, vuelve a cometer aquí otro error mortal al creer que la represión, de haberla, se limita al entorno estatal o en todo caso continental, cuando en realidad nos enfrentamos a un pensamiento político-militar ideado desde poderes incontrolables por las instituciones burguesas aisladas. En base a este error, la izquierda despolitizada plantea su acción en defensa de los derechos abstractamente definidos sólo en los marcos estatales, lo que da una ventaja absoluta al imperialismo.

29. Sexto, a partir de éstos y otros errores la izquierda no puede simultanear una triple práctica: de un lado, formar teóricamente a su militancia contra el enemigo al que se enfrenta; de otro lado, no puede establecer políticas unitarias e integradoras, de masas, con otras izquierdas y fuerzas obreras, populares, sociales, etc., para impulsar amplios y abarcadores movimientos antirrepresivos basados en lo que une esencialmente a las personas y colectivos perseguidos, en vez de en quisquillosas disputas tácticas; y, por último, no puede propagar la lección históricamente irrefutable de que tarde o temprano, de una forma u otra, con diferencias puntuales pero con una coherencia sociohistórica de fondo innegable, siempre que aumentan las luchas terminan aumentando las represiones contra ellas, o peor, que muchas de éstas se adelantan incluso al avance de esas luchas: hablamos de la represión preventiva.

30. Séptimo, ¿qué se pude hacer, entonces? Antes que nada saber que todas las personas aplicamos ciertas medidas de seguridad personal mínima en nuestras relaciones cotidianas, pues, aunque no lo hayamos pensado, la ferocidad de la sociedad burguesa nos obliga a practicar determinadas medidas de seguridad personal en nuestra vida cotidiana: de algún modo medimos lo que hacemos y decimos ante extraños, no damos determinadas informaciones personales a cualquiera, contrastamos con otras personas conocidas y de confianza informaciones que hemos recibido sobre terceras personas, intentamos no cometer errores de ingenuidad en cuestiones importantes, advertimos a las personas queridas de cosas malas que hemos oído sobre ellas, etc. Sin saberlo, tomamos medidas diarias de seguridad que son una de las bases de la lucha contra la represión a una escala mayor.

31. Octavo, por tanto se trata de añadir una determinante conciencia política a nuestra vida personal cotidiana, una conciencia política que nos enseñe a guiar conscientemente nuestros actos diarios dentro de las medidas objetivas básicas de seguridad y de prevención antirrepresiva. Esa conciencia política nos enseña que actos tan nimios y comunes como las formas de vestir, de gastar, de andar, de hablar, de mirar, de reunirnos y de divertirnos, etc., muestran prácticamente toda nuestra forma de ser y de pensar, nuestras amistades, relaciones con segundas y terceras amistades, nuestras debilidades íntimas y nuestros puntos flacos, los que pueden ser las brechas por las que la represión entre en nuestra personalidad y la destroce.

32. Noveno, la conciencia política nos enseña a la vez que no debemos caer en el secretismo fantasmal, en las poses conspirativas, en la obsesión histérica que nos hace ver espías y agentes por todas partes. La conciencia política exige una militancia organizada acorde con las tareas que deseemos realizar. Sin militancia colectiva en una organización no desarrollaremos la imprescindible conciencia política que nos previene de los errores arriba expuestos. Además, esta militancia organizada nos dará la formación teórica y práctica sobre la represión que necesitemos para las tareas que realicemos. Nos enseñará a no preguntar sobre lo que no necesitamos saber, a no responder sobre lo que no es necesario responder, a no estar pegados al teléfono ni a internet, a saber cómo hay que organizar las reuniones, las citas, los encuentros, nos indicará sobre cómo andar por la calle, sobre el valor inestimable de la puntualidad, sobre cómo guardar la información justa desechando la superflua.

33. Y décimo, la organización nos enseñará cómo actuar en determinados momentos críticos, a mantener la sangre fría, a preparar nuestra vida personal en cuanto a inevitables multas económicas y posibles detenciones, a prepararnos mental y físicamente para sobrellevar lo menos mal posible situaciones que pueden llegar a ser angustiosas y hasta terribles y que nos exigirán lo mejor de nosotros, si es que llegan a producirse. La conciencia política organizada nos preparará para dominar el necesario instinto del miedo y para comprender que la libertad, además de tener un precio alto, consiste en la superación consciente de la necesidad, es decir, en la superación histórica del capitalismo. Comprendido esto, no tendremos miedo a teorizar sobre la represión, porque hacerlo será y es ya pensar sobre nuestras propias vidas libres.

Iñaki Gil de San Vicente
Euskal Herria, 21 de octubre de 2013


Texto para el debate organizado por Boltxe Kolektiboa en Zirika de Bilbo
http://boltxe.info/?p=61217

Menea y vencerás...