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domingo, 20 de abril de 2014

FRANCOIS HOLLANDE SALE DEL ARMARIO

20-04-2014
por Thierry Meyssan
La opinión pública francesa ha recibido con escepticismo la nominación de un nuevo gobierno luego de la derrota electoral de los socialistas en las elecciones municipales. La resignación parece ser el sentimiento generalizado antes las reformas anunciadas como necesarias para el interés económico general. En realidad, observa Thierry Meyssan, el cambio de gobierno nada tiene que ver ni con el fracaso económico ni con la derrota electoral sino que sigue un ejemplo histórico que le permite al presidente Francois Hollande ir revelando poco a poco sus opciones políticas personales. Lo mismo sucede con la reforma territorial, que nada tiene que ver con presuntos ahorros de presupuesto sino con el proyecto de liquidación de la República Francesa.

esentado como una respuesta a la derrota de los socialistas en las elecciones municipales de los días 23 y 30 de marzo de 2014, el nuevo gobierno de Manuel Valls en realidad viene a concretar el viraje ya anunciado por el presidente Francois Hollande en su conferencia de prensa del 14 de enero. El actual presidente de Francia, quien fue electo en su condición de ex primer secretario del Partido Socialista, no reniega del modelo del colonialista Jules Ferry, en el que ha estado inspirándose hasta ahora, pero quiere agregar a esa línea política el modelo de relaciones con las grandes empresas del canciller alemán Gerhard Schroder.

En su ceremonia de investidura, el presidente Hollande se refirió profusamente a Jules Ferry (1832-1893), quien defendió los intereses del gran capital francés recurriendo a la expansión del colonialismo francés . Aquel egregio socialista implantó la enseñanza laica gratuita y obligatoria para que los entonces llamados «húsares negros» (o sea, los maestros de escuela) formaran a los jóvenes franceses como soldados de la expansión colonial, convirtiéndolos de paso en soldados de la Primera Guerra Mundial. Simultáneamente, Jules Ferry emprendió una lucha contra la iglesia católica, desviando así hacia los clérigos la cólera de las clases oprimidas por la alta burguesía.
La primera parte del mandato de Francois Hollande estuvo marcada por la reactivación de la guerra en Siria –de la que Nicolas Sarkozy se había retirado después de la caída del emirato islámico de Baba Amro –, por la intervención militar francesa en Mali a pedido de un presidente provisional que la misma Francia había puesto en el poder en ese país africano , y finalmente por la intervención de tropas francesas en la República Centroafricana . Todas esas aventuras militares fueron organizadas, desde el Palacio del Elíseo y a menudo en contra de la opinión del estado mayor interarmas y del ministro de Defensa, por el jefe del gabinete militar del presidente de Francia, el general tradicionalista Benoit Puga .

El presidente Hollande impuso además una reforma de la legislación sobre el matrimonio legalizando así la unión entre personas del mismo sexo, pero no porque existiese un reclamo de los homosexuales en ese sentido sino porque con esa reforma dividió a su oposición política y dio a la derecha una imagen de fuerza oscurantista. Y luego se disponía a imponer también la teoría del género de Judith Butler , pero ahora parece haber retrocedido en ese empeño, llegando incluso a negar la existencia de los trabajos de esa feminista estadounidense.

Le segunda fase del quinquenio de Hollande, anunciada el 14 de enero, o sea 2 meses y medio antes de las elecciones municipales, pretende ser de corte «socialdemócrata», en el sentido de la Agenda 2010 del canciller alemán Gerhard Schroder: se trata de reactivar la producción ampliando el margen de maniobra de las grandes empresas. Cuando se implantó en Alemania, hace una década, esa política aligeró la estructura del Estado federal y favoreció la competitividad de las empresas exportadoras pero también acentuó considerablemente la desigualdad social y la pobreza.
Francois Hollande incluso recibió en el Palacio del Elíseo a Peter Hartz, el ex consejero del canciller Schroder, pero desmintió los rumores que afirmaban que quería incluirlo en su equipo de trabajo. El problema es que este ex director de personal de Volkswagen fue condenado a 2 años de cárcel por haber sobornado a los sindicalistas de esa empresa pagándoles 2,6 millones de euros en prostitutas y viajes a países exóticos. No se ha podido precisar si el presidente Hollande tiene intenciones de llegar hasta la aplicación de la cuarta reforma de Peter Hartz, que limita a 3 meses el pago del subsidio por desempleo.

El presidente Hollande anunció igualmente su intención de cerrar el episodio del llamado «matrimonio para todos» , que ya comenzaba a convertirse en una amenaza para la unidad de su propia mayoría parlamentaria.

Las elecciones municipales

En toda la historia de Francia, las elecciones municipales nunca habían provocado un cambio de gobierno. Siempre se consideró que las elecciones municipales, de carácter exclusivamente local, no permitían sacar conclusiones a escala nacional. Sin embargo, al analizar los resultados en las 788 comunas que cuentan más 50 000 habitantes (lo cual representa un 23% de la población de Francia) se observa que hubo un record de abstención, principalmente entre los electores que hace sólo 2 años habían votado por Francois Hollande en la elección presidencial. El descontento que se expresa en ese nivel de abstención fue tan grande que numerosas alcaldías tradicionalmente dominadas por la izquierda cayeron esta vez en manos de la derecha, esencialmente en manos de la UMP .
Utilizando la derrota como oportunidad para revestir su nueva casaca, el presidente Hollande anunció la nominación de un nuevo primer ministro, Manuel Valls, a quien confió la formación de un nuevo gobierno «concentrado, coherente y unido» para poner en práctica lo que ya había anunciado el 14 de enero. El presidente Hollande espera seguir así los pasos de Francois Mitterrand. Recordemos que en julio de 1984 el entonces presidente francés Francois Mitterrand despidió a su primer ministro Pierre Mauroy, abandonó sus «101 proposiciones» y designó como jefe del nuevo gobierno a un representante de la alta burguesía, Laurent Fabius, confiándole la misión de aplicar una política más «realista».
En aquel entonces, los comunistas se negaron a participar en un gobierno con Laurent Fabius como primer ministro. Una reacción similar ha podido verse ahora de parte del partido EELV (El partido ecologista heredero de Los Verdes.) que decidió no participar en el gobierno de Manuel Valls, negándose así a compartir su previsible fracaso.
Imitando al Francois Mitterrand que escogió un primer ministro judío y sionista para apaciguar la hostilidad de Israel, Francois Hollande designa ahora como jefe de gobierno a una de las personalidades más comprometidas a favor de la colonización de Palestina. Al igual que el Laurent Fabius primer ministro –demasiado joven e inexperto para lograr imponer algo a un intrigante del calibre de Francois Mitterand–, el primer ministro Manuel Valls carece de la influencia necesaria para poder formar por sí solo su propio gobierno y ha tenido que adaptarse a las sugerencias del presidente Hollande.
La diferencia reside en el hecho que Francois Mitterrand implementó un verdadero cambio de caras en el gobierno, y también de política, en 1984 mientras que Francois Hollande pretende proseguir la aplicación de la política que ya había venido revelando poco a poco durante el primer año de su mandato. Y el nuevo gobierno presenta a los electores franceses las mismas caras que el anterior, con sólo dos excepciones: la señora Segolene Royal, madre de los hijos del presidente Hollande, y Francois Rebsamen, viejo amigo del presidente. Lo cual permite llegar a la conclusión de que el objetivo de Hollande no es abandonar el legado de Jules Ferry sino agregar a este el antecedente alemán de las relaciones de Gerhard Schröder con el gran capital.

El gobierno de Manuel Valls

Al pronunciar su discurso de política general ante la Asamblea Nacional, el 8 de abril, el flamante primer ministro Manuel Valls retomó cuidadosamente las directivas del presidente Hollande:
 «Pacto de Responsabilidad» con el MEDEF (Movimiento de Empresas de Francia, o sea la organización patronal.),
 «Transición Energética» para enamorar a los ecologistas y
 «Pacto Social» para las clases populares.
O sea, son opciones que no responden a un conjunto político coherente sino que tratan de contentar sólo a ciertos grupos de electores.
Pero no es fácil determinar las necesidades de Francia. Hace muchos años que el Estado ha venido renunciando a sus mecanismos de intervención, abandonando –por ejemplo– la moneda nacional, y multiplicando sus estratos administrativos así como sus leyes y reglamentaciones. A fin de cuentas, el Estado se ve hoy atrapado en su propia burocracia y ha perdido toda eficacia.
Si bien algunos responsables políticos cuestionan todo ese proceso, son muy pocos los que proponen cambiarlo. Se trata, en efecto, de un proceso iniciado bajo las presiones del amo estadounidense y un cambio de dirección provocaría una importante crisis política internacional, como la que inició Charles De Gaulle en 1966 cuando expulsó a la OTAN de Francia.
No está de más señalar que Manuel Valls anunció una importante reforma nunca mencionada anteriormente. Luego de resaltar su apego a la Unión Europea y al tándem franco-alemán, y a pesar de cuestionar las opciones del Banco Central Europeo, el nuevo primer ministro francés declaró que quiere reformar profundamente la actual división administrativa de Francia por considerarla demasiado compleja.
A lo largo de años, a las comunas y departamentos han venido agregándose comunidades y comunas, pueblos y regiones. Así que Valls propone reducir a la mitad la cantidad de regiones, suprimir los departamentos con sus Consejos Generales y favorecer la agrupación entre comunas, probablemente con vistas a la supresión de las más pequeñas. Aunque todo el mundo está de acuerdo en que la actual división administrativa resulta, en efecto, complicada y costosa, la selección de lo que se quiere suprimir nada tiene que ver con la historia política de Francia sino que corresponde al proyecto de transición de los Estados-naciones europeos hacia la Unión Europea. Ese proyecto, estimulado por Estados Unidos en tiempos del Plan Marshall, implica la sustitución de los Estados-naciones europeos por grandes regiones y el traspaso de los poderes que actualmente detentan esos Estados a una entidad burocrática: la Comisión Europea. Y todo eso contradice claramente el proyecto de regionalización de Francia iniciado por Charles De Gaulle en 1969.

Es como mínimo sorprendente que el primer ministro haya hablado de esa reforma como de una simple variable de ajuste económico cuando su objetivo final es nada más y nada menos que la liquidación del Estado francés, o sea de la República Francesa, dejando a los franceses bajo las órdenes de la burocracia de Bruselas (Unión Europea-OTAN).

A pesar de ello, Manuel Valls terminó su discurso con una elegía a la República. Declaró extrañamente que

«Francia es, sí, la arrogancia de creer que lo que aquí se hace es válido para el resto del mundo. Esta famosa “arrogancia francesa” que nuestros vecinos a menudo nos atribuyen en realidad es la inmensa generosidad de un país que quiere ir más allá de sí mismo».
Dos frases llenas de ambigüedad que pueden expresar tanto una voluntad de ejemplaridad como querer recordar, por el contrario, el «deber de civilización» que invocaba Jules Ferry al atacar Túnez y China.

¿Hacia dónde va Francia?

El cambio de gobierno no responde al voto de los franceses. Corresponde, eso sí, a la estrategia personal de Francois Hollande, quien poco a poco ha venido destapando sus verdaderos objetivos políticos: regreso a la política de colonización y defensa de los intereses del MEDEF, o sea de los jefes de empresas. Pero es importante recordar que el MEDEF sólo representa el gran capital (únicamente la quinta parte de las empresas francesas, precisamente las más ricas del país, forman parte de ese sindicato de patrones). Todo eso implica que nos hallamos muy lejos de los ideales de la República, o sea de la búsqueda del interés general.

Pero esa política tiene cierta lógica. En tiempos de crisis resulta imposible acentuar la explotación de la clase obrera, así que el aumento de las ganancias hay que buscarlo en el extranjero, entre los pueblos que no tienen cómo defenderse. La sangre seguirá corriendo en Siria y en África mientras que la miseria seguirá extendiéndose en Francia

lunes, 31 de marzo de 2014

LA SOCIALDEMOCRACIA Y SUS ALIADOS CONSERVAN PARÍS PERO SUFREN UN BATACAZO

31.03.2014


La abstención fue la principal "fuerza" política en las elecciones municipales.

 El primer ministro de Francia, Jean-Marc Ayrault, consideró como una derrota para el gobierno los resultados de la segunda vuelta de las elecciones municipales celebradas hoy en este país.

Los elevados niveles de abstención en las dos rondas de los comicios se debieron a la desafección de muchas personas que en mayo de 2012 le otorgaron su confianza al Partido Socialista (PS), aceptó el jefe del Gobierno.

Agregó Aurault que las elecciones intermedias son la oportunidad para la población de emitir un mensaje, y éste es claro y será plenamente escuchado.

De acuerdo con los resultados parciales, en las urbes de más de 30 mil habitantes el PS sólo ganó en 44, mientras la conservadora Unión por un Movimiento Popular (UMP) consiguió 113.

Si bien conservó los gobiernos de París, la capital; y Lille, la formación política del presidente François Hollande perdió Toulouse y algunas comunas emblemáticas, como Limoges, donde tenía la alcaldía desde 1912, además de Pau, Perpignan y Quimper.

Los analistas señalan que las dificultades económicas, el aumento del costo de la vida, el alza de impuestos y el creciente desempleo, que afecta a casi tres millones 350 mil personas, pesaron en el ánimo de los ciudadanos al ejercer el sufragio.

En un mensaje a la nación tras el final de las votaciones, Ayrault señaló que estos resultados son "una responsabilidad colectiva, y yo asumo mi parte".

Se refirió también a la situación difícil de muchos franceses, en particular de quienes están en el desempleo y la precariedad, tienen dificultades para alojarse o cada fin de mes pasan trabajos para enfrentar sus obligaciones.

"Estas no son sólo estadísticas o cifras, son personas, familias, rostros y una realidad humana", dijo el Primer Ministro, y reiteró su confianza en los programas iniciados por el ejecutivo, entre ellos el polémico pacto de responsabilidad que ofrece ventajas fiscales al sector privado a cambio de crear empleos.

Poco antes, en una conferencia de prensa el excandidato a la presidencia por el Frente de Izquierda, Jean-Luc Mélenchon, calificó estos proyectos y las políticas de austeridad de causa fundamental del revés sufrido por el gobierno en las elecciones municipales.

PL

viernes, 28 de marzo de 2014

PABLO HASEL DESTAPA LA CANDIDATURA DE "PODEMOS"


28/3/2014  x Pablo Hásel     
 
 
No hay que dejarse engañar por los gritos de «unidad». Precisamente los que más abusan de esta consigna son los primeros en provocar disensiones
La candidatura de “Podemos” recuerda a la de Obama y no sólo por el lema copiado que a su vez usó el canal Cuatro para animar a la selección española de fútbol, también porque entre sus filas hay numerosos personajes que apoyaron la intervención de la OTAN en la invasión imperialista en Libia o el intento en Siria. Ya avisaba Fidel Castro de que el trotskismo es un vulgar instrumento del imperialismo y lo han demostrado incontables veces, como Izquierda Anticapitalista, que van de la mano con Iglesias en la candidatura.

También recuerda a la de Obama por las falsas ilusiones que genera, por el espejismo de democracia, por cómo sirve para canalizar parte del descontento de la clase obrera, por cómo promete conquistas imposibles bajo esos cauces. Por si fuera poco, también se parece porque los mass media le han hecho la campaña a su vocero Pablo Iglesias, llevándolo a incontables programas de TV para que exponga su discurso, más descafeinado que el de Felipe Gonzalez en la transición, para que exponga sus planes, igual de revolucionarios que los de Beatriz Talegón, la nueva cara del P$OE a la que defendía Iglesias cuando la echaron de una manifestación contra los desahucios de los que su partido es un responsable directo. Iglesias se sacó la careta ante muchos cuando defendió, como ha hecho otras veces, a una famosa militante de un partido que ha causado miles de muertes e inmensurable sufrimiento a la clase obrera y al movimiento antifascista, por no citar la masacres imperialistas que ha apoyado como sus amigos trotskistas.

A Iglesias lo han hecho famoso y le han dado voz constantemente los mismos que gastan millones en propaganda anticomunista. Les interesaba un pacifista reformista para dar una imagen de pluralidad que no usara el discurso que de verdad temen los poderosos, el que pretende radicalizar las luchas y no apagarlas con votos acatando no salirse de la legalidad burguesa que nos condena. ¿Por qué si no le iban a dar tanta cancha? A lo largo de la historia la burguesía siempre ha necesitado a la izquierda moderada para frenar estallidos, en Rusia los mencheviques seguían prometiendo conquistas electorales aún justo antes de la Revolución que impulsaron los bolcheviques.

Sí, aquí no estamos en un periodo revolucionario, pero eso no significa que no tengamos que organizar la futura Revolución y hemos de ver qué hace avanzar al movimiento revolucionario y qué lo hace retroceder. ¿Que no hay condiciones para hacer la Revolución? Pues se preparan y no será cosa de dos días. Luchas como las de Gamonal lo hacen avanzar, lo radicalizan. Vender mejoras imposibles como “podemos” presentándose a unas elecciones europeas en las que la clase obrera no tiene interés alguno porque sabe bien que nada cambiarán, lo hace retroceder. La resistencia en Gamonal ha demostrado que los pasos así son necesarios, ha hecho temblar al ayuntamiento que ha paralizado las obras definitivamente. Ha costado heridos y detenidos pero ha merecido la pena con creces, pues a parte de conseguir su objetivo principal, ha concienciado a mucha gente y ha demostrado que la autodefensa no sólo es legítima, sino que es imprescindible para conquistar derechos. Las luchas serias cuestan represión y si están dispuestas a seguir pese a esta, pueden acabar venciendo como en el caso de Gamonal. Esa resistencia es la que hemos de preparar y fomentar, la resistencia que no se ocupan en propagar desde “Podemos” porque es demasiado radical para una candidatura absorbida por el régimen.

A parte del bombo mediático que les han dado desde la TV, también han calado en mucha gente por lo mismo que calaron Obama o Zapatero: por la esperanza. Es normal que la gente necesite creer en cualquier cosa, en cualquier solución milagrosa a corto plazo dada la grave situación que atravesamos. La fe ciega y la falta de análisis marxista lleva a agarrarse a cualquier clavo ardiendo por necesidad y no por argumentos de peso. De todas formas, gran parte de la clase obrera no cree en la izquierda domesticada aunque no hayan leído a Marx en su vida, pues llevan mucho tiempo demostrándoles con hechos que luchan más por poltronas que por ellos. Desgraciadamente, igual que no existen revoluciones pacíficas, no existen remedios milagrosos a corto plazo cuando se trata de combatir a un enemigo poderoso.

Como dijo el camarada Arenas, el comunista preso al que tanto desprecia Iglesias y al que el Estado hace la vida imposible y no le deja un solo minuto en TV: “pasito corto y vista larga”. Con el camino que “Podemos” ofrece no llegaremos jamás a la Revolución, con el que sabe que en este contexto no hay salida alguna en las elecciones y lucha en la calle para fortalecer y radicalizar el movimiento revolucionario, tardará pero un día llegará, no hay salidas milagrosas para mañana. Ni siquiera con un millón de votos podrían hacer reformas serias, la oligarquía no lo permitiría. Además sabemos bien qué hacen estos socialdemócratas con el poder, lo han demostrado sus hermanos de IU en Andalucía mano a mano con el P$OE recortando a diestro y siniestro o en municipios como Rivas actuando de forma caciquil y corrupta.

Esta candidatura servirá para poco más que para aumentar más si cabe el ego de Iglesias y de sus colegas reformistas, el tiempo hará ver a muchos ingenuos que no pueden arrancarle al capitalismo ni unas reformas serias. Ni siquiera el programa de la candidatura, que no llega ni a limosna, podría ser aceptado por la oligarquía que armada hasta los dientes evitará cambios importantes por las buenas. Por eso hemos de pelear por radicalizar el movimiento, para que un lejano día la insurrección por la fuerza sea posible, para que mientras, vayan surgiendo más ejemplos como el de Gamonal que sean pasos hasta la meta. Entorno a esa premisa hemos de trabajar en multitud de frentes, para quienes preguntan: ¿Entonces qué hacemos?

Pues hay tantas cosas que hacer sin tirar un voto podrido y dar cuerda a los vendehumo…Necesitamos un partido revolucionario, organizaciones revolucionarias, no charlatanes más preocupados por su fama que en elevar el nivel de conciencia de las masas que tienen mucha más rabia que ellos, precisamente porque no son vividores y saben bien qué son las hostias del capitalismo que estos progres hasta tienen alergia a nombrar. Las masas tienen rabia y estos sólo les dicen que el PP es malo y que los voten a ellos, qué manera de desaprovechar tanto potencial subversivo. Hoy está mucho más alejado de las masas presentar una candidatura así que la autodefensa con barricadas de Gamonal y aunque no fuera así, seguiría siendo nociva la candidatura y útil lo segundo, pues si no fuera por “fracasos” pasados en la lucha callejera que dejaron ejemplo, Gamonal no hubiera vencido.

Algunos, para intentar justificar el vergonzoso reformismo de esta candidatura, lo maquillan diciendo que la PAH es reformista y no por eso está mal. Evidentemente la PAH tiene muchas cosas buenas pero no es lo máximo a lo que podemos aspirar. Aún así, no se puede comparar a un partido o a una candidatura con una plataforma. A un partido o a una candidatura se le debe exigir muchísimo más y cumple otro papel. Tampoco faltan los que llaman a la unidad abstracta de la izquierda como si pudiéramos unirnos con los que nos condenarán si necesitamos la autodefensa armada.
Ponen como ejemplo a la derecha unida, pero aunque en esta tampoco cesen las disputas, se unen porque todos quieren capitalismo y apoyan a las fuerzas represoras que lo defienden con las armas, sin embargo en la izquierda los hay que no quieren socialismo y quieren convivir en paz con la burguesía que jamás nos da ni dará paz. No faltan los que llaman a emular al frente popular que venció en el 36, pero en este frente había anarquistas y comunistas, se exigía la libertad de los presos políticos y confiscar la tierra a los grandes terratenientes, se respetaba el derecho a la autodeterminación de los pueblos, etc, mientras en “Podemos” o en IU, tales exigencias brillan por su ausencia. La unión debe ser entorno a unos principios y objetivos mínimos, no con un batiburrillo insostenible. Engels lo dejó claro:

“No hay que dejarse engañar por los gritos de «unidad». Precisamente los que más abusan de esta consigna son los primeros en provocar disensiones. Estos fanáticos de la unidad, o bien son hombres de cortos alcances que desean mezclarlo todo en una masa indefinida, a la que basta dejar que se sedimente un poco para que se exacerben aún más las contradicciones de todos esos elementos que ahora se encuentran metidos en un mismo puchero. Por eso, los sectarios más inveterados y los peores intrigantes y aventureros son los que en ciertos momentos más ruido arman en torno a la unidad. En lo que llevamos de vida nadie nos ha proporcionado tan grandes disgustos ni nos ha jugado tan malas pasadas como esos ruidosos predicadores de la unidad.”

No podemos unirnos con quienes de forma consciente quieren conducir al movimiento obrero a la sumisión electoral, hemos de denunciarlos como tanto hizo Lenin, que sabía bastante de cómo organizar una Revolución. Nos llamarán sectarios como se lo llamaban a él por ser firme en los principios, pero, ¿acaso no son sectarios los reformistas por rechazar la lucha por el socialismo? Tal acusación es absurda y recurren a esta ante la falta de argumentos para justificar una candidatura que parece el P$OE de los 80. No podemos dejarnos llevar por su cortoplacismo que no lleva a nada más que a escuchar las burlas de la burguesía y no su miedo. Nosotros no bromearemos en platós con los fascistas como hace Iglesias (qué debe hacer entonces cuando no hay cámaras) que luego jamás invita a comunistas a su programa, ¿quién es el sectario?

Nosotrxs plantaremos cara al fascismo en las calles y trabajaremos día a día para que surja otro Gamonal, otros golpes al Estado que hagan temblar a los poderosos hasta que dentro de los años que hagan falta seamos tantos que podamos tomar el poder de la única manera que nos permiten: con las armas. Para que llegue ese glorioso día queda muchísimo trabajo y sabemos que dentro de este trabajo jamás estará engañar a la clase obrera con falsas ilusiones que caerán por su propio peso, sino la lucha dura, la única que poco a poco dará sus frutos. Lenin desenmascaró hace un siglo a oportunistas como estos, qué mejor que recordar algunas de sus certeras citas con las que peleó contra los que hacían retroceder al movimiento revolucionario prometiendo conquistas pacíficas:
“Si los obreros han asimilado la doctrina de Marx, es decir, si han comprendido que es inevitable la esclavitud asalariada mientras subsista el dominio del capital, no se dejarán engañar por ninguna reforma burguesa. Comprendiendo que, al mantenerse el capitalismo, las reformas no pueden ser ni sólidas ni importantes, los obreros pugnan por obtener mejoras y las utilizan para proseguir la lucha, más tesonera, contra la esclavitud asalariada. Los reformistas pretenden dividir y engañar con algunas dádivas a los obreros, pretenden apartarlos de su lucha de clase. Los obreros, que han comprendido la falsedad del reformismo, utilizan las reformas para desarrollar y ampliar su lucha de clase.
Cuanto mayor es la influencia de los reformistas en los obreros, tanto menos fuerza tiene éstos, tanto más dependen de la burguesía y tanto más fácil le es a esta última anular con diversas artimañas el efecto de las reformas. Cuanto más independiente y profundo es el movimiento obrero, cuanto más amplio es por sus fines, más desembarazado se ve de la estrechez del reformismo y con más facilidad consiguen los obreros afianzar y utilizar ciertas mejoras.”

“Reformistas hay en todos los países, pues la burguesía trata por doquier de corromper de uno u otro modo a los obreros y hacer de ellos esclavos satisfechos que no piensen en destruir la esclavitud. Los reformistas son los liquidadores, que renuncian a nuestro pasado para adormecer a los obreros con ilusiones en un partido nuevo, abierto y legal.”

“El reformismo es una manera que la burguesía tiene de engañar a los obreros, que seguirán siendo esclavos asalariados, pese a algunas mejoras aisladas, mientras subsista el dominio del capital. Cuando la burguesía liberal concede reformas con una mano, siempre las retira con la otra, las reduce a la nada o las utiliza para subyugar a los obreros, para dividirlos en grupos, para eternizar la esclavitud asalariada de los trabajadores. Por eso el reformismo, incluso cuando es totalmente sincero, se transforma de hecho en un instrumento de la burguesía para corromper a los obreros y reducirlos a la impotencia. La experiencia de todos los países muestra que los obreros han salido burlados siempre que se han confiado a los reformistas”.
“El pacifismo y la prédica abstracta de la paz, son una forma de embaucar a la clase obrera y que no se rebele contra su opresor”.
“El reformismo significa en la práctica renuncia al marxismo y sustitución de esta doctrina por la “política social burguesa”.

lunes, 10 de marzo de 2014

PABLO IGELSIAS O LA NATURALEZA FRAUDULENTA DEL ELECTORALISMO


por Máximo Relti 
 
  10 de Marzo de 2014 09:33

La cobarde respuesta del "líder mediático" ante un artero ataque de la extrema derecha a Venezuela

   Las campañas electorales, cuando son la expresión de proyectos políticos endebles y oportunistas, cuyo objetivo fundamental es captar los votos de los electores a cualquier precio, ocultando si fuera preciso incluso los principios que se dice defender, pueden jugar malas pasadas. 

   Algo de eso le sucedió hace un par de semanas al "líder mediático" de la plataforma electoral "Podemos", Pablo Iglesias,  cuando un repulsivo representante de la extrema derecha de los mass media, Alfonso Rojo, le tendió la trampa, poniéndolo entre la espada y la pared para que se viera obligado a defender  a la Revolución Bolivariana de Venezuela. 

   Pero  Iglesias, como puede verse en el vídeo, en lugar de  afrontar la situación defendiendo los principios en los que dice creer, se acoquinó y, achantado y balbuceante, eludió hacer lo que correspondía en una coyuntura como esa: aprovechar la oportunidad para aclarar lo que realmente está sucediendo en Venezuela, donde las clases sociales dominantes  tratan de liquidar un proceso político revolucionario y liberador. Claro que con esa actitud Pablo Iglesias podía, ciertamente, haber perdido algunos votos de ese electorado "ni de izquierdas ni de derechas", al que la Plataforma a la que representa está reclamando su voto.

   Este tipo de situaciones no son nuevas. Se les presentan a aquellos políticos electoreros cuyo objetivo es instalarse cómodamente en las poltronas institucionales del sistema que simulan atacar.  Sin ir más lejos, un destacado representante de Izquierda Unida, Gaspar Llamazares, llegaba incluso a permitirse atacar a Cuba cuando la Isla se encontraba en una difícil situación de aislamiento en la década de los 90, después del desplome de la Unión Soviética, y enfrentaba un redoblamiento del acoso de su poderoso vecino del Norte. Llamazares no deseaba por nada del mundo que su electorado lo asociara con un proceso revolucionario que no pocos pronosticaban que iba a durar solo unos meses. Son precios, miserables precios que, a causa de su naturaleza fraudulenta,  el electoralismo se ve obligado a pagar.

VÍDEO:
https://vimeo.com/88019880

jueves, 6 de marzo de 2014

ALBA RICO Y EL EUROMAIDAN DE PODEMOS


  • Santiago Alba Rico, impulsor de Podemos, afirma que “En Ucrania no ha habido un golpe de estado ultraderechista; hubo una rebelión, un movimiento muy amplio y espontáneo de los ciudadanos indignados”.

  • El intelectual asegura que “EEUU nunca ha intervenido tan poco” y “lleva diez años sin intervenir militarmente en ningún sitio.

  • “La historia misma nos ha llevado a un punto en el que tan inevitable es cuestionar el capitalismo como imposible combatirlo en nombre del comunismo soviético”

alba rico
Por Ricard Juan / La República
Santiago Alba Rico, miembro e impulsor de la plataforma electoralista Podemos -liderada por Pablo Iglesias- y director de rebelión.org ha publicado un artículo titulado: “Podemos” en Ucrania.
“En Ucrania no ha habido un golpe de estado ultraderechista; hubo una rebelión, un “movimiento muy amplio y espontáneo de los ciudadanos indignados”.
Citando a un tal Yasinsky, ha llegado a afirmar -ocultando el papel de los nazis y neoliberales ucranianos al servicio de la OTAN en el cambio de régimen- que no ha habido “un golpe de estado ultraderechista; hubo una “rebelión”, un “movimiento muy amplio y espontáneo de los ciudadanos indignados”, llegando incluso a decir que el Gobierno de Yakunovich ha caído por la “espontánea, heroica y desesperada acción de miles de ucranianos“.
Alba Rico no deja de sorprendernos al maquillar el intervencionismo directo e indirecto de la OTAN, diciendo que “EEUU nunca ha intervenido tan poco” y “lleva diez años sin intervenir militarmente en ningún sitio“. Pese a vivir en Túnez, parece que ha olvidado que el ejército estadounidense sigue ocupando Irak y Afganistán, o los brutales bombardeos sobre Libia.
Tras sus afirmaciones delirantes en el pasado como “no es la OTAN quien está bombardeando a los libios sino Gadafi” o que “la intervención de la OTAN en Libia salvó vidas”, vuelve a la carga con su cruzada anticomunista “equidistante”, esta vez, utilizando el Golpe de Estado en Ucrania.
Su apasionamiento histérico tiene dos objetivos, combatir la influencia de los comunistas en la izquierda: “La historia misma nos ha llevado a un punto en el que tan inevitable es cuestionar el capitalismo como imposible combatirlo en nombre del comunismo soviético” y vaciar a la izquierda de todo contenido antiimperialista equiparando la extrema agresividad de la OTAN con la autodefensa de Rusia y China: “Por desgracia esta izquierda “analógica” no es anti-imperialista sino anti-estadounidense”.
Alba Rico quiere desideologizar a la izquierda para sustituirla por una suerte de populismo “indignado”: “En estos esquemas, de derechas y de izquierdas, siempre falta un “actor”: el pueblo o, si se quiere, “la gente”. Alba Rico quiere “euromaidanizar” a la “gente” de izquierdas o al “pueblo”, para desarmarla contra el capitalismo y el fascismo, con ese difuso discurso del “sentido común ni de izquierdas ni de derechas” de la marca electoralista Podemos.

Artículo completo de Santiago Alba Rico titulado “Podemos en Ucrania”:

Produce tanto asombro la posibilidad racional de encontrar analogías entre fenómenos aparentemente disociados, que a veces la razón -o un cierto tipo de razonar- se inclina a buscar sólo semejanzas. La resistencia a la analogía y la afirmación de las diferencias puede conducir a un nominalismo casi solipsista en el que cada cosa se expresa sólo a sí misma, sin relación con las demás; por el contrario, la tentación de la analogía puede llevar a establecer conexiones epidémicas que acaban disolviendo todas las especificidades concretas en una red de voluntades abstractas y opuestas. La primera tentación se llama autismo; la segunda paranoia. La paranoia se corresponde muy bien al viejo esquema de la Guerra Fría.

No soy un experto en la región ex-soviética y no sé cómo va a evolucionar el conflicto entre Ucrania y Rusia, que es también un conflicto entre ucranianos y ucranianos y un conflicto entre Rusia y EEUU. Pero observo que, en coincidencia con otros focos de conflicto abiertos en otros países, la tentación “ideológica” de establecer semejanzas vuelve a ser muy fuerte. Hay -digamos- dos esquemas: uno de derechas y otro de izquierdas. El de la derecha identifica, por ejemplo, los gobiernos de Ucrania, Siria y Venezuela como “dictatoriales”, en una lista potencialmente infinita y carente de rigor en la que siempre se pueden añadir nuevos elementos a la medida de los intereses coyunturales (Corea del Norte, Irán, Bielorusia, claro, pero también Ecuador o Bolivia o la propia Rusia). Del otro lado, el esquema de la izquierda establece las mismas semejanzas entre Ucrania, Siria y Venezuela, pero ahora como “víctimas del imperialismo”, en una lista igualmente larga e igualmente carente de rigor que no por casualidad (pues son esquemas especulares e interactivos) incluye siempre los mismos nombres. Los dos, desde la derecha y desde la izquierda, utilizan manipulaciones y semiverdades propagandísticas -cuando no abiertas mentiras- para demostrar estas semejanzas.

En estos esquemas, de derechas y de izquierdas, siempre falta un “actor”: el pueblo o, si se quiere, “la gente”. Para el esquema de derechas, la gente o no existe o siempre quiere “democracia”, aunque en su seno haya grupos de extrema derecha; para el esquema de izquierdas, la gente o no existe o es un mero “peón mercenario” de los EEUU, aunque haya motivos sobrados para protestar y rebelarse.
Hay que reprimir, pues, la tentación hiperracional de la analogía y evitar las semejanzas facilonas entre gobiernos que se distinguen entre sí por su política, por su historia, por el modo en que han llegado al poder, por el papel que juegan en las relaciones de fuerza geo-estratégicas internacionales.
¿No hay pues semejanzas? Creo que las hay, pero que hay que buscarlas precisamente del lado de la gente. En un reciente artículo sobre Ucrania, Oleg Yasinsky hace un análisis que, a mi juicio, puede trasladarse a otras muchas protestas y movilizaciones recientes: “Siempre creímos que derrotar al mal gobierno de Yanukovich era un derecho justo y el deber del pueblo ucraniano. También advertimos que la legitima rebelión civil desde sus inicios fue manipulada, utilizada y al final encabezada por grupos de extrema derecha que supieron aprovechar el vacío social generado por falta de una izquierda de verdad”. En Ucrania -dice Yasinsky- no hay una revolución, pero tampoco un golpe de estado ultraderechista; hubo una “rebelión”, un “movimiento muy amplio y espontáneo de los ciudadanos indignados, por el abuso y la prepotencia del poder, sin mayor experiencia y menos cálculos políticos. De los cálculos se encargaron otros, los políticos de la oposición, alma gemela pro occidental del régimen pro ruso y los lideres de los movimientos neonazis que supieron usar la coyuntura”. Contra la izquierda pro-rusa, Yasinsky recuerda que las protestas eran legítimas y que “Yanukovich no fue derrotado por un complot de Occidente, ni cayó víctima de una guerra mediática (aunque Occidente se involucró, igual que “Oriente”, y la guerra mediática todavía sigue), sino por una espontánea, heroica y desesperada acción de miles de ucranianos, que permanecieron durante meses en las calles y plazas con temperaturas muy por debajo de cero”. Contra la derecha pro-europea, Yasinsky recuerda que es el FMI el que “está por auspiciar la mortífera unión entre los neoliberales y los nazis en el primer gobierno “revolucionario” de Ucrania” y que “los monstruos y payasos que disputan ahora el poder, una vez más, no representan en lo más mínimo los intereses y las necesidades del pueblo ucraniano”.

Ignoro si el texto de Yasinsky refleja bien la realidad de lo ocurrido en Ucrania -donde hay, junto a las tensiones oligárquicas, tensiones étnico-lingüísticas muy vivas- o sólo la posición de un minoritario sector de la izquierda, pero todos -me parece- reconocemos la descripción. En el marco de una crisis capitalista global retransmitida en tiempo real por medios de comunicación y de intercambio muy fluidos y también globales, en todas partes se reproduce el mismo modelo de protesta: revoluciones árabes, 15-M, Brasil, Estambul, Ucrania, etc., países en los que malestares legítimos, “en ausencia de una izquierda de verdad”, son aprovechados por otros sectores internos, a veces peores que los gobiernos contra los que se protesta, para negociar y vender en el “mercado” geoestratégico las revueltas. Es esa “indeterminación cuántica” de la gente, resultado de la derrota ideológica de las dos fuerzas implicadas en la Guerra Fría, la que permite establecer una primera semejanza entre las diferentes protestas en distintas regiones del planeta. La historia misma nos ha llevado a un punto en el que tan inevitable es cuestionar el capitalismo como imposible combatirlo en nombre del comunismo soviético.

Hace unos días mi admirado amigo Manolo Monereo sostenía la tesis muy sensata de la decadencia del dominio estadounidense y la exacerbación de los forcejeos sobre el tablero geoestratégico. Estoy de acuerdo, salvo porque no creo que los EEUU tengan en estos momentos una política internacional más agresiva que en el pasado, al menos en términos militarmente convencionales. ¿En qué momento de la historia no ha habido -digamos- saturación geoestratégica? Lo nuevo no es la intervención de los Estados sino la de la “gente”, de esa gente amontonada, absurda, promiscua, desorientada, desorganizada, totalmente desasida de una memoria histórica y un referente político. De hecho, EEUU nunca ha intervenido tan poco, al menos en términos militares convencionales, pues es verdad que el uso de drones y de la CIA les garantiza un alto nivel de intervención. Pero lleva diez años sin intervenir militarmente en ningún sitio. En Libia dejó a los franceses e ingleses el protagonismo, se ha reprimido (o ha sido reprimido) en Siria, se ha retirado de Iraq, se está retirando de Afganistán, va a reducir sus fuerzas armadas y su presupuesto de defensa. Su hegemonía militar sigue siendo aplastante y no creo que dude en utilizar su única ventaja comparativa si se ve contra las cuerdas, pero ahora mismo su debilidad objetiva no se traduce en más intervenciones armadas sino en menos; lo que también se debe sin duda a que otros Estados (las llamadas “potencias emergentes”), que hasta ahora intervenían de tapadillo o asumían un papel ancilar, aprovechan la debilidad de EEUU para fortalecerse y presionar a la potencia aún hegemónica a fin de contrarrestar sus ganas de intervenir.
Lo que ha durado poco, y en eso tiene razón Monereo, es la soledad en la cúspide de los estadounidenses, fruto de su victoria en la Guerra Fría. Pero no hay que olvidar que fue esa derrota de la URSS en 1989 la que paradójicamente está poniendo en dificultades a los vencedores. Cuando pensamos en la caída del muro y en la victoria estadounidense siempre pensamos en las llamadas revoluciones de colores y en el avance avasallador del capitalismo en el Este europeo; pero los procesos democratizadores de América Latina, que tanto incomodan a los EEUU y que comenzaron también en esas fechas, habrían sido imposibles en el marco de la confrontación de bloques. Desde comienzos de los años 90 se produce en todo el mundo, en efecto, una demanda general de democracia al margen de los enfrentamientos ideológicos binarios; una demanda popular que resultó sospechosa -y beneficiosa para los EEUU- en la órbita ex-soviética (Yugoslavia, Georgia, la Ucrania de 2004), donde el anticomunismo contiene, nos guste o no, un impulso también democrático, pero una demanda que cuestionó en cambio el poder de los EEUU en América Latina (Venezuela, Ecuador, Bolivia, etc.), donde la democracia contiene un impulso también socialista. Ese “deshielo de la Guerra Fría” alcanzó con retraso en 2011 el mundo árabe, una zona literalmente congelada durante décadas bajo el hielo de la dictadura y la geoestrategia, y sigue levantando olas un poco por todas partes a medida que la crisis mina al mismo tiempo las condiciones de supervivencia y los marcos de legitimidad.

Porque esta es la segunda semejanza que podemos encontrar entre todas estas movilizaciones espontáneas: me refiero a esa creciente ilegitimidad global que afecta a todos los gobiernos por igual (también, sí, nos guste o no, a Venezuela o Ecuador) y que están aprovechando obviamente los Estados más fuertes, y no la gente, en el marco de un nuevo enfrentamiento inter-imperialista multinacional en el que se nos va a querer obligar a tomar partido por uno de los Matones del “mercado” -mientras la fuerzas internas mejor organizadas, entre las que no se cuenta la izquierda, van a vender esa gente a sus patrocinadores. ¿Eso se llama geoestrategia? Sin duda. Pero no hay ahí nada nuevo. Lo nuevo es esa falta de legitimidad general que cuestiona la frontera ideológica convencional derecha/izquierda; y lo nuevo es asimismo (porque nos devuelve a la 1ª guerra mundial, pero con armamento nuclear) el carácter inter-imperialista multinacional de la batalla. En cuanto a la posición de la izquierda, es comprensible nuestro miedo a este “deshielo” que amenaza con llevarse por delante, antes que al capitalismo, nuestras certezas de análisis y de combate y que puede desembocar en un capitalismo peor o en algo peor que el capitalismo; y es comprensible que un sector reaccione casi con alivio y nostalgia en Ucrania (como antes en Siria) ante este regüeldo de enfrentamiento ruso-estadounidense: como escribe en broma mi amigo Gorka Larrabeiti al ver los tanques en Crimea, “por fin un poco de serena Guerra Fría”. Pero no deja de ser triste que haya un sector de la izquierda que estudia concienzudamente la geoestrategia y cree que, en ese tablero general, se puede pactar con Rusia o con Bachar el-Assad, pero que no quiere perder un minuto en estudiar a la gente y considera además una traición, a nivel político concreto, pactar con la gente. ¿No queremos hacerlo nosotros? Pactarán otros con ella y se la venderán a los nacionalismos más siniestros, a los racismos más abyectos, a las dictaduras más criminales. No tenemos ningún Lenin -no lo hay- que enarbole una consigna simple y universal en favor de un proyecto realmente democrático, anticapitalista y anti-imperialista (es decir, que incluya no sólo a los EEUU sino a todos los imperialismos emergentes). Por desgracia esta izquierda “analógica” no es anti-imperialista sino anti-estadounidense y no es gente-estratégica sino reductoramente geo-estratégica.

Parecerá extraño que haya hecho este largo recorrido a partir de Ucrania para defender -muy brevemente ya- el proyecto Podemos en España, y para defenderlo no como un mal menor sino como un bien pequeño. Si este esquema de “indeterminación cuántica” es aplicable un poco a todas partes y también, por tanto, a nuestro país, Podemos surge de la terrible evidencia de un peligro inmediato y de la apremiante necesidad de crear -como dice el doloroso artículo del izquierdista ucraniano Oleg Yasinsky- “un movimiento de abajo y de izquierda, humanista y revolucionario, que, aunque tal vez no use ninguna de estas cuatro palabras”, trate de dar una opción a los pueblos. A los que objetan que Podemos es oportunista, yo les diría que es oportuno; y si acaso es inoportuno no lo será porque incomode a fuerzas amigas sino porque nace, de cualquier modo, demasiado tarde, con unas derechas mucho mejor preparadas ya que nosotros para cuestionarse a sí mismas y tomar las plazas.

Más me preocupan las críticas de los que columbran graves peligros en diluir el discurso, hacer concesiones mediáticas, tratar de enganchar con la gente a través de la ambigüedad de los conceptos. Lo que necesitamos -nos dicen con razón- es una gran organización revolucionaria con conciencia de clase y una estrategia clara de transformación radical. Aceptando que “conciencia de clase” sea un concepto menos confuso que “dictadura de los bancos”, estoy seguro de que necesitamos una organización así. Pero hay que recordar que Podemos no ha venido a sabotear una gran organización revolucionaria con conciencia de clase que estaba a punto de tomar el poder sino a responder a la ausencia de esa gran organización. Y a responder a esa ausencia a partir de una conciencia que, si no es de clase, es desde luego ya anticapitalista: la conciencia de que esa ausencia está llena: llena de mercado, de paro, de desahucios, de televisión, de partidos de derechas, de hartazgo institucional, de miedo, de ganas de echar la culpa a alguien, de ganas de querer a alguien. Está llena también de gente común, ideológicamente gelatinosa, que podrá ser anticapitalista, pero que en ningún caso -en ningún caso- será ya jamás “soviética”. Ese fondo anticapitalista, alimentado por la crisis y la ética común, permite trazar unas líneas rojas y, al mismo tiempo, politizar el malestar desde la recuperación de una práctica democrática que el doble bipartidismo de la “transición”no ha dejado de erosionar desde 1978. Un poquito de democracia (frente a la dictadura estructural) y un poquito de anticapitalismo (frente al capitalismo total) son prácticas colectivas mucho más claras y revolucionarias de facto que la invocación onanista del mantra de la “lucha de clases” y la “revolución”.

Hace unos días escribía en un artículo que el problema de los intelectuales y los militantes de izquierdas no es que no sepamos cómo vive “la clase obrera”; es que no tenemos ni idea de cómo viven tampoco las “clases medias precarias” y su “juventud sin futuro”: qué comen, qué leen, qué miran, qué desean. El 15M tuvo algo de revelación y de vacuna; revelación de un mundo que no es el nuestro y al que podemos enseñar ya poco (pero no nada) y de vacuna frente a ese neofascismo en ciernes que ensombrece el horizonte. Los peligros son enormes, pero tenemos alguna ventaja sobre Ucrania. Podemos -o así quiero entenderlo yo- no es una candidatura, aunque se presente finalmente a las elecciones; ni un partido de izquierdas, aunque acabe elaborando un programa de izquierdas. Es, sobre todo, un anticipo de la plaza, un anticiparse al secuestro de la plaza. Una tentativa de evitar que a la gente normal, cuando vote o cuando salga en tsunami a la calle, le pase como a Oleg Yasinsky; de evitar, en fin, que se apoderen de la plaza los nazis de Maidan, los islamistas de Tahrir o los escuálidos de Altamira. Para eso, también nosotros tenemos que formar parte de ella (de la gente normal) y no al revés. Apoyo a Podemos un poco a regañadientes, contra mi propio puritanismo y elitismo tendencial, no porque me guste menos el programa de IU (o el de otros partidos de la izquierda marxista radical) sino porque creo que Podemos ha entendido que la única manera de conjurar los peligros del fascismo es aceptar los peligros de tratar con gente normal. Y si Podemos no puede, o fracasa, o mete la pata, o se corrompe en electoralismo y liderazgo, no habremos perdido nada que ahora tengamos. Sencillamente habrá que seguir luchando.

viernes, 31 de enero de 2014

SIGUE EL DEBATE SOBRE PODEMOS. HOY, ÁNGELES MAESTRO, DIRIGENTE DE RED ROJA.

31.01.2014


La veterana militante comunista y exdiputada se pregunta si verdaderamente podemos.

¿Podemos?

Ángeles Maestro. Militante de Red Roja
Artículo escrito para la revista catalana "Directa"
La candidatura “Podemos” es un proceso abierto, de desarrollo incierto, máxime cuando ha irrumpido abrupta y recientemente, fundamentalmente como fenómeno mediático. Sólo el desarrollo de los acontecimientos permitirá hacer análisis más acabados. Red Roja emitirá en los próximos días una Declaración en relación con las elecciones europeas en la que caracterizará "Podemos" con más precisión que la que puedo yo lograr en este breve espacio.
"Podemos", al igual que el 15M, da cuenta del enorme malestar social producido por la crisis capitalista y de la incapacidad de la izquierda institucional para expresarlo. Así mismo, revela el aún insuficiente desarrollo de la línea revolucionaria para manifestarse como clave de bóveda de la acumulación de fuerzas.
Lejos de análisis simplificadores, el asunto central es si la candidatura de Pablo Iglesias sirve como cauce político a la lucha social - y en esa medida aumenta la fuerza del pueblo trabajador y debilita la de las clases dominantes - o hunde sus raíces en el anunciado ascenso del voto a IU, dándole un barniz nuevo a sus viejos ropajes electoralistas.
Aunque un programa político válido no tiene por qué explicitar todos los análisis, no es tolerable que los tergiverse. Cuando "Podemos" habla de "ruptura del contrato social", se sitúa en la legitimidad originaria de la Transición y de los Pactos de la Moncloa - ahora supuestamente rota - y remite inevitablemente al discurso de la "Cumbre Social" (PSOE, IU, CC.OO y UGT) que reivindica una imposible vuelta al mito del "Estado del Bienestar" y al "modelo social europeo".
La referencia al tema crucial, el de la pertenencia o no a la UE, máxime en una candidatura al Parlamento europeo tiene exactamente la misma ambigüedad inaceptable que IU: "queremos otra Europa, justa".. etc. La UE y, sobre todo, la Unión Económica y Monetaria, es decir el euro, es la maquinaria que utiliza el gran capital para - a través de la Deuda - imponer a la clase obrera su programa de exterminio de derechos sociales y laborales y no puede ser eludida. Cualquier otro punto programático es radicalmente incompatible con la UE y por tanto una quimera dentro de ella.
Estos puntos definen hoy la línea de demarcación entre lo aceptable y lo inaceptable por el poder. La ambigüedad calculada de "Podemos" seguramente se debe a sus vínculos con sectores de IU y al apoyo de importantes medios de comunicación. Ambos son poderosos y apuntan en la misma dirección: cambiar las formas para conectar con la calle mientras se contiene la tempestad dentro de los límites del sistema. Curiosamente ambos contribuyeron a la criminalización - ahora hace 5 años - de otra candidatura de izquierdas a las elecciones europeas. Era muy modesta, pero no la controlaban: Iniciativa Internacionalista.
Mientras tanto, en el insoslayable mar de fondo de la enorme crisis capitalista y de sus gravísimas consecuencias para el pueblo trabajador, los avances concretos en la construcción de su poder -antes y después de "Podemos" - y el paso de la indignación a la ofensiva, como ha demostrado Gamonal, son los que construyen el camino de la única forma posible: desde la independencia de clase.
31 de enero de 2014
Enlace a la versión en catalán de ambos textos
http://directa.cat/notici

miércoles, 29 de enero de 2014

ENTREVISTA A ARMA X: MI ENEMIGO ES EL CAPITALISMO Y TANTO PODEMOS COMO IU FORMAN PARTE( EN MAYOR O MENOR MEDIDA) DE ÉL




Rapero y de izquierdas.

1- PODEMOS ha conseguido acaparan gran parte del debate de la izquierda, sumando la nada despreciable cifra de 50.000 apoyos en apenas 24 horas ¿Qué te parece el fenómeno PODEMOS?
Pues un fenómeno más mediático que otra cosa, una moda, un hype. Unos señores que han aprovechado su tirón televisivo y discurso populista para pillar su trozo de la tarta (o a lo mejor soy muy malpensado y lo hacen para arreglar el país) de una manera u otra no creo que dure mucho; al fin y al cabo, al votante medio español ya se la sudan todos.
Si partes de que quieres hacer algo diferente, usar las técnicas de los que lo llevan haciendo igual hasta ahora no me parece una buena manera de empezar.
Una cosa es analizar a la política y a los políticos desde tu tribuna tertuliana y otra muy distinta, pretender cambiar el funcionamiento de un sistema capitalista cuando ya has dejado claro que pactarías con otras formaciones que perpetúan este statu quo .
No pretenden ser más que un parche, hay un dicho que viene al pelo en este tipo de situaciones, “la gente no quiere la libertad, sólo un amo más justo”; es algo totalmente extrapolable a esta situación. Respuestas fáciles, de gurú televisivo o psicoanalista barato, mucho más cómodo ofrecer un voto y seguir con tu vida normal que enfrentarte al problema de verdad y solucionarlo codo con codo junto con los de tu clase.
A parte todo el tema del trato a los presos políticos del pc(r) y grapo en la tuerka nos ha enseñado el verdadero rostro del portavoz de PODEMOS; un tipo con un pico de oro, mucha teoría, pero que no aspira a más que a conseguir un estado de bienestar socialdemócrata, que seguro; a muchos les parecerá bien, pero a mí; como marxista leninista, me causa la misma aversión que el programa del Psoe.
El hecho de que aparezcan tras una ingeniería social como lo fue el 15M y toda la milonga de las primaveras árabes me hace desconfiar, creo que nos intentan vender a los mismos perros con distintos collares.
Si me tuviese que fiar de alguien en una situación como esta, sería de alguien que hubiese estado en alguna lucha de verdad, de alguien no liberado, vamos de alguien que no lleve toda la vida chupando del bote del sistema por decírtelo de otra manera.
2- ¿Apoyarías a PODEMOS o IU para detener el avance de la derecha?
No, llámame clásico, o incluso trasnochado si quieres; como marxista leninista mi enemigo es el capitalismo y tanto PODEMOS como IU forman parte (en mayor o menor medida) de él.
3- Se acusa a PODEMOS de ser una formación trotskista, una marca blanca de IZAN, pero también es cierto que en la lista de apoyos a su manifiesto aparecen más personas. Nos gustaría saber qué opinión te merecen:
-.Juan Carlos Monedero: Un socialdemócrata más, con todas sus cosas buenas y malas. De los que rajan de la URSS, pero bien que les gustan las mejoras sociales derivadas directamente de ellos en otros países.
-.Santiago Alba Rico: Lo tenía que haber dejado después de la bola de cristal, Santiago; tu antes molabas.
-.Cándido González Carnero: Lo conozco personalmente y me parece buena gente, le putearon bien desde el PSOE por todo el asunto de naval, por eso no entiendo su estrategia de apoyo a un proyecto parecido, pero en pequeño.
-.Íñigo Errejón: Lo he visto alguna vez en la tuerka y le daba bastante caña al PSOE, si de verdad piensa así, no veo lógico su movimiento con PODEMOS (nótese el sarcasmo).
-.Miguel Urbán. Un trotskista más, en política tienden a ser como los camisas rojas de Star Trek o los soldados imperiales de La Guerra de las Galaxias, mueren a mitad de película y no tienen puntería.
4- En el programa de PODEMOS faltan conceptos tan básicos como República o Socialismo. ¿Te parece un buen comienzo para un proyecto que se quiera definir como anticapitalista?
No, está claro que no. Como os decía arriba me parecen, siendo generoso, un parche a la situación que vivimos, que no es para nada excepcional, es capitalismo en estado puro, una fase que nuestra generación quizás no había visto de manera tan descarada, pero; para nada, desconocida en los análisis de Marx.

5- El otro día NEGA (LCMD) aseguraba que “intentar confluir con las masas y recibir su apoyo enarbolando banderas con hoces y martillos y pancartas con la cara de Stalin, me causa simpatía pero es una estrategia errónea” ¿Qué opinas?
Como os imaginareis a estas alturas de la entrevista, mi opinión es totalmente contraria. La Contrapropaganda capitalista y revisionista se ha encargado muy bien de quitarle méritos a alguien tan clave para el socialismo soviético y la paz mundial (recordemos que la segunda guerra mundial no se ganó en el desembarco de Normandía, si no en Stalingrado) como lo fue el camarada Iosif Stalin y no creo que sea plan para alguien que se considere M-L el ayudar a esta campaña de calumnias y negación de la realidad.
Tiendo a juzgar a la gente por lo que hace y no por lo que dice que hace. La estrategia tampoco es pretender iniciar a la gente en el marxismo leninismo recomendando libros de Chomsky, por ejemplo.
No se, yo estas cosas del glamour, la cultura pop y la política todo mezclado nunca las he entendido muy bien, cada vez me apetece menos el seguir haciendo música tan politizada, sólo por el mero hecho del mamoneo que hay en el mundillo.
Obviamente, alguien con tanto público como Nega podría hacer mucho más por la causa y está claro que no lo hace, o a lo mejor alcanza a esas masas por, precisamente, rebajar el discurso hasta un nivel tolerable por la izquierda más descafeinada. Por ponerte un ejemplo en las Juventudes Socialistas asturianas estas navidades el regalo estrella del día del amigo invisible fue el libro que tiene a pachas con Pablo Iglesias. Supongo que el tiempo dirá si esto es algún tipo de estrategia o se la está colando a todo el mundo.
Y como apunte final, no dejamos de ser músicos, gente en el mundo del espectáculo, nuestra opinión es nuestra y nada más. Siempre he sido muy contrario al fenómeno fan y si ya nos metemos en política la cosa puede salirse de madre, el voto (en teoría) es el mayor logro de esta “democracia” y no debería estar ligado a lo que fulanito o menganito (por ser famosos) digan.
6- Está claro que España no es Grecia, pero parece que mientras se avanza en la creación de la Syriza española, la reconstrucción del Partidos Comunista sigue en pañales. ¿Qué valoración haces del movimiento comunista en España?
Las cúpulas en general están podridas, entiendo el camino electoralista como el primero de varios pasos para consolidar un estado socialista, pero aquí parece que es el único, da la impresión que se aspira a poder pactar y calentar un sillón. Dentro de la legalidad hay que tragar con muchas cosas que son contrarias a nuestros ideales, cosas que ; repito, si forman parte de una estrategia puedo entender, pero no se hasta que punto es esa la idea que tienen. Lo que está claro es que una lucha consecuente y “a la vieja usanza” conlleva la criminalización; ejemplos como el PC(R) están ahí para dar fe.
7-El PCPE sacó 15,000 votos en las europeas de 2010, ¿Piensas qué es una alternativa real?
Hablando en términos exclusivamente electoralistas (como te dije antes) no,
8- Ante la situación de la izquierda revolucionaria ¿Cómo verías la conformación de un frente electoral revolucionario para las europeas? ¿Quién podría ser un buen candidato?
Veo la entrada a la unión europea como un error, con lo que no me parece lógico presentar a nadie a un cargo que está más que claro es un cementerio de elefantes.

9- En breves palabras que opinión te merece:
-. Rajoy: Uno más, parece más tonto que los otros presidentes que ha tenido el estado español.
-. Cospedal Derecha católica de libro.
-. Rubalcaba: jiji jaja
-. Cayo Lara: El “republicano” que da la mano al rey, otro a chupar del bote.
-. José Luis Centella: Un secretario general de broma para un partido que los carrillistas se encargaron en convertir en una burla, los militantes del PCE deberían plantearse muy seriamente purgar la cúpula ya.
-.Gaspar Llamazares: Coleguita del superjuez, sólo por el título de su último libro debería de tomarse unas vacaciones de por vida en Benidorm por voluntad propia o en Siberia por voluntad popular .
-.Sabino Cuadra: Ahí está, en el circo romano de diputados, les mete caña y eso, pero… ¿Realmente se cambia algo así o sólo se hace creer que sí?
-David Fernández: Un poco lo mismo que con Sabino, cambiar según que cosas desde dentro lo veo tan cuesta arriba….
-. Carmelo Suárez: Yo lo de presentarse a las europeas no lo veo.
–.Diego Cañamero: Un luchador al que le intentan dar más responsabilidades de las que es capaz de soportar, me parece más honesto que toda la gente de la que hemos estado hablando hasta ahora, pero no lo sacaría de su labor sindical.
-.Toxo y Méndez: Otros dos más que viven de los trabajadores que se supone defienden.
10- ¿Cómo se encuentran las cuencas mineras? ¿Volverá la lucha?
Viviendo una mal llamada reconversión que no pasa de la desmantelación de toda la estructura industrial con todos los ghettos tanto demográficos como mentales que eso conlleva, algún foco de lucha aún es posible, pero el soma fia ugt y ccoo se han encargado muy bien de que no pase de algo anecdótico.
11- ¿Para cuándo la revolución?
Para cuando nuestra labor se haga material, cuando no sea la televisión la que nos dicte pautas y “lideres”, la idiosincrasia del este país es muy complicada y la estrategia a seguir, para mí, aún es desconocida.
Cuando hagamos saber a la clase trabajadora que ellos tienen la sartén por el mango y que un estado no capitalista no es el infierno que a diario les dicen que es en todos los medios de comunicación podremos empezar con ella.
Pasito a pasito.
12- ¿Y vuestro próximo disco?
Pues en cosa de un mes estará en la calle lo nuevo de Factor Canadá y dependiendo de cuando publiquéis la entrevista quizás ya haya un adelanto en formato vídeo en la red.

lamanchaobrera

viernes, 24 de enero de 2014

LOS MARXISTAS MEDIÁTICOS Y LOS MARXISTAS ORTODOXOS


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Si algún mérito hay que reconocerle al proyecto “podemos” es lo mucho que ha dado que hablar en los últimos días. Era de esperar, desde que Pablo Iglesias anunciara en la Sexta sus planes para intentar un “proceso de unidad”, que no tardarían en alcanzar la modesta cifra de 50.000 firmas. La televisión tiene un poder asombroso, hasta el punto de que el proyecto “podemos” ya se aproxima en número de seguidores en facebook al perfil de Belén Esteban, y aunque este dato objetivo no es ningún indicativo que garantice una victoria electoral, no es muy descabellado imaginarse al “coletas” colándose en el Europarlamento, con o sin la ayuda de Izquierda Unida.

Lo cierto es que el hartazgo popular frente al bipartidismo ha sido determinante para que buena parte de la izquierda más clasemediera abrace con un entusiasmo desmesurado la iniciativa de Izquierda Anticapitalista que el profesor Pablo Iglesias, (representándose a sí mismo), encabeza. No debemos culpar a esta izquierda desideologizada por no hacer demasiadas preguntas o porque le importe tres pimientos el contenido teórico y programático del proyecto, más allá de las declaradas buenas intenciones por recuperar la democracia y la soberanía, (como si alguna vez hubiéramos tenido algo de eso). De hecho, si hay que culpar a alguien de que la izquierda no haya avanzado hacia posiciones revolucionarias es justamente a los propios revolucionarios, que en las últimas décadas no hemos sido capaces de construir la herramienta más importante y necesaria para este avance: La organización revolucionaria.

Habrá quien pueda pensar que arrogarse la condición de revolucionario a sí mismo, (o a su organización), es algo soberbio, y mucho más sentenciar si este o aquél proyecto político es o no es revolucionario, pero lo cierto es que desde hace más de un siglo existe toda una serie de obras teóricas en torno a la práctica revolucionaria, que han servido a la humanidad para guiar y materializar revoluciones por todo el planeta. Esta teoría revolucionaria no es otra que el marxismo-leninismo, y esta es una realidad histórica objetiva sobre la que los comunistas debemos insistir, sobre todo en estos tiempos en que los “marxistas mediáticos” tratan de echar por tierra toda la experiencia histórica que han supuesto las revoluciones socialistas, (incluidas las del este), y sobre las cuales hoy podemos asegurar, con todos sus errores y pese a quien le pese, que han sido muy superiores, (también moralmente), a cualquier otro modelo político-económico conocido anteriormente.

Me van a disculpar los amigos que hace poco me recomendaron leer las conversaciones entre Pablo Iglesias y Nega. Seguro que son muy entretenidas pero prefiero mantener el “Qué hacer” como libro de cabecera. Parece mentira que, a 90 años de la muerte de Lenin, los “marxistas mediáticos” den tan poca importancia a la obra teórica del hombre que dirigió la primera revolución proletaria victoriosa en la historia.

Es evidente la necesidad de una política de alianzas para lograr algunos de los objetivos democráticos que plantea el proyecto “podemos”, pero si Lenin nos advertía acerca de la importancia de no hacer concesiones teóricas ni de principios en este sentido, los “marxistas mediáticos” las hacen ¡incluso antes de consolidar esta alianza! Algunos de estos marxistas mediáticos, como Santiago Alba Rico, vienen diciendo que su apoyo a la candidatura “podemos” se debe a la situación de urgencia que supone el malestar social, pero dejando claro un par de interesantes apuntes, y es que “Si hubiera una firme conciencia de clase, un potente movimiento de masas y un partido capaz de catalizar todo el malestar social, Podemos sería un atentado a la unidad y un obstáculo para el triunfo revolucionario”, ¿debemos llegar a la conclusión de que, a falta de todo eso, la candidatura “podemos” es la mejor herramienta para lograr el triunfo revolucionario?.

Por supuesto, no existe en la actualidad un partido capaz de semejante tarea, ¿no deberían los revolucionarios entonces ponerse de inmediato a construirlo? Esa es otra de las premisas que señalaba Lenin y sobre la que ninguno de estos “marxistas mediáticos” parece hacer ni puñetero caso. Lenin planteaba que “la primera y más urgente tarea práctica es crear una organización de revolucionarios capaz de dar a la lucha política, energía, firmeza y continuidad”, ¿Qué es lo que en su lugar plantean los “marxistas mediáticos”? Nos dicen que, aún sin la organización revolucionaria, debemos caminar urgentemente hacia una alianza con los reformistas, ¡y todo por la causa del triunfo revolucionario!

De nuevo, “nuestro pecado capital consiste en rebajar nuestras tareas políticas de organización a nivel de los intereses inmediatos”. Si Lenin planteaba esto frente al economicismo hace más de un siglo, hoy debemos aplicar la misma teoría frente al electoralismo y el oportunismo, que plantea la urgencia de llegar a las instituciones burguesas, a cualquier precio y de la mano de quien sea, aún en las condiciones de debilidad absoluta en que se encuentran los destacamentos revolucionarios, como se ha dicho, sin una organización política fuerte y firme. Santiago Alba Rico se lamenta de la falta de conciencia de clase, pero es poco probable que el discurso ciudadanista que abanderan los “marxistas mediáticos” y la candidatura “podemos” vaya a ayudar mucho a potenciar esa conciencia.

Claro, ocurre que cuando un marxista plantea este tipo de cuestiones, que forman parte de la teoría más elemental para cualquier comunista, enseguida hay un “marxista mediático”, (o algún discípulo), preparado para colgarle el san Benito de la “ortodoxia marxista-leninista”. Señores, ¿acaso quieren hacernos creer que ustedes son marxistas-leninistas no ortodoxos? Por favor, expliquen este concepto porque inevitablemente llegaremos a la conclusión de que ustedes no son marxistas-leninistas, simple y llanamente. Y no pasa absolutamente nada por no ser marxista-leninista, podremos coincidir en algunas barricadas, pero no traten de hacer pasar el reformismo bernsteiniano de toda la vida por marxismo.

En los últimos días he leído unos cuantos artículos en defensa del proyecto “podemos”, en los que se han tratado de ridiculizar a quienes, desde una perspectiva revolucionaria, planteábamos nuestra oposición al mismo. Se ha dicho incluso, (miserablemente, por cierto), que quienes no apoyamos esta iniciativa es porque no empatizamos con el sufrimiento de la gente que sufre la crisis económica. Se nos ha llamado sectarios, agoreros, zancadilleros, automarginales y un sinfín de adjetivos más.

Me han sorprendido especialmente las declaraciones del rapero Nega (LCDM), que planteaba en un artículo el dilema de que “a veces hay que elegir entre reforma o revolución o entre reforma y la nada”, la cuestión es que, aquello de la realpolitik de la que tanto se habla últimamente, nos lleva a pensar que este dilema se traduce en la práctica en elegir entre la nada o Izquierda Unida, y lo cierto es que algunos comunistas consideramos que la nada nos ofrece más posibilidades revolucionarias que las reformas en manos de los reformistas. Algunos consideramos que la lucha teórica de la que hablaba Lenin sigue siendo una tarea de primer orden para hacer avanzar a la izquierda hacia posiciones revolucionarias. No es una cuestión de esquizofrenia ni una caza de brujas. Imaginaros por un momento que Rosa Luxemburgo le hubiera preguntado a Karl Liebknecht ¿Para cuándo la revolución, Karl? y éste hubiera contestado: ¡para cuando algunas dejen de meterse con Bernstein! Hubiera sido una gran pérdida teórica si Luxemburgo no hubiera enfrentado las teorías oportunistas y claudicantes de Bernstein que hoy vuelven a reeditar estos “marxistas mediáticos”.

“Mientras el conocimiento teórico siga siendo el privilegio de un puñado de “académicos”, el partido correrá el riesgo de extraviarse. Únicamente cuando las amplias masas trabajadoras empuñen el arma afilada y eficaz del socialismo científico habrán naufragado todas las inclinaciones pequeño-burguesas, todas las corrientes oportunistas. Entonces será cuando el movimiento se asiente sobre bases firmes.”
Rosa Luxemburgo

jueves, 23 de enero de 2014

SOBRE "PODEMOS"

23.01.2014


Carlos Taibo

1. Recibo estos días muchos mensajes, y muchas llamadas de amigos, que recaban mi opinión sobre ‘Podemos’. Prefiero expresarla aquí, en público, desde el respeto por la propuesta correspondiente. Y es que en ‘Podemos’ no faltan las personas que, con una larga trayectoria de lucha, merecen ese respeto, que aquí se expresa --o quiere hacerlo-- tan lejos de la alabanza aduladora como de la crítica descortés.

2. Empezaré diciendo lo que muchos saben y lo que para otros es, sin más, irrelevante: no siento ningún interés por elecciones, parlamentos e instituciones. Y me veo obligado a certificar que ‘Podemos’, por muy iconoclastas que sean sus propósitos y muy amplios que sean sus objetivos, se vincula expresamente con todo ello. Lo hace, por añadidura, a través de la intuición, desafortunadísima, de que son los líderes los que dan sentido a los proyectos. Su momento de formalización obliga a recordar, en fin, que a algunos nos parecen poco estimulantes las iniciativas que surgen en la proximidad de unas elecciones. En ese escenario ratifico mi compromiso franco con la organización desde abajo, desde la autogestión, desde la democracia y la acción directas, desde el apoyo mutuo y desde la desmercantilización. Somos muchos --conviene subrayarlo-- los que no estamos en la pelea electoral. Y bastantes los que no dejamos de sorprendernos ante las ilusiones que personas respetables depositan, digan lo que digan, en aquélla.

3. No tengo claro qué es ‘Podemos’: si una propuesta de método para solventar los problemas vinculados con unas elecciones o el cimiento de un cambio mucho más ambicioso. Intuyo, por lógica, que se trata de una combinación de ambas cosas, sin que, dicho sea de paso, la condición democrático-asamblearia de la segunda me parezca comprobable. En el estadio actual, de cualquier modo, no existe la posibilidad de juzgar un programa preciso, toda vez que el manifiesto difundido no tiene la condición de tal. Por ello no me queda otra que avisar, aventureramente, sobre lo que intuyo que está llamado a nacer de aquí y de imaginables derivas posteriores. Lo digo de otra forma: me sorprendería mucho que ‘Podemos’ se haya sacudido los vicios de análisis que arrastran por igual la izquierda que vive en las instituciones y la que dice querer romper con el régimen.

4. Algunos de los promotores de ‘Podemos’ nunca han empleado la palabra autogestión. Sus adhesiones de siempre beben de la idea, pregonada por la socialdemocracia y el sindicalismo de pacto, de que el Estado es una institución que nos protege (o al menos de que tal debe ser su condición). Así las cosas, el grueso de las propuestas que les conozco no rompe el molde keynesiano y hace uso inocultado de las herramientas de siempre --entre ellas la jerarquía y la separación-- de la socialdemocracia recién mentada. No deja de producirme desasosiego comprobar cómo muchas personas que declaran rechazar de forma radical lo que significa la socialdemocracia engullen ésta a toda prisa cuando aparece ataviada con colores festivos aparentemente rupturistas y subversivos.

5. A mi entender, y en relación con todo esto, nada es más absurdo que la pretensión de regresar a 2007 para reconstruir en plenitud nuestros maltrechos Estados del bienestar. Y nada es más urgente que asumir una crítica consecuente de lo que éstos suponen. No se trata, en otras palabras, de salir de la crisis o del régimen: frente a las gestiones cortoplacistas de la primera, se trata de salir, y con urgencia, del capitalismo. Tampoco veo, por cierto, qué aporta, si le damos a la palabra emancipación un sentido serio, la defensa de la república --española, cabe suponer--, uno de los grandes mitos de la izquierda tradicional que prefiere ignorar que la propuesta correspondiente está en el guión del propio régimen y ya ha dado sus frutos, todos podridos, en Portugal, en Francia o en Italia. No acierto a apreciar, por lo demás, qué efecto de suma de voluntades acarrea la propuesta republicana.

6. Bien está que dispensemos la atención debida a la deuda y a los recortes. Pero, cuando hablo de la necesidad de otorgar a la autogestión un relieve decisivo me importa subrayar que no estoy pensando en viejas trifulcas del pasado. Lo estoy haciendo, antes bien, en la corrosión terminal del capitalismo, en la inmediatez del colapso y en las urgencias consiguientes. He escuchado estos días en labios de portavoces de ‘Podemos’ declaraciones, muy desafortunadas, de inocultado carácter productivista y desarrollista. No he oído hablar, en cambio --acaso he tenido mala suerte--, de centros sociales autogestionados, espacios de autonomía o cooperativas integrales. Si, como suele suceder, el proyecto que nace le da la espalda a discusiones ineludibles sobre la tecnología y la civilización industrial, sobre la desurbanización y la descomplejización de nuestras sociedades, o sobre el decrecimiento, motivos sobrados habrá para poner en cuestión su voluntad de ruptura con respecto a la miseria imperante. Aguardemos, y esperemos que vínculos con las instituciones y pactos con los iguales no hagan de ‘Podemos’ lo mismo que han acabado por hacer con tantos proyectos aparentemente rompedores.

7. Me ha parecido entender que ‘Podemos’ ha recibido un apoyo muy apreciable en la Red. Lo interpreto conforme a dos claves. Si la una es el designio, que asiste a tantos, de desnudar muchas de las carencias de la izquierda que participa en las instituciones, la otra tiene un evidente carácter de revuelta generacional. No puedo dejar de repetir que esos dos propósitos, respetabilísimos, cobran cuerpo en relación con una materia precisa, las próximas elecciones al parlamento de la UE, que a mi entender difumina su rigor. Otro tanto ocurre, desde mi punto de vista, con la condición aberrantemente personalista de la apuesta inicial. Algunas declaraciones que he escuchado o leído me han producido sonrojo. Tanto más cuanto que con frecuencia los portavoces de ‘Podemos’ se reclaman de un movimiento, el 15-M, que rechazó orgullosamente liderazgos y personalismos. Digo lo mismo del empleo, franco, de medios de comunicación que obligan a desplegar todas las cautelas. Y muestro al cabo mi perplejidad ante el hecho de que hasta donde llega mi conocimiento todo esto no provoque, dentro de ‘Podemos’, mayores controversias, como si fuese una discusión menor. Por momentos me ha parecido que acaso el nombre más adecuado para la nueva plataforma sería, más bien, ‘Posamos’.

8. Me parece llamativo que las diatribas más frecuentes, y más airadas, lanzadas contra ‘Podemos’ hayan nacido, en suma, del supuesto dinamitado que la iniciativa habría provocado en lo que se refiere a la “unidad de la izquierda”. Ni entro ni salgo en ello. Y no lo hago por cuanto me parece que todo el mundo juega las mismas cartas, de tal suerte que, puestos a cuestionar, habría que volcar la mirada en todas partes. Esto al margen, me da que la unidad que tienen en mente algunos de los detractores de la nueva plataforma, como algunos de los defensores de ésta, remite a la búsqueda de un mínimo común denominador que recuerda poderosamente a la miseria que hoy arrastramos. Me sorprenden, aun así, las críticas vertidas desde ‘Podemos’ a IU, y no porque disienta de ellas --tal vez mencionan demasiadas veces los pactos que la burocracia de la coalición de izquierdas mantiene con el PSOE y olvidan con frecuencia su relación, lamentable, con las cúpulas de CCOO y UGT, que vivirían, según el manifiesto fundacional de los que dicen poder, en el “desconcierto” (delicioso eufemismo éste)--, sino por una razón más prosaica: muchos de quienes enuncian tales críticas han trabajado años en IU. Parece que han sido un poco lentos a la hora de calibrar las dobleces de esta última.

9. Hace cien años Ricardo Mella escribió un sonado artículo en el que, en sustancia, venía a decir lo que sigue: votad lo que estiméis conveniente la jornada de las elecciones, o absteneos, pero no olvidéis nunca que lo principal es lo que hacéis, con vuestra lucha, los 364 días restantes del año. Leí ayer un comentario de alguien que afirmaba que muchos de quienes critican a ‘Podemos’ se caracterizan en esencia por no hacer nada. Es muy probable que sea así. Pero prestemos atención también a otra posibilidad: la de que muchos de quienes respaldan a ‘Podemos’ se cuenten entre esos aventajados usuarios de Facebook que le dan, valientes, al ‘me gusta’ y acuden presurosos a votar el día de las elecciones sin que sepamos nada más de ellos los 364 restantes días del año. Ése no es, claro, un problema de ‘Podemos’: lo es de todos.

10. Acabo. No nos queda otra posibilidad que aguardar noticias. No sin antes augurar, claro, que no es oro todo lo que reluce y que parece fácil intuir cuáles son las sorpresas que se avecinan. Mientras espero, anoto aquí el lema que hizo suyo, en Francia, una vieja r