por Manuel Humberto Restrepo Domínguez
Jueves, 06 de Junio de 2013
La amazonia es el cerebro ambiental de América y sus semillas la
fuente de biodiversidad, para cerca de 500 millones de habitantes.
Se compone de más de 6 millones de
Km2, distribuidos en 8 países involucrados, la mayor parte en Brasil. El
11 de noviembre de 2011, fue declarada por la ONU como una de las 7
maravillas del mundo. Antes había sido declarada como reserva de la
biosfera, que sin mayor explicación apareció presentada en algunos mapas
de los Estados Unidos presentaron como suya, con la equivalencia a
territorio tutelado por ellos, como Guantánamo o las múltiples bases
militares distribuidas por el planeta.
Queda la sospecha sobre
porque cuando la ONU declara algo en favor de alguien, hay que leer en
la letra menuda que a cambio los estrategas de la economía y de la
guerra obtendrán algún beneficio, en detrimento de otros ya debilitados o
temerosos. Si en este caso es una maravilla de la humanidad, la
pregunta pertinente ha de ser por ¿quién es la humanidad?. La historia
ha ido mostrando que la humanidad, principal, puede ser el G-8, es decir
los países ricos asociados como club privado, con patente para asaltar
al resto de la humanidad, secundaria, convertida en su reserva de
acumulación de capital en beneficio propio.
El G-8 no ha cesado
en su empeño de convertir todo lo que existe a su alrededor en
mercancías, en capital, en valor de cambio. Controla los mecanismos
institucionales de la ONU y sus satélites de negocios: OMC, FMI y BM. La
OMC traza el camino del despojo, apropiándose de la maquina jurídica
que instituye libertades del mercado por encima de los derechos humanos.
El BM recomienda el modo de operación de las maquinarias destructoras
de la vida y del planeta y creadores del capital. El FMI se presenta
como el mecenas que coloca recursos para activar el despojo. La idea de
“humanidad” forjada a través de la ONU, es caduca, excluyente, de ella
ya no participan los Pueblos y Naciones, solo Estados, en gran
proporción al servicio del modelo de acumulación del capital y de la
democracia de votos y mercados.
La Amazonia fue declarada,
entonces maravilla universal, presumiblemente, para poder convertirla
sin mayor objeción en despensa de esa “humanidad”. De ser así, lo que se
aproxima será entonces un nuevo escenario de guerra, entre los
defensores del planeta y de la vida con dignidad, enfrentados a la
maquinaria del capital y de la guerra, que no respeta límites éticos, ni
ecológicos, ni derechos y que no atiende a los significados de la
dignidad o del respeto a las culturas, que de muchas formas han
manifestado que no tienen interés alguno en destruir el planeta a cambio
de convertirse en nuevos ricos locales ni globales. La Amazonia quiere
ser transformada por esa “humanidad” en el gran shopping, poner todo en
venta, el agua, los genes, las especies, los conocimientos, las
culturas, el futuro. Esta riqueza gracias a las lógicas del mercado
podrá ser convertida en poco tiempo en un nuevo centro de la guerra como
Irak, Afganistán o Siria. Los Estados Unidos ya han instalado
previamente sus bases militares que son además grandes laboratorios de
experimentación genética y biológica.
Los indígenas y
campesinos lentamente han sido desplazados, asesinados o convertidos en
trabajadores dependientes gracias a la ejecución de novedosos planes de
desarrollo. Tales planes para la América Amazónica, -la mitad de ella
ubicada en Patria Grande Bolívar-, llevan el veneno de la OMC, BM y FMI
que conducen al suicidio, inoculan la sustancia de la guerra que
eliminan la sustentabilidad entendida como paz con la tierra. El eje del
conflicto estará entre salvar la tierra incluidos los humanos o hacer
buenos negocios. Las dos no pueden funcionar juntas si el juego se
define con las reglas vigentes del mercado. La ecuación es simple: o
funcionan los derechos y la salud de la tierra o hay buenos negocios,
unos y otros, no juntos, si hay garantías para la conservación de la
biodiversidad seguramente habrá buenos derechos pero malos negocios.
La minería y en especial la de cielo abierto, ha sido convertida en la
primera jugada de la maquinaria de la acumulación y de guerra, que se
abra paso en la amazonia. Sin embargo las cuentas de progreso no
resultan. Según los indicadores de empleo por cada millón de dólares
invertidos solo se generan entre 0.5 y 2 empleos, mal remunerados, esto
es que a pesar de la alta inversión de capital prometida los beneficios
sociales son muy reducidos como lo son también los aportes que reciban
las comunidades locales y los países. En Perú donde la minería es uno de
sus grandes renglones, ocupa solo al 1.5% de la población, mientras la
agricultura ocupa al 32% y los servicios al 26%. En argentina no se
alcanza siquiera al 1% población ocupada en minería a pesar de los
megaproyectos de emprendimiento. La conclusión inicial es que las
transnacionales harán expropiación de las riquezas a costa de muy poco o
nada en beneficios o progreso para comunidades y países. Si se suman
los beneficios que puedan obtener las comunidades estos serán
drásticamente menores a las pérdidas irreparables por desplazamientos,
muertes directas en desarrollo de conflictos, enfermedades,
contaminación de aguas, explotación destructiva de bosques con pérdidas
de fauna, flora y sistemas de vida. La explotación de carbón,
esmeraldas, y otros minerales han dado cuenta de barbaries ya
exploradas: Madre de los metales, te quemaron, te mordieron, te
martirizaron, te corroyeron, te pudrieron…(Neruda).
La
biodiversidad de América, es un sueño de reconquista para la “humanidad”
que encabezan los Estados Unidos, esta vez promete una invasión
renovada pero recurrente en negaciones, tanto a las mínimas condiciones y
garantías que permitan la dignificación de los trabajadores, -como lo
demostrado Pacific Rubiales entre otras (que en cambio de letrinas y
ventiladores para sus trabajadores, prefirió patrocinar al equipo de
futbol de Colombia)-, como negaciones a derechos de asociación,
sindicalización, protesta, opinión, (Drumond, Gold) demostrando que
donde el capital tiene mayor capacidad tienden a ser menores las
garantías de participación y de institucionalidad democrática. El gran
proyecto minero descompone el tejido social, aniquila, destruye.
Del megaproyecto planetario de la “humanidad” centrado en apoderarse
del territorio y la riqueza Amazónica, hace parte entonces el proyecto
minero sostenido en los pilares de acumulación y guerra, que incluye
enclaves económicos y nuevas dependencias. El despojo minero en marcha
no se resuelve fácilmente por la vía de consultas, de leyes a discutir,
no es un asunto de pequeñas comunidades locales aisladas, es un asunto
de naciones y de pueblos, es un asunto de resolución política, que
tendrá como escenario la confrontación de poderes, cuya capacidad del
lado de los pueblos estará en la acumulación de fuerzas en resistencia y
de sólidas movilizaciones para enfrentar al capital. Los Estados
tendrán la oportunidad de fijar posiciones, de ponerse definitivamente
del lado del capital o de direccionar sus políticas e instituciones en
favor del interés popular por conservar sus riquezas y patrimonios
colectivos. El megaproyecto tiende a imponer y sobredimensionar sus
beneficios con argumentos económicos. Tiende también a ocultar las
afectaciones a los modos de vida, a la propia defensa de los derechos, a
la cosmovisión de la gente, a su forma de ser y vivir, a las culturas.
En América Amazónica no hay un solo país que carezca de conflictos
sociales producidos por la minería.
La salida más evidente está
en cuestionar las lógicas de acumulación, en revalorizar lo común, el
equilibrio del planeta y esencialmente la vida con existencia política,
es decir la estrategia quizá sea la de poner en juego la capacidad de
resistencia social y política, usando a los derechos humanos como
instrumento de empoderamiento y recurso legítimo de los pueblos para
mantener viva la capacidad de resistencia y potenciar las luchas por la
dignidad, el lugar común es la defensa de la gran mancha verde del
amazonas, para que no se convierta en la nueva vorágine manchada de
sangre gracias a la exitosa gesta de conquista de las transnacionales
que inundan de muerte y de miseria las realidades nacionales.